Irene Puyada: “El sistema educativo premia la memoria y un niño que saca un 6 se siente fracasado”
Lo tiene claro. Para iniciar una aventura empresarial hace falta una chispa. Si no, mejor no dar el salto al vacío.


Actualizado el 18/01/2018 a las 17:07
Irene Puyada Berraondo (Pamplona, 30 de marzo de 1970) acaba de ser distinguida como la ‘Mejor Empresaria Navarra’ de 2017. Es un premio que otorga AMEDNA (Asociación de Mujeres Empresarias y Directivas de Navarra) y que en este caso reconoce una trayectoria profesional que arrancó hace más de dos décadas. Aunque su padre, natural de Ciga, poseía un negocio de vinos y licores, a ella no le atraía ese camino. Estudió farmacia y en el último año de carrera eligió la rama industrial porque el gusanillo de la empresa le cosquilleaba. Por aquellos días conoció al odontólogo Luis Felipe Rivas, con el que acabó casándose. “Hasta tal punto me apasionó el asunto de la odontología que incluso me planteé volver a estudiar”, recuerda. Sin embargo, lo que hizo junto a su marido fue crear el Grupo Sannas, bajo cuyo paraguas se dan la mano hoy en Nuevo Artica una clínica de tratamientos odontológicos y de medicina estética facial; un laboratorio protésico (Dentiruña); un centro de ecografía, resonancia, densitometría ósea y consulta médica de traumatología y radiología (Médicis); y un centro de medicina hiperbárica (Oxien). Puyada es, además, una apasionada de la historia y se ha leído biografías como las de Santa Teresa de Jesús y la reina Isabel II. Si algo rechaza es el éxito rápido. “El esfuerzo y el sacrificio son la sal de todo”, concluye.
Las salas de los dentistas no despiertan mucha ilusión. ¿Lo suyo fue al revés?
Pues sí, en mi caso me gustó muchísimo. Empecé conociendo desde muy abajo lo que es una clínica dental. Ayudaba en la esterilización, como auxiliar... La clínica dental de mi marido era muy humilde, en un pisito de San Jorge, peroluego fuimos adquiriendo un volumen de pacientes importante hasta que decidimos plantearnos un cambio.
¿Qué cambio?
¿Por qué no irnos a una bajera? Lo que hoy resulta habitual, clínicas dentales a pie de calle, era nuevo a mediados de los noventa. Fue nuestro primer reto y salió bien. Pero quedaba otra decisión más importante. Apostar por una clínica familiar, sin mucho rigor, o por una empresa. Y decidimos hacer las cosas bien, como una empresa.
¿Y tuvo claro desde el principio que quería vincular su vida laboral a la de su pareja?
Para nada. Al principio yo ayudaba en la clínica, pero no quería trabajar con mi marido. Él me decía que fuera a trabajar con él, pero a mí me daba miedo llevar la vida laboral y familiar juntos. Creía que no íbamos a poder. Pero insistió en que me necesitaba y que teníamos que hacer un proyecto en común. El se encargó de la parte odontológica y yo, de la gestión. Lo primero que abordé fue la informatización porque por aquel entonces muy pocas clínicas, por no decirle casi ninguna, estaban con la informática.
Sepa que Mikel Beroiz, presidente de los jóvenes empresarios de Europa, apuntó en un entrevista que los empresarios nacidos antes del 75 son analógicos y con poco interés por las nuevas tecnologías. ¿Se ve reflejada?
Una cosa es que yo sea de esa generación (ríe), pero te tienes que poner al día quieras que no y eso incluye formarse. En el sector en el que estoy la tecnología es vital y la innovación va muchas veces ligada a ella. Ahora innovamos mucho con el diseño en 3+D, yo no tengo que ocuparme de ello, pero debo conocer hacia donde va el mercado y la tecnología
¿Tuvieron que llamar a la puerta de muchos bancos para empezar?
Más que a nivel de financiación, las dificultades de enfocar nuestra actividad como una empresa vinieron del cambio que supuso estructurar la clínica como una empresa, con su área clínica y sus departamentos de compras, de recursos humanos, calidad... Fuimos la primera clínica en certificarnos con Aenor y aquello fue el punto de partida para empezar después con el departamento de I+D+i.
¿Y han alcanzado su techo o se plantean expandirse a otras zonas?
No. Tenemos claro que somos una pyme, que queremos estar en Navarra, que nos gusta mucho el detalle y estar a pie del trabajo. No nos vemos con franquicia.
Ya que las cita, el repentino cierre de algunas franquicias de clínicas dentales ha dejado a miles de pacientes sin dinero y sin tratamiento. ¿Cómo afecta lo ocurrido al sector?
Creo que el nacimiento de estas franquicias ha servido para ‘democratizar’ un poco el servicio de odontología. Por esa parte tiene un aspecto positivo. Pero, a mi modo de ver, se ha hecho a menudo desde un punto de vista muy mercantilista. Una clínica tiene que tener una vocación sanitaria donde lo más importante sea el paciente. Es en este aspecto, también en la innovación, los materiales y la especialización de los profesionales, en el que nosotros nos queremos diferenciar de las franquicias.
¿Recomienda a los usuarios que no paguen nunca los servicios por adelantado?
Todo depende del prestigio de esa clínica, de la seriedad, rigor y experiencia. Siendo así, uno puede pagar como quiera.
¿Ustedes cobran por adelantado?
No, además facilitamos las formas de pago.
CONCILIACIÓN, COSA DE DOS
¿A las dificultades que tiene el emprendimiento hubo que añadir la de ser mujer?
El mundo de la empresa es totalmente de hombres. Ahora las mujeres estamos más presentes en las universidades, en la vida laboral, pero creo que la sociedad, a pesar de los cambios, aún es un poco machista. Las mujeres apenas ocupan aún el 4% de las presidencias de los Consejos de Administración de las empresas españolas. En algunos sectores se producen variaciones de hasta el 30% entre los sueldos masculinos y femeninos. Son demostraciones de lo mucho que queda aún por cambiar.
¿Influye en que haya menos mujeres empresarias el hecho de que se sientan más obligadas a conciliar que sus parejas?
A mí me parece que es un tema vital. Estamos acostumbrados a que la conciliación sea siempre por parte de la mujer. Es un terreno en el que tenemos que cambiar mucho. También hay un factor que me parece relevante, no lo voy a negar, y es que la mujer tiene más miedo a arriesgar. Las mujeres por la idiosincracia de ser mujeres tendemos a tener todo muy controlado, a que nada nos sobrepase, y cuando eres emprendedora tienes que asumir un cierto riesgo.
¿Cómo han conciliado con cinco hijos?
Para mí es vital conseguir una pareja adecuada, donde ambos creemos en un proyecto común y donde la realización profesional entra en ese proyecto común. Para mí es vital que mi marido me ayude, me apoye, igual que yo le puedo ayudar a él para que en su carrera profesional también brille. Con cinco hijos de entre 12 y 21 años también es vital involucrarlos. Trabajamos en equipo. Mi familia, mis hijos, saben en todo momento lo qué sucede, saben por qué mamá está más nerviosa, saben que tiene este proyecto, este viaje...
¿Cómo es la agenda de un día cualquiera de una mujer empresaria?
Me levanto a las siete menos cuarto o siete. Desayunamos en familia, hablamos del día, de los exámenes, de si tengo una reunión importante... “Rezad chicos -les digo- para que esté inspirada”. Hablo con la señora que viene en casa para organizarnos. Hay tres días que saco tiempo para hacer deporte. Para las nueve y cuarto estoy en el trabajo y allí me vuelco. Me quedo a comer en el trabajo y hay días que se prolonga mi jornada hasta las ocho de la tarde, pero otros me puedo ir para las cinco y media o seis y compartir con mis hijos ese tiempo.
Algunos economistas empiezan a hablar de que en España existe una ‘burbuja del emprendimiento’. ¿Cree que se han inflado las expectativas de muchas nuevas empresas y que esa burbuja va a pinchar?
Frente al desempleo que ha generado esta crisis había una esperanza en que la salida sería el autoempleo. E incluso se creó una tarifa plana para fomentar el empleo autónomo. Sin embargo, la estadística indica que en este período han disminuido a más de la mitad las altas de autónomos en la Seguridad Social. Las cifras de emprendimiento en España son muy pobres, inferiores a las de otros países europeos y, por supuesto, a las de Estados Unidos.
¿Y no cree que medidas como la tarifa plana también empujan al ruedo del emprendimiento a desempleados que quizás no están capacitados para ello?
No cabe duda de que hay que tener un cierto espíritu y que este hay que fomentarlo desde la Educación más temprana.
¿Piensa que somos menos emprendedores porque el sistema educativo no nos prepara suficientemente para ello?
Sin ninguna duda. Nuestra Educación premia sólo el aprendizaje memorístico, a aquellos alumnos que sacan nueves o dieces. Sacar un seis o un siete es un fracaso. Y los niños ya se sienten fracasados desde tempranas edades. La inteligencia creativa, los sueños, la posibilidad de explicar esos sueños ante un público que te respete carece de importancia. Veo que hay que cambiar el actual sistema educativo.
¿Venden los medios de comunicación una imagen distorsionada del emprendimiento porque cuentan más los éxitos que los fracasos?
Pero es que de los fracasos también se aprende. En EE UU, un empresario es una persona importante, alguien que ha fracasado y que de ese fracaso ha aprendido y ahora tiene un recorrido. Aquí, si una persona cierra su empresa o no ha tenido éxito se ve como un fracaso que lo va a marcar para siempre, una pena.
Si la pérdida económica y las deudas con los bancos son importantes seguro que le marca... ¿No cree?
Por eso las personas que tenemos la chispa del emprendimiento tenemos que aliarnos con personas que conocen ese camino, que pueden ayudarnos a hacer un plan de viabilidad correcto, una cuenta de explotación adecuada... Hay que tener claro también el tiempo y el dinero que podemos perder y no pasar de esa línea. Las universidades, las administraciones públicas, tienen el deber de ayudar y facilitar para que quienes empiezan afronten el riesgo con una mayor seguridad.
En Navarra se habla hoy de Davalor, una empresa en la que Sodena ha puesto más de dos millones de euros y cuya viabilidad está en entredicho. ¿Cómo se equilibra el apoyo público al emprendimiento y la responsabilidad sobre el gasto?
Lo que voy a decir es una apreciación muy personal , pero no sé si el estudio previo que se hizo en ese caso fue el adecuado. Creo que en cualquier proyecto hay que empezar poquito a poco y con una inversión comedida para poder echar a andar.
Como empresaria, ¿echa hoy algo de menos en el mercado laboral?
Sí. Echo en falta más compromiso de la sociedad y de los trabajadores con las empresas. Necesito dedicación, que las personas busquen soluciones y aporten flexibilidad, necesito conciliación familiar, tanto masculina como femenina, involucración, esfuerzo. Aunque no siempre guste oírlo, salir del círculo de confort y de comodidad que a veces tenemos todos.
¿Todo eso se premia con contratos temporales a tiempo parcial? Porque es una de las fórmulas en que se apoya el nuevo empleo.
Es cierto que a las empresas nos da miedo hacer un contrato indefinido de primeras. Pero en nuestra plantilla, salvo una persona, el resto son contratos fijos. Por eso pido a los trabajadores que se involucren ya que se realiza mucho esfuerzo en su formación. Si no puedes retener el talento estás asumiendo un riesgo.
¿Alguna queja sobre la fiscalidad?
Creo que no se puede tratar igual a la pyme que a la gran multinacional. Las pymes somos empresas familiares, pero también tenemos que ser competitivos, innovar, formar, invertir en tecnología. La mayor riqueza y empleo en España y en Navarra la aportan las pymes, no las grandes multinacionales. Y sin ir más lejos, en el País Vasco existe un mejor tratamiento fiscal para las pymes y su generación de empleo que en Navarra. Las pymes no podemos deslocalizarnos, pero deberían cuidarnos.
¿Un libro de cabecera? ‘Dime quién soy’ de Julia Navarro.
¿Un empresario de referencia? Amancio Ortega (Inditex)
¿Qué le relaja?. Una buena comida con mi familia, un buen vino, un concierto de música clásica...
¿Un reto para 2018? El inglés.
¿Un deporte? Voy a empezar con el nordic walking (caminata nórdica)
¿Un tema? Liderazgo, motivación...