Maneras de emprender
La joven pamplonesa que ha cambiado la biología por los tatuajes
Tras cuatro años trabajando como técnica de laboratorio, la pamplonesa Tania Irujo ha dado vida a un negocio como tatuadora


Actualizado el 27/09/2024 a las 23:03
Tras cuatro años estudiando Biología y otros tantos ejerciendo como técnica de laboratorio en el CNTA, en San Adrián, la vida tenía otros planes para la pamplonesa Tania Irujo Pérez (1996). Le gustaba dibujar, sí, pero ella se define más como una alumna de “las que ponen los apuntes bonitos” que de las que llenan el cuaderno de garabatos. Aun así, ha dado vida a un negocio en el que se pasa el día dibujando. Primero sobre una tablet, donde crea el diseño, y después sobre la piel, donde lo tatúa. Y lo hace desde el estudio del Casco Antiguo pamplonés Moshi Moshi. Muestra a través de Instagram y bajo el pseudónimo de @tanitatto_art.
Este giro inesperado de la vida llegó con la pandemia. “Por salud mental”, le dio por pintar cuadros. Pero fue el miedo a que la enfermedad afectara a sus seres queridos el que la orientó hacia el tatuaje. “Yo no tenía ninguno, pero recuerdo que pensé: si le pasa algo a mi abuela quiero tener un recuerdo, algo tatuado de ella antes”, rememora. Y se bautizó con tinta. Fue entonces cuando decidió intercambiar las acuarelas por su primera máquina para tatuar. Arrancó “pintando las naranjas y plátanos que tenía por casa”, sobre papel y piel sintética, y al cabo de un mes se lanzó a hacerlo sobre ella misma. Cuando le preguntamos por su tatuaje más especial nos habla de éste: ‘Por las primeras veces’, que lleva tatuado en el pie.
DEL LABORATORIO A LA TINTA
A partir de ahí, familiares, amigos y conocidos empezaron a llamar a su puerta. “A los seis meses de subir fotos de mis diseños a Instagram me escribieron de un estudio de Pamplona”, cuenta. Le decían que tenía potencial y que podría dedicarse a esto. “No quería dejar mi trabajo en el laboratorio por algo que no sabía si me iba a gustar”, explica. Pero le picó la curiosidad. Así que buscó algo que pudiese compaginar. “Me cogí una licencia sin sueldo dos meses y probé aquí. Con eso ya me bastó para dejarlo”, confiesa.
Desde entonces han pasado dos años y medio, ha perfeccionado su técnica y se ha hecho fiel a un estilo que le caracteriza: el trazo fino, limpio y sutil. Entiende el tatuaje como un diario en la piel. “Me lo tomo como una manera de expresarte, dentro de la elegancia y la delicadeza”, afirma. “Siempre digo que menos es más. Algunas personas llevan toda su vida en tatuajes y, en apariencia, no parecen estar súper tatuadas porque escogen diseños sutiles”, explica.
PARA TODAS LAS EDADES
Su afán por no dejar de “repartir tinta por el mundo” ha llevado a Tania a buscar nuevos caminos para tatuar fuera del estudio. Vio en redes sociales que otros artistas organizaban sesiones de tatuajes para bodas y se dijo: ¿por qué no?. Lo intentó escribiendo a varias wedding planners en Navarra, y este año no solo lo ha hecho con bodas, sino que también ha organizado eventos en torno al tatuaje, el vino y el turismo. “El concepto de tatuaje ha cambiado muchísimo y ha permitido este tipo de experiencias. Antes los tatuajes eran para un público específico, quizá un poco macarrilla, que buscaba diseños más bruscos. Ahora cada vez es más habitual que la gente busque algo fino, que es para todos los públicos”, afirma. Prueba de ello es que entre sus clientes no solo hay jóvenes. “En las bodas, por ejemplo, lo normal es que se tatúen los padres de los novios, e incluso los abuelos”, confiesa. Sin ir más lejos, ha plasmado tinta sobre su abuela de 86 años. “Al principio decía: si hubiese nacido unos años más tarde, me hubiera hecho uno. Y un día le dije: ¿y por qué no? Y le tatué las iniciales de sus nietos unidas”, recuerda con cariño.
Tania cree que para emprender hay que tener ganas e ilusión. “He pasado de estudiar cuatro años una carrera que no tiene nada que ver con este mundo a trabajar y estar aquí, y lo he hecho con ganas e ilusión”. “Y practicando, por supuesto”, añade. “También con mucha paciencia. Siempre van a surgir problemas que no vas a saber resolver en un primer momento. Todo es prueba y error”, dice. Cree que montar un negocio te da la parte positiva que implica ser tu propio jefe, y “organizarte tú el trabajo”, y la menos buena. “Tú te lo guisas y tú te lo comes, también para resolver los marrones y para hacer que tu negocio salga adelante”, termina.
DNI
Tania Irujo Pérez nació en Pamplona el 18 de abril de 1996. Estudió en el Colegio Público Ermitagaña, de ahí pasó al Navarro Villoslada y se licenció en Biología por la Universidad de Navarra. Sus padres son Ignacio Irujo y Ana María Pérez, y tiene un hermano que es cuatro años mayor, Cristian. Desde niña le ha gustado dibujar, aunque se define como la alumna a la que le gustaba más tener los apuntes bonitos que pintar.