Volkswagen
La caída de ventas en China acelera los planes para una profunda reestructuración en Europa
El aumento en la demanda de híbridos enchufables y eléctricos tras la pandemia ha provocado un fuerte retroceso en la cuota de mercado


Publicado el 04/11/2024 a las 05:00
No ha pasado ni un año desde que el máximo responsable de la marca Volkswagen, Thomas Schäfer, diera cuenta de unos resultados trimestrales del grupo que no anticipaban un horizonte desfavorable. El beneficio operativo había crecido un 34% entre enero y septiembre de 2023, la rentabilidad se situaba en el 4,9% y las ventas de coches crecían 9,4% con 4,8 millones de coches entregados. “Vamos por el buen camino”, afirmó entonces ante los medios, aunque añadió que iba a ser necesario “actuar con decisión” para mejorar los márgenes de rentabilidad.
Puertas adentro, la película no era tan halagüeña. El mismo Schäfer había comentado en una reunión interna celebrada tres meses antes, cuyo contenido acabó trascendiendo a la prensa, que se avecinaban “meses muy difíciles” y que el futuro de la marca “estaba en juego” si no se lograban ahorros por 10.000 millones en los próximos tres años. Aquellas palabras se interpretaron una estrategia de cara a la negociación con los sindicatos y que la sangre no iba a llegar al río. Prevalecieron los aparentemente buenos datos oficiales, al tiempo en que se confiaba en que la senda de ahorro de costes acabaría dando frutos sin grandes traumas, como siempre se habían hecho las cosas.
Esta convicción sufrió un duro revés el pasado 2 de septiembre, cuando el mayor grupo automovilístico europeo reconoció abiertamente que las cosas iban francamente mal, mucho peor de lo esperado. Tan oscuros eran los augurios, que incluso se planteaba por primera vez en la historia del grupo el cierre de fábricas en Alemania y el despido de miles de empleados. Esta vez, los sindicatos se tomaron más en serio el mensaje, aunque lo afrontaron pensando que era necesario adoptar una posición de fuerza. Tanto es así que, en la primera reunión con los responsables de la empresa, pusieron sobre la mesa un incremento salarial del 7%.
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PULSO CON LOS SINDICATOS
Quedaba claro que ambas partes estaban lejos de sintonizar y que la dirección de Volkswagen no lograba trasladar a sus interlocutores la urgencia del momento. Sin embargo, algo ha cambiado después de las últimas reuniones entre empresa y sindicatos. La parte social ha difundido entre la plantilla que los responsables de la marca pretenden cerrar tres fábricas y despedir a más de 20.000 empleados, cifras que han dejado conmocionados hasta a los más optimistas. Tras esta urgencia por enderezar el rumbo de Volkswagen en Alemania está principalmente la caída de ventas en China, el mayor mercado para la marca alemana. Aunque los problemas estructurales de la multinacional radicada en Wolfsburg también tienen que ver con los elevadísimos salarios en la fábricas germanas y el fin del gas barato ruso tras la invasión de Ucrania, ninguno de esos dos factores ha influido tanto como la acelerada pérdida de cuota de mercado en el gigante asiático.
Los beneficios de las ventas en China había permitido sostener la estructura de personal en Alemania y sus costes sin mayores problemas, pero el mercado del país asiático ha sufrido un vuelco tras la pandemia. Hasta entonces, Volkswagen había liderado las matriculaciones con mano de hierro gracias a sus coches de combustión, pero la marca ha sido incapaz de adaptarse al brusco giro hacia la movilidad sostenible. En los últimos meses, más de la mitad de las ventas en China corresponden a híbridos enchufables y eléctricos puros, segmentos en los que la cuota de la marca alemana es anecdótica. Ello ha propiciado un fuerte crecimiento de los fabricantes chinos, cuyas entregas han aumentado un 19,4%, y un súbito retroceso de los alemanes (-12%), japoneses (-19,6%) y norteamericanos (-25,8%) en los tres primeros trimestres de este año. En el caso concreto de Volkswagen, sus ventas en China entre enero y septiembre de este año se han desplomado un 10,2%, descenso que en el tercer trimestre se aceleró hasta el 15%. Sin los pingües beneficios que lograba en el país del Extremo Oriente, la marca alemana se ha visto obligada a aplicar la tijera en casa, lo que va a tener importantes consecuencias para una plantilla que estaba acostumbrada a vivir entre algodones.