Radiografía del campo navarro (y VI)
Julen Andueza: "Soy feliz aquí, pero el futuro se complica"
A sus 24 años, Julen Andueza, agricultor y ganadero de Arandigoyen, tiene las ideas claras: continuar la saga familiar. Se desenvuelve desde niño entre vacas y cultivos de secano y regadío


Publicado el 07/04/2024 a las 05:00
Con la naturalidad de alguien que lo ha mamado desde siempre, que ha visto con orgullo a sus mayores defenderse en el campo día tras día, sin faltar momentos de sufrimiento y otros de alegría, ha dado convencido el paso que lo llevará a seguir su estela. “Yo aquí soy feliz”, reconoce Julen Andueza Ibáñez. Criado en Arandigoyen, pequeña población del Valle de Yerri (86 vecinos) muy próxima a Estella, tiene 24 años y las ideas claras. “Soy hijo y nieto de ganaderos y agricultores. Nunca he dudado ni me he planteado hacer otra cosa”. Titulado en FP Superior de Ganadería y asistencia en sanidad animal, tramita ya la documentación oficial para incorporarse como joven agricultor y ganadero. No le faltan ganas, pero matiza que, dada la situación actual, “el futuro se complica”.
Pesa las nuevas generaciones de agricultores y ganaderos el legado recibido y aferrado a la tierra, que poco menos es para quienes la cultivan o viven de ella patrimonio sentimental. La ilusión es su simiente en un campo abonado a la incertidumbre y a las dificultades de relevo generacional, contrastadas con el empeño de sucesión de unos pocos. Envejecido el sector, con una media superior a los 60 años de edad, despuntan jóvenes que quieren vivir de la tierra y del esfuerzo que requiere mimarla. Las expectativas aparecen complicadas en un horizonte dibujado con los trazos de la incertidumbre y las obligaciones burocráticas, concebidas como un lastre. Tres son los ejemplos para la esperanza.
La suya es una saga ligada al agro. Su madre, Noelia, procede de Berbinzana. Su padre, Javier, es de Arandigoyen. Ambas familias tenían ganado y trabajaban el campo, y ellos continuaron ese camino al casarse. Hoy, los Andueza Ibáñez mantienen en Arandigoyen una explotación de vacas frisonas para producción de leche, y cultivan campos de secano (trigo, cebada, forraje, girasol...) y de regadío (forraje y maíz).
ENTRE VACAS Y CULTIVOS
“A mí siempre me ha llamado más el campo que el ganado, pero estoy dispuesto a seguir con todo. Tengo planes para renovar la explotación, como incluir un robot de ordeño o colocar ventiladores para que las vacas estén mejor en estos veranos tan calurosos...”, explica ilusionado.
En el campo, acompañaba a su padre desde pequeño. “Disfrutaba viendo cómo hacía las labores, sobre todo la recolección”, confiesa quien aporta ya su granito de arena. “He aprendido mucho de mis padres, en ellos nace mi afición”.
Su apuesta es clara, pero tiene también claro el complicado contexto que marca al agro. “Nos tienen machacados. Llegas del campo y todo es papeleo, facturas y trámites, tienes que registrar hasta las recetas de las vacunas que pones a cada animal. Además, la PAC nos dicta lo que tenemos que sembrar sin dar flexibilidad. Y para colmo, los precios son bajos mientras los costes se mantienen altos, eso nos ahoga”, enumera.
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“Va a ser complicado que la gente viva de esto, todo se encamina a grandes explotaciones. Antes, con 5 vacas y 50 robadas de tierra vivía una familia. Hoy, tenemos en casa 120 vacas y 1.000 robadas, y andamos justos. Mi padre me dice que los de mi generación vamos a pasar más hambre que nuestros abuelos, y eso es grave”, refiere, y asegura que empezar desde cero, sin una base familiar, “es totalmente imposible”. “Solo un dato. Te dan como ayuda inicial 40.000 euros, y un tractor vale como poco 140.000”.
24 AÑOS refleja el DNI de Julen Andueza Ibáñez. Natural de Arandigoyen (Valle de Yerri), tramita ya establecerse como joven agricultor y ganadero. Sigue la estela de su padre Javier y su madre Noelia, que gestionan cultivos de regadío y secano, y una explotación de vacas para producir leche. Tiene una hermana menor, Gisela.
