Los agricultores navarros toman las carreteras: "Estamos hartos"
Enrabietados por el lastre cada vez más pesado de trámites y costes, el campo trasladó a la ciudad sus reivindicaciones de mejora con una promesa de continuidad: “No vamos a parar”


Publicado el 07/02/2024 a las 05:00
"Están arando la ciudad”. La columna de tractores por la ronda norte (PA-30) sondeó la paciencia de no pocos conductores, que atrapados en las prisas de primeras horas de la mañana avanzaban al paso lento, acorde con el ritmo pausado del campo. Cuando más apremiaba el tiempo, entre una mezcla de desesperación por no llegar a tiempo y comprensión con el trasfondo reivindicativo de la protesta, la ronda Norte y su prolongación de la PA-30 hacia Noáin, mayor densidad iba cobrando el atasco. El día comenzaba a despejar y un mal presagio oscurecía la esperanza de automovilistas y transportistas atrapados en un embudo.
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Los hombres y mujeres del campo madrugaron como de costumbre, quizás con mayor antelación a su hora habitual. Si así lo hicieron es para estar a eso de las 6.30 horas en la entrada de Berriozar y en el polígono Talluntxe, dos de los puntos de concentración para organizarse con posterioridad en grupos. En su propósito dominaba la idea de ralentizar la marcha de la PA-30 con el estrangulamiento de sus extremos. Por lo que sucedió en las horas posteriores, lograron su objetivo.
Antes de iniciar su protesta rodante, desvelaron sus intenciones con una sentencia que sonó a advertencia en su ánimo decidido: “No vamos a parar hasta que nos hagan caso”. La reflexión se elevó con las primeras luces del día como una metáfora de un nuevo amanecer en el espíritu de un colectivo, que ayer proclamó “basta” a las trabas, que según dicen, encuentran en su camino por abonar una profesión enraizada en su vida. “Estamos hartos de aguantar esto”, se le escuchó decir a un labrador anónimo poco antes de arrancar su tractor en Berriozar.
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“¡Queremos menos burocracia!”, enfatizó un segundo como ejemplo de la espiral de exigencias que obliga a los profesionales del sector primario a dosificar sus esfuerzos entre el cuidado del agro y la gestión de trámites. “Nuestros abuelos llevaban el campo mejor, con mucho menos papeleo”. La misma voz de queja por el enredo burocrático acudía a un ejemplo familiar conocido para hablar de los cambios obrados en el campo con un lastre administrativo cada vez más pesado. “Siempre que llegamos a casa tenemos que hacer papeles”, remataba su apunte con una descripción gráfica.
EN TALLUNTXE
Tercera generación en el cultivo del agro, Iñaki Ciriza De la Peral madrugó a las cinco para poner su tractor rumbo a Pamplona desde Astrain, donde vive. “Será un día largo”, vaticinó en el entorno de Talluntxe, consciente y hasta cierto punto pesimista por el futuro que depara a la agricultura y la ganadería. Su lamento brotó poco antes de las once de la mañana, en un receso a la protesta que, como labrador, trasladó ayer a la ciudad. Justo cuando aparcó su vehículo en un margen, pasó una patrulla de la Guardia Civil. “Nos han desviado hacia el aeropuerto para dar la vuelta y justo cuando íbamos a salir, de repente, un coche se ha detenido delante. Al intentar adelantar por la izquierda, se ha cruzado y se ha parado en seco. Encima su conductor nos ha sacado el dedo”, expuso como anécdota. A los pocos minutos, la Guardia Civil daba el alto al automovilista.
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“Entendemos que la gente esté nerviosa. Es comprensible porque tiene que ir a trabajar, pero lo que no se puede hacer es faltar al respeto. Nosotros no lo hemos faltado a nadie”. “Lo último que queremos es perjudicar a la gente que va a su trabajo”, observó un homólogo de actividad de Valdizarbe, que prefirió ocultar su identidad. “Aquí no hay ni portavoces. Aquí nadie quiere ponerse medallas. Nosotros no queremos que los sindicatos vengan a la concentración porque nos tienen completamente abandonados. Lo que queremos es trabajar. No queremos subvenciones. Y que la gente se entere lo que está comiendo”, fue su reflexión.
En el eje perpendicular a la carretera del aeropuerto y Noáin, el tráfico avanzaba a ritmo lento cuando no detenido. La prolongación del puente que salva la A-15, entre la rotonda que da acceso al área industrial y el nudo de confluencia con la PA-30, en las inmediaciones de las instalaciones de Osasuna, en Tajonar, estaba congestionada de vehículos. La tractorada discurría en un bucle entre ambas glorietas para desesperación de conductores y muestras de solidaridad, expresadas por transportistas con bocinazos y saludos desde sus cabinas. Carlos Ilundáin, agricultor también de Astráin, de 59 años de edad, exponía con un cartel uno de los motivos de la sensación de hartazgo compartida con sus compañeros y percibida con sólo preguntarle por su estado de ánimo.
“Todos los puertos están llenos de cereales no sabemos de dónde. Hay gente en este mundo que echa al trigo glifosato, que debería estar prohibido. Eso seca las cosechas. Cuando a nosotros se nos exige que tengamos al día el cuaderno digital. Estamos quitando herbicidas”. “Nos han subido los costes”, significaba.
“Es la única manera que tenemos para expresar nuestra queja”. Un agricultor de Noáin, acogido al anonimato, participó en la protesta con su turismo, confiado en que el traslado de las reivindicaciones a la ciudad hagan mella en la conciencia de los consumidores. “Gota, a gota nos están amargando la vida”. Lo decía un profesional del agro de la Comarca de Pamplona poco antes de alargar a sus compañeros una bandeja de pastas con las que endulzar el descanso de media mañana: “La gente se llena la boca con que hay proteger el medio rural, los pueblos; y está sucediendo todo lo contrario”.