Tribuna
El reto de la diversidad empieza con la sensibilidad


Publicado el 11/09/2023 a las 12:40
A lo largo de los últimos años he podido observar que la gestión de la diversidad es uno a los principales retos a los que se enfrentan nuestras empresas agroalimentarias.
Muchas cosas han cambiado en los últimos 20 años, y uno de los más significativos es la necesidad de adaptarnos, de retener y de aprovechar al máximo el potencial de unas plantillas de empleados cada vez más diversas en términos de género, origen, cultura, religión, idioma de origen, necesidades sociales, etc.
Muy atrás quedaron los tiempos en los que nuestros trabajadores provenían en exclusividad de nuestro entorno cercano, con una gran cantidad de factores comunes (incluso a nosotros mismos) que nos permitían sentir que siempre “jugábamos en casa”. Pero hoy las cosas son muy diferentes.
El diccionario define “diversidad” como "1. Variedad, desemejanza, diferencia. 2. Abundancia, gran cantidad de cosas distintas".
Cada uno de nosotros, por supuesto, somos diferentes de nuestros colegas. Las diferencias son más fáciles de observar en la forma en que nos vemos, vestimos y actuamos. Pero las diferencias también incluyen nuestras experiencias, educación, socialización, amistades, creencias, puntos de vista y muchos otros factores.
En términos empresariales, la diversidad no debería verse como un mal necesario que requiere medidas extraordinarias para mantenerla bajo control (o para erradicar sus manifestaciones). Debe verse como la parte natural del lugar de trabajo que es, como las piezas individuales del mosaico que componen el todo, y como un activo extremadamente valioso.
Mira a tu alrededor. Estás donde estás porque eres diferente a los demás. Tu toma de decisiones, paciencia, atención a los detalles, visión del trabajo, construcción de relaciones y una miríada de otros factores son exclusivamente tuyos, no necesariamente mejores o peores que los demás, sino simplemente tuyos. La riqueza de la cultura de una organización está en proporción directa a la diversidad de su mosaico.
Pero, además, hay algunos hechos sobre los lugares de trabajo que son ineludibles.
Primero, las empresas se están volviendo cada vez más diversas, no cada vez más similares, debido a la demografía, las costumbres sociales, el aumento de los mercados globales y la inmigración.
En segundo lugar, tal diversidad es un beneficio inherente y no una amenaza inherente, ya que mejora y amplía el mosaico.
Y tercero, las organizaciones que se resistan a la diversidad perderán tiempo y energía en actividades no orientadas hacia los clientes y el éxito, y aquellas que acepten la diversidad verán aumentada su productividad por la eliminación de esa supuesta interferencia interna con los objetivos empresariales de la organización.
A lo largo del tiempo también he observado que la discriminación no intencionada es mucho más común que la discriminación deliberada. La discriminación no intencionada ocurre cuando alguien dice o tolera acciones o lenguaje que hacen que otra persona se sienta inferior. Porque la percepción es más importante que la intención.
No me refiero a lo “políticamente correcto” sobre lo que se considera aceptable o inaceptable, algo de lo que, en mi opinión, se está abusando en exceso, sino del lenguaje y las acciones que crean una sensación de aislamiento y exclusión para ciertos grupos de personas o individuos.
Por ejemplo, los chistes y bromas raciales, étnicos o sexuales son ofensivos para quienes se llevan la peor parte. Pero también lo son para aquellos a los que ese tipo de lenguaje les resulta inapropiado.
El punto es que, si existe la posibilidad de molestar a alguien a través de un comentario gratuito, un chiste o un “gracieta” al azar, ¿por qué correr el riesgo? Si bien en la mayoría de las ocasiones dicho lenguaje chistoso se pronuncia sin mala intención, por lo general sí se recibe de esa manera. Y la intención del emisor no es lo realmente importante, mientras que el impacto de dichos comentarios en otras personas sí lo es.
Por eso la primera regla para aprovechar y sacar partido de la diversidad es controlar tus propios comentarios, usando el sentido común. Si es probable que alguien se sienta ofendido o molesto, usa un lenguaje diferente, de la misma manera que usas un lenguaje diferente cuando temes que el significado de lo que vas a decir puede no quedar claro.
Al ser sensible a la recepción de tu lenguaje y comentarios por los demás podrás ayudar a otros, a su vez, a ser sensibles con los suyos.
Pero esa actividad tiene que empezar contigo mismo, en primer lugar.
Cada pieza de un mosaico es tan importante, tan rica y tan valiosa como la imagen completa creada por el mosaico. Valora cada componente de la misma forma que valoras el todo.
José María Garrido (Fresh Mentoring) experto en industria agroalimentaria