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Materias primas y divisas

¿Seguirá subiendo el precio de los alimentos?

Desde hace casi dos años el mundo de las materias primas se ha agitado como nunca antes, primero motivado por un shock de oferta tras la salida del confinamiento, y después espoleado por la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El sector que más preocupa a los expertos es el de la alimentación básica

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La empleada de una panadería sostiene una barra de panDN
  • DN Management
Publicado el 06/05/2022 a las 20:03
¿Seguirá subiendo el precio de los alimentos? ¿Cuánto tiempo se mantendrá así de alta la cotización del trigo, la carne o el aceite? Es una de las grandes preguntas que se hacen los expertos y no tienen buenas noticias para los consumidores. Jorge Labarta es socio fundador de la consultora de divisas y materias primas Quant. Desde su oficina en parque Yamaguchi analizan materias primas como el gasoil, el trigo o el maíz y divisas como el dólar o la libra para ayudar a las empresas a gestionar y protegerse de los riesgos que les suponen.  Asegura que los sectores que más preocupan son los que tienen que ver con la alimentación básica.
¿Veremos el gasoil a 2€ en las gasolineras durante mucho tiempo?
Ya lo tenemos prácticamente a 2€. Para nosotros, a fecha de hoy, nada ha cambiado en la estructura de precios de ese activo. La tendencia sigue siendo hacia el encarecimiento, si bien la alta volatilidad provoca a veces fuertes recortes. Si los impuestos a los hidrocarburos siguen siendo tan altos es posible verlo por encima de 2€.
Cereales como el trigo o el maíz también están en máximos históricos.
Antes de conocerse la invasión de Ucrania los precios ya habían subido mucho. No vamos a dejar de comprar pan, pasta, o carne que se alimente con piensos. También con esto nos tocará pagar más por los bienes de alimentación básicos.
¿Puede el mundo soportar estos precios durante mucho tiempo?
No nos queda más remedio. El gasoil, o los derivados del petróleo, son actualmente imprescindibles para el transporte de vehículos domésticos y medios de transporte, así como muchos otros usos. Hay otras energías en tendencia creciente, pero tardarán años en implantarse. Y en cuanto a los alimentos básicos tampoco hay demasiada escapatoria. Quizás los que más sufran serán los alimentos “no imprescindibles” porque no habrá tanto presupuesto para ellos. Esto nos lleva a una fuerte inflación de los precios que está siendo estructural, y a un empobrecimiento de la población para bastantes años.
¿Qué sectores están sufriendo más?
Los sectores que más me preocupan son los que tienen que ver con la alimentación básica. Por ejemplo, el sector avícola y porcino. Se trata de carnes de consumo básico, de precio asequible, que van a tener que ir aumentando mucho los precios para ser rentables. Es imprescindible que una empresa sea rentable para sobrevivir, pero a los consumidores nos va a costar mucho dinero llenar la cesta de la compra.
¿Puede hacerse algo por mejorar esta situación?
Pienso que deben protegerse las industrias locales, y en este sentido ya se habla de un retroceso de la globalización. Un país o región no puede ser autosuficiente en todos los recursos básicos, pero desde luego puede ser menos dependiente aplicando determinadas políticas de protección. Pienso que se va a tender a eso. El mundo tiene muchas interdependencias y ahora que las cadenas de suministro y abastecimiento se han roto todo esto se está cuestionando.
¿Pueden las empresas hacer algo?
Cuando los problemas tienen que ver con recursos básicos como combustible, gas, electricidad o cereales, pienso que son las instituciones las que más capacidad de actuación pueden tener. No creo que bajar impuestos sea ningún remedio, ya que si las materias primas siguen subiendo lo único que se consigue es recaudar menos todavía y el consumidor sigue pagando lo mismo. Las políticas que se lleven a cabo facilitan o perjudican. Ahora se está autorizando que tierras en barbecho se cultiven. Es una política correcta que comprende el funcionamiento de los mercados. Más superficie de cultivo local equivale a mayor oferta de producto, y esto puede relajar los precios.
Un análisis dafo de cada región o país debería animarle a potenciar las fortalezas que tiene y a intentar cubrirse ante las debilidades. Las empresas deben cuestionarse el hecho de utilizar estas materias primas para su actividad. Esto es lo más rompedor, pero no es sencillo de implementar a corto plazo. Aunque suene duro, la competitividad empresarial hará que unas empresas aguanten más que otras, y con el tiempo la desaparición de unas permitirá que otras mejoren su situación.
Sólo falta que suban los tipos de interés de las hipotecas…
En EEUU los tipos de interés van a subir mucho debido a la inflación y gracias a que la economía les funciona muy bien. En Europa sin embargo tenemos a varios estados muy endeudados, la economía estancada, y también asustada por la invasión de Ucrania. El BCE no tiene nada fácil subir los tipos por mucha inflación que haya. Creo que tienen muchas dudas sobre las repercusiones que podría haber. Eso ha provocado que el Euro se desplome, algo positivo para las empresas exportadoras fuera de la zona euro, que ahora son más competitivas. El problema es que la mayor parte de materias primas se compran o están referenciadas al dólar, y eso lo hace más caro, aumentando de nuevo la inflación. Pienso que los tipos deberían subirse a un ritmo inferior al de EEUU para frenar la inflación, porque la inflación estructural tiene unos orígenes distintos al de un calentamiento de la economía. Creo que es la aplicación de políticas concretas lo que podría calmar la inflación. En cualquier caso, y aprovechando la situación actual, no es nada descabellado tratar de tener hipotecas a precio fijo. Una hipoteca es algo de muy largo plazo, así que no podemos pensar sólo en los dos o tres años en los que pagaremos más por tenerla a tipo fijo, sino en los próximos veinte o treinta años en los que las tendremos a un nivel de coste aceptable.
¿Cómo podemos gestionar esta situación los ciudadanos?
Deberíamos aplicarnos los mismos criterios que se aplican las empresas. Tecnología, eficiencia y austeridad. Por ejemplo, las personas que gasten mucho dinero en combustible y desplazamientos deberían tratar de teletrabajar varios días a la semana, y sus empresas deberían facilitárselo. Si te ayudan a gastar menos es como que te suban el sueldo. La eficiencia debemos tenerla planificando más las cosas cotidianas que nos requieren de tiempo y de dinero. Evitar sobrecostes, tomar buenas decisiones de compra. Y la austeridad, priorizando nuestros gastos que más nos aporten o teniendo un presupuesto mensual. Se habla mucho de realizar inversiones para “ganarle” a la inflación, pero si las inversiones son malas no sólo no la ganamos, sino que empeoramos la situación. Invertir para ganarle a la inflación es una alternativa, pero no asegura absolutamente nada.
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