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Economía postcovid

Navarra sufre escasez de trabajadores en los oficios tradicionales tras la pandemia

Los oficios ‘de mono azul’, los más buscados por las empresas navarras

Trabajadores de la construcción, uno de los sectores donde más escasean los profesionales
Trabajadores de la construcción, uno de los sectores donde más escasean los profesionales Blanca Aldanondo
  • Fernando R. Gorena
Publicado el 11/10/2021 a las 06:00
‘Se busca chapista de automoción en la zona de Viana’. ‘Se necesita dependienta para cafetería en Pamplona’. ‘Se busca esquilador para la Ribera’. Son anuncios reales de búsqueda de trabajadores que pueden encontrarse en los anuncios clasificados de este periódico.
Muchas empresas navarras no encuentran mano de obra para cubrir los puestos de trabajo recién creados tras la caída de las restricciones o para ampliar su negocio. Los sectores de la construcción, hostelería y el agropecuario son tres de los que más se buscan y menos se encuentran, pero el resto del panorama laboral lleva el mismo camino, especialmente si los puestos de trabajo no se ofrecen cerca de los grandes núcleos de población. Mientras, el paro juvenil sigue rondando el 26% y los Ninis, los jóvenes que ni estudian ni trabajan, forman ya en Navarra un colectivo de 6.871 socios, según un informe de Bankia.
La pandemia tiene mucho que ver en esta disociación entre oferta y demanda de empleo. El confinamiento y la falta de actividad enviaron a muchos de estos trabajadores jóvenes (mecánicos de talleres, camareros o albañiles) a sus casas o al paro y en el ínterin se buscaron la vida en fábricas u otros oficios que les garantizaban una continuidad laboral sin riesgo de restricciones como las que sufrían, por ejemplo, los establecimientos hosteleros. Ahora las restricciones se han suavizado pero muchos de ellos no han vuelto a sus anteriores sectores productivos.
Los oficios de toda la vida, los de mono azul, no encuentran relevo. Los propietarios de pequeñas empresas o talleres de carpintería, fontanería, albañilería o transporte no encuentran quien quiera emplearse en estas actividades, sobre todo en talleres pequeños, donde la figura clásica del aprendiz que aprendía el oficio viendo lo que hacía el ‘oficial’ es cada día más escasa.
La pirámide poblacional cada vez está más envejecida. Hay menos jóvenes disponibles para cubrir los puestos de trabajo de los adultos. En el medio rural el problema se multiplica porque no hay jóvenes que abran pequeños talleres con los que dar servicios de cercanía a la comarca. Ya no se puede llamar al electricista del pueblo vecino que daba atención a todo el valle porque se ha jubilado y nadie recoge su testigo.
José María Navarro fundó la Asociación Empresarial de Carpinteros y Ebanistas de Navarra en 1978 y no recuerda una época peor que la actual para incorporar trabajadores. “No tenemos ni un carpintero. Se ha perdido este oficio y todos los demás. Es una situación gravísima. Hemos perdido el 50% de las empresas y el 50% de los empleados”, afirma.
Cree que las dos causas principales que han llevado a esta situación son una inadecuada formación alejada de las necesidades de la empresa y la actitud de los jóvenes que no dan un paso hacia adelante. Y considera que estos oficios tienen suficiente demanda para garantizarse un futuro. “Ahora te especializas en cocinas, armarios o lo que sea y tú mismo puedes coger una bajera y dedicarte a la instalación de puertas, por ejemplo, y a vivir. Hoy está todo mecanizado y puedes funcionar fácilmente siendo empresario, pero no quieren”, se queja. No ve cercano el relevo generacional: “No hay carpinteros menores de 45 años. Ahí se termina el oficio. Los talleres se están cerrando porque no encontramos gente para trabajar. Ahora mismo necesitaríamos cincuenta carpinteros y no hay ninguno”, concluye.
FONTANEROS, MECÁNICOS...
Leyre Oroquieta, secretaria de la Asociación de Empresas de Fontanería, Calefacción, Climatización, Gas, Prevención de incendios y afines de Navarra (Anafonca), señala como una de las causas de este retraimiento la imagen equivocada que algunos jóvenes tienen de su sector, el de la fontanería. “Es una profesión poco valorada y existe cierto prejuicio negativo por una supuesta baja cualificación cuando realmente es todo lo contrario”, afirma. La exigencia de formación, de inscripción obligatoria en el Registro Industrial de la administración y los carnets de instalador para cada especialidad la alejan de la mala imagen del ya desterrado chapuzas. “La mala imagen se debe al intrusismo y debemos desvincularnos de él”, sostiene. En Navarra, el sector de la fontanería está muy atomizado, con muchos autónomos y pequeñas empresas de dos trabajadores que continúan en muchos casos dando servicio por toda la geografía. La demanda de instaladores de calefacción es muy alta -“en Alemania están buscando fontaneros en España y muchos se marchan”- y por eso se lamenta de la alta tasa de abandono en la FP.
Luis Ursúa es secretario general Asociación Navarra de Talleres de Reparación de Vehículos (ANTRV). Su gremio encuentra dificultades para incorporar trabajadores en los pequeños talleres de toda la vida y, sobre todo, para mantenerlos. “Empiezan trabajando en talleres de reparación de autónomos pero luego se marchan a empresas grandes como Wolkswagen, que ha incorporado muchos para sus nuevos modelos”, se lamenta. De momento, no se ha reducido el número de talleres. “El traspaso de negocio es habitual, sobre todo de pequeños talleres y se siguen abriendo nuevos. En muchas ocasiones lo hacen personas que viven en un entorno cercano para dar servicio a la zona”, afirma.

Se recupera al aprendiz para cualificar más trabajadores

Hace un mes, se presentaron las Escuelas Sectoriales de Aprendices (ESA) dependientes del Servicio Navarro de Empleo. Con esta iniciativa se intenta formar una mayor número de profesionales en sectores que precisan de estos trabajadores como los talleres de reparación de vehículos, instaladores, agroindustria, hostelería, carnicerías, madera y carpintería. Miguel Ángel Jiménez, de la Fundación Saltoki, fue desde su organización partidario del retorno del contrato de aprendizaje, del aprendiz 2.0, a estas profesiones: “Las empresas tienen dificultades para encontrar profesionales cualificados. El reto de estos sectores es que necesitas una acreditación para poder trabajar y de ahí vienen todos los problemas. Por esos queremos rescatar la figura del aprendiz”. Los cursos impartidos en estas escuelas tienen una duración de 800 horas de formación técnica, hasta la obtención del carnet profesional, que sigue siendo un requisito imprescindible para trabajar.
“Hay que atraer talento al sector”, afirma Jiménez, que quiere romper con la “imagen antigua que tiene el sector”.
La creación de estas escuelas responde a la necesidad de cualificar un número elevado de profesionales que reclama el mercado de forma perentoria . “El problema no está en la calidad de la formación de la FP, que es muy buena, sino en el escaso número de profesionales que salen de la FP en relación a la demanda de trabajadores que reclama el sector. Acaba de salir un estudio que dice que en la construcción faltan unos 700.000 profesionales en España. En el sector de las instalaciones de energía renovable estaríamos hablando de otros tantos. En los próximos años puede haber una demanda de perfiles profesionales de más de un millón de trabajadores”.
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