Gestión de las emociones
Desde lo más profundo del corazón


Actualizado el 30/11/2020 a las 12:21
El padre de un amigo mío murió hace unas semanas después de una vida de esfuerzo y sacrificio. Una familia sencilla, afanosa, fiel a lo que implica una vida de trabajo y familia. Trabajo, trabajo, y más trabajo con el único objetivo de sacar adelante a la familia, muchas veces, a costa de olvidarse de uno mismo. En el poco tiempo libre que disfrutaba, lo dedicaba a profesar su fe y a ayudar en la parroquia. Un hombre y una vida fieles a unos valores universales, pero, sobre todo, resistente a los avatares de la vida. De aquella generación que sufrió de niño las consecuencias de la guerra. De esa generación que aprendió y tuvo que sufrir desde pequeño, y al sufrir, valorar hasta lo más mínimo. De esa generación que no entiende que hoy, teniéndolo todo, la superficialidad inunde nuestra vida. Con unas semanas de diferencia a su muerte, su esposa, la madre de mi amigo, enferma de Alzheimer, fallecía también.
Como la madre de mi amigo tenía Alzheimer, no sabía que su esposo había muerto. Sin embargo, su cuerpo decidió que era hora de partir y unirse a él. No había pasado ni un mes. En el funeral, mientras rezaba, pensaba en lo inseparables que debieron haber sido. Después del funeral, cuando compartí mis pensamientos con uno de mis amigos me dijo: "es magia." Pero no, no es magia. Subestimamos la importancia de nuestros corazones e ignoramos toda su dimensión. Nuestros sentidos pueden darnos una indicación de la complicidad que tiene una pareja, pero hay mucho más de lo que los ojos pueden ver.
Estudios científicos recientes han demostrado la importancia del corazón desde nuevas perspectivas que para muchos siguen siendo desconocidas. Si bien los efectos más físicos están bien acreditados, nuestros corazones juegan un papel crítico en cómo experimentamos nuestras emociones y como nuestro cuerpo las somatiza. Es bien conocido para la comunidad científica que no hay un sólo tejido neuronal en nuestro cuerpo, sino varios, el corazón es uno de ellos. También hay muchos estudios que examinan los efectos de las emociones negativas y positivas en la salud de una persona, en concreto, sus efectos en el corazón. El campo electromagnético de nuestros corazones, en comparación con el del cerebro, es 60 veces más potente y su componente magnético es 5.000 veces más fuerte, haciéndolo vital en la gestión de nuestras emociones, de nuestras relaciones, y de nuestra capacidad social. Nuestro corazón es esencial no sólo para mantener nuestra condición física, sino porque también tiene enormes implicaciones para nuestra salud psicológica.
Me viene a la memoria un directivo de una gran multinacional que me recordaba cuando hablábamos del desarrollo de personas, que entre las habilidades que quería en su equipo, una, era la capacidad de gestionar desde el corazón. No he visto mucha "gestión desde el corazón" en la vida de la empresa, pero es vital, aunque se haya dejado de lado. La gestión de las emociones debería ser uno de los ingredientes críticos para un enfoque más humanista de la empresa. Las emociones juegan un papel no sólo porque afectan nuestros corazones, y a nuestra salud en todas sus dimensiones, sino porque si están constreñidas y no se pueden expresar, pudren la cultura de la empresa y evidentemente nuestra salud.
El síndrome de Takotsubo se describió por primera vez en 1991 y se refirió a cómo una persona puede morir de tristeza, pues las emociones afectan a la salud del corazón. Decidí creer que la madre de mi amigo, aunque estaba enferma de Alzheimer, todavía tenía a su esposo en su corazón y al darse cuenta de que ya no podía encontrarlo, la conexión se rompió, y decidió que era hora de morir y volver a unirse a él.
Angel López Mutuberría es doctor en Management