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Coronavirus Navarra

Hostelería navarra, un mes con la persiana bajada

Navarra empezó marzo con 4.000 restaurantes y bares abiertos y llega a abril con un mar cerrado. 17.000 trabajadores en el sector y prácticamente todos parados. Esta es su historia de norte a sur

foto de Triste imagen de la calle Estafeta y arranque de Tejería: desiertas y con las persianas de todos los bares cerradas por el virus.
Triste imagen de la calle Estafeta y arranque de Tejería: desiertas y con las persianas de todos los bares cerradas por el virus.
Actualizada 14/04/2020 a las 09:05

Ya lo cantó Fito Cabrales. Once palabras que muchos de los protagonistas de estas páginas estarían encantados de tatuarse a fuego. “Creo que los bares se deben abrir para cerrar las heridas”. Y lo harán. Abrir la persiana y sanar los zarpazos provocados por la pandemia del coronavirus. El problema es saber cuándo. Y cómo. Y qué hacer mientras tanto. La crisis del fatídico Covid-19 cumple un mes y los 4.000 bares y restaurantes de Navarra siguen cerrados a cal y canto. Cero ingresos y mil gastos para un sector que sólo en 2019 facturó 1.400 millones de euros en la Comunidad foral. Hoy, la inmensa mayoría de los 17.000 navarros que se estima trabajan en la hostelería viven encerrados en sus casas. Muchos mano sobre mano. Otros desgastando lápices de hacer números. Y algunos, reinventándose.


Según el último número del Anuario de la Hostelería de España, Navarra fue la comunidad en la que más aumentó el número de bares el año pasado. 3.914 negocios con la persiana levantada entre bares, restaurantes y otros locales de restauración. Ahora está por ver cuántos podrán seguir haciéndolo cuando pase la pesadilla.


En estas páginas se recogen los testimonios de una docena de locales ubicados en la Comunidad foral. De Norte a Sur, doce historias como los 12 meses de un 2020 que nunca pudieron imaginar. Todos ellos se han visto abocados a esa figura que la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, presentaba entre risas hace unos días. “Yo creo que en este país los niños y las niñas van a saber a partir de ahora lo que son los ERTEs”, dijo. Y menudo si lo saben. Sólo entre los doce negocios que hablan para Diario de Navarra suman 110 trabajadores en expedientes de regulación temporal del empleo.


A todos les unen más cosas: incertidumbre, miedos, gastos, papeleos, noches de poco dormir y deudas que crecen. Propuestas para que las administraciones no les dejen en la estacada. O peticiones de liquidez para mantenerse vivos. Pero también comparten la esperanza, los mensajes de aliento en sus grupos de WhatsApp de cocineros o el anhelo de que la era del coronavirus deje tras su marcha una ola de solidaridad que debe venir para quedarse.


Los dueños de los locales, autónomos, miran junto a la Asociación de Empresarios de Hostelería de Navarra a un mes. Junio. Confían en que entonces empezarán a quitar cerrojos, se pondrán tras la barra y esperarán a que los clientes pierdan el miedo y vuelvan. Quizá lo hagan con otra canción de fondo. Ésta en la voz de Jaime Urrutia: “Bares, que lugares, tan gratos para conversar. No hay como el calor del amor en un bar”.

 

Lorena Acaz Mendive, gerente del bar restaurante Zanpa (Pamplona): “Ahora estamos siendo más equipo que nunca”
 

A lo largo de la conversación, Lorena Acaz Mendive, gerente del Bar Restaurante Zanpa, repite hasta en tres ocasiones una palabra: equipo. Es la mayor preocupación del restaurante de la calle Estafeta. Su gente. Su salud. Su futuro. Y el de los clientes, a los que tanto echan de menos. Equipo como el que ha formado la sociedad quedándose en sus hogares y los que han seguido trabajando. “Quiero aprovechar para hacer un reconocimiento público a todos aquellos trabajadores de distintos sectores que no habéis podido decir #yomequedoencasa, nos habéis hecho la vida mejor y más fácil. ¡Muchísimas gracias!”, comienza.


En estos momentos, el equipo Zanpa lo componen 12 personas, todos en un ERTE por fuerza mayor. Los propietarios, ante las distintas informaciones que se iban recibiendo y para preservar la salud del equipo y de sus clientes, decidieron que el viernes 13 de marzo ya no se abría. “Ese día lo dedicamos a acondicionar el local para el cierre. Nuestra actividad cesó al 100%. Estamos aprendiendo a vivir el ahora. Ayudándonos entre nosotros y siendo más equipo que nunca, pero sobre todo pensando que estamos un día más cerca de que todo esto termine y que deberemos trabajar hombro con hombro para salir de esta situación”, pronostica la pamplonesa.


Aclara que la hostelería no ha disminuido sus ventas en un porcentaje, si no que ha cerrado. Sus pérdidas por tanto son del 100%, no tienen ningún ingreso y deben seguir haciendo frente a los pagos fijos cada mes. “Creo que económicamente todavía no somos capaces de saber que ayudas vamos a necesitar, no podemos saber el alcance que esto tendrá para la hostelería y el turismo. Creo que será uno de los sectores más damnificados cuando esta pandemia termine. Pero sabemos que hoy queda un día menos para volver a la normalidad. El equipo Zanpa no escatimará ningún esfuerzo en reabrir dando todas las garantías de seguridad sanitarias que nos indiquen. Seremos escrupulosos en cuidar a nuestros clientes y volveremos a darles la máxima calidad en nuestros productos y servicios. Les estaremos esperando con una sonrisa y muchas ganas de volver a verlos”.

 

Martín Iturri Huerta, cocinero y socio de Taberna Cocotte (Pamplona): “Hemos pedido préstamo para salir de este agujero”
 

Todas las persianas del local del número 81 de la Calle Estafeta están bajadas. Llevan así un mes. Como las 14 personas en plantilla, actualmente todas en situación de ERTE. Y eso que ahora van a intentar reinventarse estrenando un servicio de comida a domicilio. Martín Iturri, uno de los socios de Taberna Cocotte, dice que se considera más guisandero que jefe de cocina. Por algo se define como la cuarta generación familiar de guisanderas tras su madre, abuela y bisabuela. “Me siento muy orgulloso de seguir guisando platos navarros de toda la vida. Lo nuestro son los guisos y arroces, y por eso vamos a arrancar con el tema de las paellas o callos y morros a domicilio con dos aplicaciones de móvil; Glovo y Uber-Eats. Es algo que siempre había querido hacer pero nunca podía con el restaurante a tope. Ahora que está cerrado a cal y canto vamos a probar esta experiencia”, comienza.


Pese a su última apuesta innovadora, Iturri reconoce que anímicamente esta crisis les está afectando. Que lo llevan mal y que es muy duro para unos hosteleros acostumbrados a un ritmo de trabajo potente. “Lo bueno es que estamos con la familia, disfrutándola, que es algo a lo que no solemos poder dedicar mucho tiempo. Los primeros días eran como vacaciones, pero sabemos que el problema está a la vuelta de la esquina. Aquí no entra dinero, pero sí facturas de todo tipo. Las pérdidas son del 100% y estamos pidiendo un préstamo a un banco para poder salir del agujero. Del Gobierno esperamos que no nos deje tirados a los autónomos. No deberíamos pagar nada de alquileres, porque no estamos utilizando nada del local. Debemos apechugar todos; si se para el país, se para todo, también préstamos a los que no podemos hacer frente de nuestro bolsillo”, opina.


Al guisandero también le gustaría tener más previsión por parte de las autoridades, porque tienen eventos contratados, como bodas, para julio y agosto. ¿Podrán hacerlos?: “Esto va a durar bastante más de lo que nos dicen, y soy un tipo muy positivo, veo que esto sigue y hay que buscar alternativas y dar de comer a nuestros hijos. Para cuando la gente salga a la calle, a comer con diez amigos, eso va a tardar. Hay que asimilarlo”.

 

Natalia Ecay Arróniz, propietaria de La Antigua Farmacia (Pamplona): “Las ‘ayudas’ son medidas que nos endeudarán más”
 

Inconcebible. Es el adjetivo que le viene a la cabeza una y otra vez. Natalia Ecay Arróniz, propietaria del bar La Antigua Farmacia, de Pamplona, aún no puede creer la situación que están viviendo Y eso que ella no es de las que se han quedado de brazos cruzados. En su negocio, La Antigua Farmacia, sus diez trabajadores se han quedado en ERTE. “El día 13 por la mañana ya se vio que la situación que ni concebíamos iba a suceder. Desde la junta de la Asociación de Hostelería recomendamos el cierre y ese día recogimos todo. No estamos dando ningún servicio de comida a domicilio, y los que lo están dando no creo ni que sea un negocio”, comienza.


La hostelera evoca el inicio de la crisis como unos días muy extraños, y más en una persona como ella, acostumbrada a un ritmo muy alto de trabajo de lunes a domingo. Pero, de repente, todo cerrado: “Yo he cogido buen ritmo de hacer todas esas cosas que tenía atrasadas y la verdad es que no paro. Me permito cosas que de normal no hago y además tengo una hija pequeña y una madre mayor, así que me toca estar optimista. Procuro ver pelis, dedicarles tiempo y disfrutar de la familia. Esa es la parte buena. La mala es que no sabemos que pérdidas tendremos, dependerá de cuándo podamos abrir, de cómo vaya el verano y de cómo responda la gente. Y qué pasará con el coronavirus en otoño y si volverá a haber otro repunte. Tendremos que tomar medidas. Lo sabremos a la larga, cuando cerremos las cuentas de 2020”.


A Natalia Ecay le cansa oír que cada día se habla de nuevas medidas y de miles de millones de euros en ayudas que luego no llegan. “Suena muy bien, pero creo que en todos los gremios habrá que irse recomponiendo. Son medidas que van a obligarnos a endeudarnos aún más. Lo importante es que esas medidas sean continuadas en el tiempo. La incertidumbre es muy grande. Cuándo volveremos a abrir es algo que no está en nuestras manos, pero sí creo que la gente volveremos a juntarnos. Y más en esta tierra y esta cultura tan arraigada de cuadrilla, cenas y celebraciones. Otra cuestión es que sí que habrá cosas que cambiarán, como en cuestión de higiene, de organización, pero volverán esos días”, termina.

 

Josetxo Albizu y Guillermo Mazo, socios del bar Monasterio (Pamplona): “La pesadilla pasará, pero costará perder el miedo”
 

En la barra del local de la Calle Espoz y Mina de Pamplona llevan semanas sin servir su vermú casero o sus elaborados pinchos. Tampoco hay peleas por asentar las copas en las repisas. Ni gente aglomerada en la puerta. Lo que sí hay son muchas ganas de que todo eso vuelva. Así lo desean los socios del Bar Monasterio, Josetxo Albizu y Daniel Sola, y su encargado, Guillermo Mazo (en la imagen). Al ser un bar puro y duro, en cuanto se aprobó el estado de alarma tuvieron que aplicar un ERTE por fuerza mayor para los seis empleados y desde entonces permanecen en sus casas. “Hablamos con ellos para ver lo que venía y lo han asimilado bien, entienden que no hay otro remedio que el cierre, aguantar y esperar. Bares y restaurantes seremos de los últimos en abrir y en volver a la normalidad. Lo entendemos como lógico. Estos son momentos en que hay que priorizar la salud y si toca estar más tiempo cerrados, lo acataremos”, apunta Josetxo Albizu.


Desde el Bar Monasterio no se atreven a imaginar fechas para la reapertura. Sí confían en una estación, el verano, pero son muy conscientes de que los comienzos serán muy lentos hasta que la gente pierda el miedo a volver a salir a la calle y pisar los bares de Pamplona. “Cuando digan que se puede abrir, nosotros encantados de volver a funcionar y poner orden, pero entendemos que se va a ir lejos. No sé decir fechas, pero ojalá sea de cara al verano. En cuanto podamos arrancar nos tocará poner todas las medidas de higiene y protocolos necesarios para poder trabajar con mayor normalidad. Hay mucha incertidumbre, pero daremos formación específica al personal para extremar al máximo las medidas de seguridad e higiene y habrá que desinfectar también el local para correr los menos riesgos posibles. A la gente al principio le costará volver a sus hábitos normales, porque todos tenemos un poco de miedo al contagio, pero iremos poco a poco a más. Lo que deseamos es que pase esta pesadilla, que pasará, y se empiece a controlar el virus y volver a nuestra vida normal que tanto echamos en falta”, acaba.

 

Iñaki Andradas, cocinero y socio de Baserriberri (Pamplona): “Esto nos vendrá bien para invertir en talento y solidaridad”
 

Es el hostelero más joven de estas páginas y también el que tiene más clara la receta que levantará el mundo tras la pandemia: el talento. El suyo, a sus 30 años, de momento está parado, como el Baserriberri de San Nicolás. Y como él, los 20 trabajadores entre puestos directos e indirectos que genera el local. “Cerramos desde el principio, porque lo teníamos muy claro. Hay bastante incertidumbre, no hemos podido mantener ningún servicio, no sabemos cómo va a reaccionar el mercado, pero también hay que ser positivos. De peores se ha salido y el dinero es dinero. Lo importante es que todos estemos sanos, que ningún trabajador ni sus familias se pueda contagiar. Esa es la prioridad, por eso cerramos antes de que nos obligasen. El coronavirus se lleva a los ricos y a los pobres, no mira ni clases ni bolsillos”, declara.


Y eso que ya han empezado a echar cuentas. Las pérdidas van a ser importantes, entre 50.000 y 100.000 euros seguros. Es un abanico amplio “para que la gente vea el calado del agujero”. Porque los gastos fijos se siguen manteniendo. Con todo, no quiere cargar tintas en buscar culpables: “Personalmente creo que esto ha sobrepasado al Gobierno actual, pero como a todos nosotros. Entiendo que en España el virus causa más impacto por nuestra gente mayor. Lo que tenemos que ver estos días es la suerte que tenemos de tener la sanidad gratuita. A mí me toca viajar mucho por el mundo y no ves esta calidad ni estas prestaciones. Nuestras cuotas de autónomos también pagan a sanitarios, bomberos, así que creo que todos tenemos que arrimar el hombro y ser más solidarios”.


Iñaki Andradas es consciente de que a los bares les abrirán los últimos, calcula que hacia finales de mayo o principios de junio. Y la gente no volverá corriendo. “Hacen falta medidas para regular ERTEs pero yo sólo pido que haya positivismo, que no estemos todo el día viendo la parte mala de lo que hace el Gobierno. Vivimos en un país en el que no te puedes morir en la calle, y viendo lo que pasa en otros, es una suerte. Quiero dar mucho ánimo a todo el mundo, esto nos va a venir muy bien para invertir en talento, en el cerebro de la gente. Valoremos a la gente creativa, a los que aporten ideas nuevas en cada negocio. Y empezando por las empresas, que tenemos que empezar a contratar talento, es el futuro. Ahora que todos partiremos de cero, el que se diferencie lo va a petar. Esto debe traer un cambio de pensamiento total del ser humano y ser más solidarios entre nosotros”, confía.

 

Carlos Corral Iglesias, dueño del Asador Casa Lola y La Despensa (Tudela): “Me quita el sueño que surja otro brote en otoño”
 

La crisis del coronavirus y la pesadilla que ha despertado en la hostelería le ha golpeado por partida doble. Carlos Corral Iglesias, posee dos negocios, el Asador Casa Lola, y el bar La Despensa, ambos en Tudela. Hoy sus 16 trabajadores están en ERTE. Él, padre de cuatro hijos, acude cada dos días a los locales para comprobar las cámaras e instalaciones. El jueves anterior al ya tristemente famoso día 14 de marzo, viendo lo que se les venía encima, hablaron con toda la plantilla para coger días de vacaciones y descontarlos. Ese mismo día cerramos los locales. “En mi caso estoy teniendo dos fases: en la primera fue el shock y pensar en la refinanciación con apoyo de los bancos. Alquileres, hipotecas, préstamos... los primeros días fueron locura de hacer cuentas. Una vez que firme eso espero tener liquidez después de Semana Santa. Para hostelería estar cerrados tres semanas es terrible.Un desastre”, dice.


Ahora viene la segunda fase; cómo avanzar. Pensar en el futuro a corto y medio plazo: “Hay días que te levantas decidido a levantar esto y otros en que estás hundido en la miseria y no ves la luz. Piensas en cerrar y ponerte a otra cosa. Pero llevo 14 años como hostelero. En Tudela, si hay 5 momentos de gran facturación, ahora se juntaban 3: Semana Santa, Fiesta de la Verdura y Comuniones. Quitan este momento y lo vamos a notar, aunque el resto del año fuera bueno. ¿Cómo medir las pérdidas? Imposible. Mira el género; 20 cajas de ostras, postres para un fin de semana... todo. Intentamos salvar lo máximo y repartirlo a vecinos y familia”.


Para Carlos Corral, con que hubiese alguna ayuda directa real le valdría, de momento no ve ninguna. Todo tiene letra pequeña. “Un autónomo como yo sólo ha tenido el ERTE, y no ha sido nada fácil. Hay papeles que he tenido que hacer hasta tres veces. Y no son ayudas, sino derechos como trabajadores. Hay que hacer las gestiones rápido pero con calma para no meter la pata”, advierte. Con todo, el hostelero reconoce que tienen ganas de volver a la normalidad, pero está la cruda realidad. “Todo es una incógnita. No sé cuándo será mejor volver. Hay que abrir cuando todo sea seguro para los trabajadores y los clientes. A mí lo que más me quita el sueño es que haya una recaída, otro brote en otoño o en invierno. No podremos soportar otro parón. Acabaría con nuestros negocios. Lo mejor es pensar en volver a trabajar en junio, abrir con restricciones, quizá de lunes a viernes , no sé. Va a haber un antes y un después a la dichosa vacuna. ¿Que todo vuelva a ser como era? Sí, somos latinos y currelas. Se volverá a números de antes, pero no en 2020. Costará meses volver a ver bares llenos, pero lucharemos por ello sin vergüenza”, afirma.

 

Nicolás Ramírez Jiménez, cocinero y dueño del Restaurante Tubal (Tafalla): “Siendo optimista en junio abriremos, pero ¿cómo?”
 

Las 14 personas del equipo Túbal, en Tafalla, llevan semanas en casa afectados por un ERTE pendiente de autorización. Como Nicolás Ramírez Jiménez, jefe de cocina y propietario. Un parón que venía de la semana previa al estado de alarma, en la que se trabajó muy poco. “Estamos todos tocados, tengo un grupo de whatsApp con muchos cocineros y lo veo todos los días. A veces te evades pero sabemos que la vuelta va a ser muy dura y las consecuencias muy fuertes. Hablamos de cerrar un mínimo de dos meses de facturación importante; Semana Santa, puentes, festivos... Es verdad que habrá eventos que se aplazarán y se celebrarán más tarde, como bodas y comuniones, pero el día a día ya está perdido. Las pérdidas serán mínimo del 25% de todo el año”.


Ramírez es consciente de que habrá muchas empresas que no puedan afrontar la nueva situación con los mismos trabajadores, por ello pide dar más tiempo que los seis meses marcados. “Hay pocas ayudas, todo son moratorias y aplazamientos, ahora no podemos pagar y más tarde será complicado. Tenemos que hacer frente con créditos bancarios en mejores condiciones pero estamos contrayendo deudas muy importantes. Estamos pidiendo créditos para hacer frente a créditos anteriores. Siendo optimista se abrirá en junio, pero ¿Cómo? Se limitarán aforos y no podremos coger grandes eventos. Si hemos sido responsables de confinarnos en casa, espero que lo seamos al salir y mantener las medidas de seguridad que hagan falta”, pide.

 

José Manuel Bescos Orzanco, dueño del Hostal Restaurante Lola (Isaba): “Al principio la sensación de angustia es total”
 

El Hostal Lola es un pequeño hotel familiar en Isaba con más de 70 años de historia. Restaurante, bar y 20 habitaciones. José Manuel Bescos, propietario y tercera generación al frente del negocio, se había lanzado en enero a renovarlo y acababa de estrenarlo tras mes y medio cerrado. Dos semanas después estalló la crisis para él y las siete personas a su cargo a las que han tenido que aplicar un ERTE. “En el primer momento sólo piensas en sacar esto adelante, los pagos al personal, y entras en una situación de angustia total. Te bloqueas y no puedes ni dormir. Había pedido un préstamo para hacer la reforma y ahora llega esto. Tuve que pedir un fondo ICO, con las condiciones que te dan como autónomo, no te queda otro que el préstamo para salvar estos meses. Luego vas viendo las noticias y lo que quieres es no enfermar. Y después llegan las cancelaciones; desde el puente de marzo hasta la Semana Santa, pasando por el puente de mayo. Te desmoronas. Esto va para largo”, reconoce.


Bescos confía en que Roncal, único sitio donde no hay Covid-19, Pirineo y ambiente de pueblo sano, atraiga al turista que de normal va a la playa. “Pero hasta junio nada. En Isaba se trabaja muy bien, pero habrá que ver cómo se animará la gente a salir. No lo veo claro. La crisis del 2008 nos afectó, pero nada como esto. A mis 50 años jamás había tenido esta sensación de incertidumbre, que no te deja disfrutar de estar en casa. 0 ingresos y 7.000€ de gastos sólo en Seguridad Social, seguros, préstamos, etc... podremos aguantar unos meses, pero si lo llego a saber no hubiera hecho la obra”.

 

Virgilio Martínez Gómez, cocinero y dueño del Restaurante Beethoven (Fontellas): “Llevo 14 días esperando que confirmen el ERTE”
 

También pendiente de que le admitan un ERTE vive Virgilio Martínez Gómez, propietario y jefe de cocina del Beethoven, en Fontellas, restaurante con dos trabajadores fijos y una decena de eventuales que hubieran empezado ahora a trabajar. Dice que, como autónomo, no sabe si cobrará o no, lo que sí tiene muy claro es que pagan. “Esto es como una montaña rusa, con días buenos y otros de bajón importante. Las pérdidas son grandes, y más en estas fechas, y hay que mantener esto. En abril y mayo, con los eventos fuertes que teníamos entre Semana de Verdura, Semana Santa y Comuniones.... las pérdidas son enormes. Estos son los meses buenos para la Ribera y se han ido todos al garete. Facturación cero”, lamenta.


Martínez echa en falta medidas económicas inmediatas y dice que no es de recibo llevar 14 días esperando a que le confirmen si le aceptan el ERTE. Deben pagar la luz, agua, proveedores del mes anterior... y a día de hoy no hay dinero en la empresa. “Aunque no tenga que pagar el recibo de autónomos de abril lo tendré que pagar después. Por eso, lo mínimo sería que nos quitaran los pagos de autónomos del tiempo que dure el estado de alarma. Hacen falta ayudas inmediatas y efectivas. También nos gustaría saber con tiempo cómo tendremos que abrir, para por ejemplo espaciar las comuniones que se han pasado a septiembre en más domingos. Para no perder aún más encargos”, propone el hostelero.

 

Manuel Enciso Azcoiti, gerente y copropietario de Asador Mutiloa: “Ya lo celebramos el año que viene, dicen ¿Y éste?”
 

Junto a su hermano Ángel Mari, Manuel Enciso Azcoiti gobierna el Asador Mutiloa, un viejo conocido de las parrillas en Mutilva y hogar para 8 trabajadores, hoy todos en situación de ERTE. Como autónomos están a la espera de ver cuál es la ayuda que les hacen. También están valorando el hacer un servicio de entrega a domicilio, pero aún no se han lanzado porque su producto, que es la parrilla, lo hace un poco complicado. “Anímicamente estamos bien, somos una familia con muchos años al frente de la hostelería, pero la preocupación es el no saber cuándo vamos a abrir. Todas las comuniones de mayo ya las damos por perdidas. También varias bodas que teníamos. Parece que se están aplazando a octubre, y ojalá, porque sería un buen mes. Pero las pérdidas son del 100%, es lo que no vamos a ganar. La hostelería y el turismo, lo que perdemos, ya no las vamos a recuperar. Echamos en falta más apoyo al autónomo”, suspira.


Manuel Enciso aventura la reapertura en el mes de junio, “como pronto”: “Y me da que la hostelería será lo último que podamos abrir. La BBC (Boda, Bautizo y Comunión), que es lo nuestro, no creo que se pueda hacer de momento. Se abrirá con mucha precaución. Tengo un amigo que trabaja en China y a las comidas van de 2 en 2 . Todo irá despacio, con cautela, habrá que tomar temperatura a la gente... muchas dudas. Ojalá la gente salga con confianza, pero va a ser muy difícil hasta que no salga la vacuna. La frase típica es Ya lo celebraremos el año que viene. Vale, ¿pero éste?”.

 

Juan Flamarique Roncal, dueño del restaurante Petid Comitè (Pamplona): “Los políticos, que se mojen”
 

En Le Petit Comitè, en Pamplona, de Juan Flamarique trabajan cinco personas. Hoy están en ERTE. Cerraron el 13 de marzo al ver que se había anulado todo lo contratado. No hacen entrega a domicilio ni se lo han planteado. “Intento no pensar, está la incertidumbre de no saber si se volverá a la normalidad y si los hábitos de consumo a nivel de ocio cambiarán. Las pérdidas son económicas y emocionales. Reabrir es una incógnita, pero necesitamos que los políticos se mojen con los autónomos y no seamos, como siempre, los últimos de la fila. La gente estará menos receptiva cuando abramos, pero entiendo que irán volviendo poco a poco a lo de siempre y siendo más solidarios”.

 

 

Sigue las recomendaciones de las autoridades sanitarias ante el coronavirus. Frente a las noticias falsas, haz caso solo a fuentes oficiales y a la información, veraz y contrastada, de los medios de comunicación. Si tienes dudas o presentas síntomas puedes llamar a tu centro de salud en días de labor; si solo requieres información, llama al 948 290 290; si tienes síntomas claros, si has viajado a una zona afectada o has tenido contacto con alguien que ha dado positivo, puedes llamar al 112. La manera más eficaz para evitar la propagación del coronavirus es el lavado de manos con jabón; las mascarillas se recomiendan cuando hay síntomas o contacto con personas mayores con bajas defensas.

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