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Agricultura

Remolacha azucarera un novedoso y 'dulce' cultivo en el agro foral

De 25 hectáreas hace siete años ha pasado a 360 en esta campaña. La remolacha azucarera se asientan en los nuevos regadíos del Canal de Navarra como una alternativa al cereal y maíz en la zona de Artajona, Falces y Olite

El agricultor Juan Luis Yábar  Jimeno posa con un ejemplar de remolacha azucarera en sus manos en una finca en las próximidades de Artajona. Al fondo, la torre del Cerco.

El agricultor Juan Luis Yábar Jimeno posa con un ejemplar de remolacha azucarera en sus manos en una finca en las próximidades de Artajona. Al fondo, la torre del Cerco.

Actualizada 17/12/2019 a las 18:16
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La remolacha azucarera irrumpió en el panorama agrícola navarro hace siete años en Artajona. Dos agricultores - Fernando Villanueva y Juan Luis Yábar- apostaron por cultivar esta raíz grande y carnosa que se destina a la producción de azúcar por su elevada concentración de sacarosa. Lo que empezó con 25 hectáreas se han convertido en esta campaña en 360, distribuidas en campos de Artajona y de otras siete localidades navarras. Y, en este tiempo, el número de agricultores que han suscrito un contrato con Azucarera Iberia han pasado de dos a 38. La cosecha navarra - unas 36.000 toneladas en un año normal - se trasladan hasta la planta que Azucarera posee en Miranda de Ebro (Burgos). De ellas se obtienen alrededor de 6.000 toneladas de azúcar que, sin duda, endulzan después miles de cafés y un sinfín de bizcochos y dulces.

 

REGADÍOS DEL CANAL

La llegada e impulso de la remolacha azucarera al agro navarro ha coincidido con la puesta en servicio de los nuevos regadíos del Canal de Navarra, que se abastecen de agua del embalse de Itoiz. Sus fincas se caracterizan por sus grandes extensiones y la disposición de agua de calidad . “En Artajona, como en muchos pueblos, se cultiva sota, caballo y rey. Es decir, cebada, trigo y maíz. La remolacha azucarera se adapta perfectamente a las rotaciones, por lo que amplía el abanico de posibilidades que tienen para elegir los agricultores y eso siempre es positivo”, afirma la técnico de la cooperativa agrícola de Artajona, Sara Echecón Bañales.

Las 360 hectáreas de remolacha azucarera están distribuidas en 8 municipios de la siguiente manera: 126,9 en Artajona, 67,9 en Falces, 46,7 en Beire, 34,3 en Olite, 34 en Mendigorría, 31 en Tafalla, 11,2 en Peralta y 8,6 en Murillo el Cuende.

Pese a su lento, pero sostenido crecimiento, la remolacha azucarera alcanzó su máxima superficie el año pasado, cuando en Navarra se cultivaron 500 hectáreas. “Es una planta bastante estable, pero el año pasado tuvimos una de las peores cosechas de la historia. Los bajos rendimientos fueron generalizados en toda España. Eso ha motivado que algunos agricultores se hayan desanimado”, cuenta la responsable agrícola de la planta de Miranda de Ebro, Isabel Boronat Gil.

En la zona norte, Azucarera dispone de tres plantas (Miranda de Ebro, La Bañeza y Toro) que reciben la producción de unas 10.000 hectáreas. Navarra no supone ni el 4% del total. “Vivimos un momento de cambios en el que cada hectárea es importante. Pensamos que en Navarra, la remolacha azucarera tiene potencial. Es un cultivo joven. Confiamos en recuperar esas 500 hectáreas y luego, ir creciendo, poco a poco, pero con paso firme”, agrega la responsable, acompañada por el técnico de campo de Azucarera, Alberto Arteaga González.

 

CULTIVO LIBERALIZADO

Los cambios en el sector están frescos. La Unión Europea eliminó en octubre de 2017 el sistema de cuotas para este cultivo. “La liberalización del sector ha traído una desregularización del sector y cierto desajuste a la baja de precios”, indica Boronat. Subraya que han desaparecido las cuotas, pero “no las ayudas europeas” al cultivo a través de la Política Agraria Comunitaria (PAC). En concreto, unos 606 euros por hectárea en este campaña.

En Navarra, además, el departamento de Desarrollo Rural concede a la remolacha azucarera una ‘ayuda de minimis’, de 500 euros por hectárea con un tope máximo de 20.000 euros en tres años por beneficiario, lo que supone un respaldo importante para que este cultivo se asiente. Esta ayuda de mínimos también se concede en La Rioja.

Los agricultores navarros cultivan este tubérculo bajo un sistema denominado de integración o de ‘ingreso mínimo garantizado’. En esencia, consiste en que el agricultor solo tiene que encargarse de regar el cultivo ( incluye pagar el agua consumida) y preparar la tierra para la siembra en marzo.

 

1.250 € POR HECTÁREA

El resto de las tareas (aplicación de abonos y de fungicidas) las realiza personal de Azucarera. No obstante, también existe la opción de que el agricultor las lleve a cabo. En ese caso agricultor y empresa “negocian”, aunque según la técnico de la cooperativa de Artajona no es habitual que el agricultor asuma más allá de las tareas mínimas.

Con este sistema, según la empresa, el agricultor ingresa de manos alrededor de 1.250 euros por cada hectárea. A esta cantidad se le puede añadir un complemento que está asociado al precio medio del azúcar en la Unión Europea durante los últimos doce meses. Solo lo cobra si el citado precio supera los 400 euros /tonelada. La cuantía de ese complemento depende de si el contrato es de un año (180 euros /hectárea en caso de una cosecha media de 100 toneladas por hectárea) o para tres años (225 euros/ tonelada).

Azucarera ofrece otro tipo de contrato, pero este año es minoritario: un precio base de 26 euros por tonelada más el citado complemento según el precio comunitario del azúcar. “Al final está en torno de los 28 euros más las ayudas de la PAC y de Navarra que vienen a suponer alrededor de unos 11 euros por hectárea, siempre en el caso de un rendimiento de 100 toneladas por hectárea”. Azucarera pertenece al grupo británico ABF, propietario de esta empresa en España desde 2009 y de otras más en todo el mundo, como por ejemplo de la cadena de ropa Primark, de la que posee el cien por cien.

 

 

FOTO CON SATÉLITE

Reducir costes y ser eficiente es el camino para mejorar la rentabilidad del cultivo. En ese sentido, la agricultura de precisión es una herramienta muy útil. Azucarera está ensayando una plataforma de imagen satelital, donde pueden visualizar la evolución de un cultivo con una cadencia de 5 días. “Nos ayudar a definir el mejor momento de riego y de aplicación de nitrógeno”.

Todos los agricultores navarros, además, pertenecen a Agroteo, una empresa formada por agricultores remolacheros y la propia Azucarera para promover el cultivo. Entre otros servicios, Agroteo ofrece la contratación de un seguro para cubrir riesgos como la helada en el momento de la nascencia.

Isabel Boronat comenta que la remolacha es un cultivo cada vez más tecnificado, que permita volver a los rendimientos registrados en años pasados. “Al final, se trata de ofrecer a los agricultores navarros un cultivo cómodo para ellos y con una rentabilidad razonable que pretendemos que vaya a más. Queremos que, entre todas las opciones que tienen, la remolacha azucarera tenga su hueco en la rotación”.

 

 

“Con la ayuda del Gobierno foral es un cultivo interesante”

 

Inquieto y competitivo por naturaleza, Juan Luis Yábar Jimeno fue uno de los primeros agricultores de Artajona que apostó por la remolacha azucarera. Tras él han seguido otra treintena. A sus 51 años, este artajonés valora en positivo la remolacha, a pesar de los malos resultados de la pasada campaña.

 

¿Cómo le dio por la remolacha azucarera?

Porque si me tengo que ir a Roma a por algo que mejore la explotación, soy de los que me voy. No lo dudo. Me enteré por un amigo que había algo de remolacha, muy poquito, en la zona de Tierra Estella. Me despertó la curiosidad y me fui a Miranda de Ebro a preguntarles por el cultivo y por su estarían interesados en probar en Artajona. No había antecedentes. El problema es la distancia a la planta, pero bueno, nada insalvable.

Deduzco que el primer año fue bien.

Muy bien. Puse unas 18 hectáreas. Los dos agricultores que nos animamos salimos muy contentos con la experiencia. El precio estaba ajustado y dejaba rentabilidad. Eso es importante porque puedes dedicar una parte de tu explotación a una apuesta segura, a un cultivo que sabes que sacas unos ingresos razonables. Eso, para cualquier agricultor, con la inestabilidad que hay, es muy importante a la hora de planificar las cosechas.

El sistema de pago ha cambiado. El nuevo, ¿le gusta más o menos?

No he notado gran diferencia. Quizá el precio esté un poco bajo, pero como otros cultivos. El otro día, en la lonja de Binéfar, el cereal cotizaba al mismo precio que en 1978. Eso sí, ahora, tenemos ese precio del cereal más las ayudas. En la remolacha nos han dado más opciones: ir por libre con un precio base o acogernos a un sistema integrado. Otros años iba por libre, pero en esta campaña he preferido ir al integrado. Me siento más seguro después de lo mala que fue la campaña del año pasado.

¿Ha reducido mucho la superficie dedicada a remolacha?

Me he quedado este año con diez hectáreas. Hubo años que puse más de 20 o 25. Está teniendo problemas con los calores en el otoño. A partir de septiembre si no hay mucha diferencia entre el día y la noche se reduce la cantidad de azúcar, que se llama polarización. A partir de 16,5 te dan una prima. Hace siete años, cuando la pusimos, se sacaban bien las 100 toneladas por hectárea, pero este año me parece que nos vamos a quedar por las 80.

¿Qué destacaría del cultivo?

Sobre todo, que en esta zona hay pocos cultivos interesantes desde el punto de vista económico que sirvan para rotar el cereal. Es lo mejor que tiene. ¿La rentabilidad? Es un año de cosecha normal, es similar o algo más a la del maíz, pero el año pasado fue malo para la remolacha.

¿Y es complicado trabajar la remolacha azucarera?

Yo hago muchas labores de tratamientos. Es un cultivo que te exige estar mucho en el campo, entrar mucho a la parcela, pero si te da seguridad de precio, eso no importa. Lo que ahora queremos es recuperar la producción de años anteriores para que no decaiga el cultivo.

¿Cómo ve el futuro de la remolacha azucarera en la zona?

Bueno, siempre que se mantenga en el tiempo las ayudas del Gobierno de Navarra, unos 500 euros por hectárea. Es muy importante para el medio ambiente y para la riqueza del suelo que se roten cultivos y eso hay que favorecerlo desde la Administración. La industria ya se está esforzando, pero sólo si tiene el respaldo de ayudas, es un cultivo interesante en zonas como esta donde no hay mucho para elegir.

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