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EMPRESAS

La navarra Erri Berri derriba el estadio Vicente Calderón

La empresa de construcción de Olite, con 30 años de vida, tiene previsto finalizar la obra de Madrid en diciembre

Foto de Lidia Úcar y Félix Azcona, jefa de obra y presidente, respectivamente, de Erri Berri, entre los escombros de Súper Ser.

Lidia Úcar y Félix Azcona, jefa de obra y presidente, respectivamente, de Erri Berri, entre los escombros de Súper Ser.

Actualizada 13/06/2019 a las 14:01
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Ver demoler los cines Carlos III, donde tantos pamploneses soñaron con Audrey Hepburn, tiene mucho de espectáculo; como lo es el derribo de las antigua fábrica de Súper Ser, cuando se cumplen estos días los 50 años del conflicto que tuvo la empresa con más de 700 trabajadores en vilo. Pero, derribar edificios de este calibre tiene, además de espectáculo, un ingrediente de mucho peso, como es el sentimental. Por eso y porque visualmente atrae la atención, y porque, en fin, ver caer a golpes parte de la historia (política, económica, cultural…) nos regocija y asusta al mismo tiempo, a Erri Berri, con sus grandes máquinas, se le ve y mucho. La palabra Erri Berri (Olite, en euskera) está presente en cualquier obra en la que haya algo que tirar. “Nos dedicábamos a excavaciones, pero la rentabilidad era mucho menor”, dice Félix Azcona, presidente de la compañía. Y empezaron a derribar y a seguir derribando. No han parado ni en la época de crisis. “En tiempos de crisis se derriba mucho, porque los bancos se quedan con inmuebles y viviendas sin terminar que acaban demoliéndose”, añade.

Las 60 máquinas y camiones con la marca navarra están repartidos por Navarra y por toda España. Cinco de estas máquinas están desde hace dos meses en Madrid, dando golpes al estadio de fútbol Vicente Calderón con diez trabajadores de Erri Berri. Fue una adjudicación directa y está previsto que las obras se alarguen hasta diciembre de 2019. La fecha exacta de finalización de la obra depende del desvío que hay que construir para acceder a la M30 para poder derribar la grada antigua, que está precisamente encima de la carretera. Como hacen en otras obras, el material no se retira porque se reutilizará para construcción, en este caso, del desvío y urbanización de la nueva obra.

Erri Berri no se estrena con el Vicente Calderón en el derribo de campos de fútbol. Tiene en su haber el Colombino de Huelva, el Carranza de Cádiz, la grada sur y norte de Anoeta, la grada sur del Betis y el estadio de Burgos. En el caso del Vicente Calderón, el objetivo es derribar el estadio completo para la construcción de viviendas.

Más cerca, en todos los sentidos, está el derribo de la antigua fábrica de Súper Ser, en Cordovilla, donde el edificio ya se ha reducido a escombros, pero donde siguen trabajando seis máquinas y cinco personas. Las obras comenzaron en abril y se terminarán en julio. Aquí el material resultante de la destrucción no se retira porque se recicla para la construcción posterior de la urbanización de la zona de Ikea. Para eso, hace falta preparar el material y meter las máquinas especiales de Contena, otra empresa del mismo grupo que se encarga del reciclaje. Son machacadoras y seleccionadoras que separan el hierro y los residuos plásticos y pétreos para poder ser reutilizados. “En la obra de Súper Ser se reutiliza el 90% del material y se recicla en la misma obra”, explica el presidente de la obra.

Contena es una de las empresas del grupo presidido por Félix Azcona, su fundador. Erri Berri, con 30 años de trayectoria, se constituyó en 1989, tiene la sede en Olite y oficina en Madrid. Dedicada a los derribos, es la empresa principal. A ella se suman Reciclajes y Derribos, dedicada a reciclar fuera de Navarra materiales de construcción; Zugar, que cuenta con 350 contenedores repartidos por Navarra para recoger el material y reciclar, tanto para el grupo como para externos; y Contena, que cuenta con una planta de tratamiento de RCD (Residuos de la Construcción), que ocupa 60.000 metros cuadrados en Muruarte de Reta.

CONSERVACIÓN DE CARRETERAS

Además, la empresa también se encarga de la conservación de las carreteras de Tudela y Tafalla, junto con Sacyr, y del mantenimiento de las calles de Pamplona, dependientes del ayuntamiento.

El grupo cuenta con 130 trabajadores directos, factura más de 30 millones de euros y en estos momentos, además de las obras citadas, trabaja en el derribo de la fábrica de Argal (en Pamplona), del de más de cien viviendas de la ladera de Yesa, de una manzana de viviendas en el centro de Burlada... A ello se une el derribo de fábricas en el puerto de Huelva, de una cementera en Molins, de una fábrica de aceite en Madrid (Cargill), de un hotel en La Moraleja... Y en su haber cuenta con el derribo de varias plazas de toros, la demolición de la empresa Campofrío (2014-2015) después del incendio y su posterior construcción en año y medio (“tiempo récord”, dice Azcona) y la cárcel de Pamplona, entre otros.

Desde su actividad como constructora, está trabajando con la empresa de energías renovables Enhol, para hacer las zanjas de la distribución del cableado, los accesos, los caminos y las plataformas donde se instala el aerogenerador y su cimentación. Un trabajo que ya habían hecho con anterioridad para Gamesa. Y en 2018 han construido viviendas en Tudela, el colegio de Buztintxurri..., entre otros proyectos.

Todo ello es una parte de lo que ha llegado una empresa que compró la primera máquina de demolición hace 30 años, cuando solo había una Guipúzcoa. Y que se ha especializado en la demolición y reciclaje después de los viajes de Félix Azcona y su cuñado José Luis Blasco Valencia, director de demoliciones, a Francia, Holanda y Alemania para ver y copiar lo que se hacía fuera y, sin saber el idioma, apuntarse a un curso en francés de demolición en La Rochelle, Francia. Con los años, la empresa también ha tenido experiencia internacional y ha derribado el puerto de Tánger (Marruecos, en 2014), una papelera en Suiza (2013) y ha trabajado en el desguace de barcos en Francia.

CON 18 AÑOS Y UN CAMIÓN

Félix Azcona Lacarra empezó a trabajar con 18 años y un camión. Sus padres, Félix y Yolanda, tenían un fábrica conservera en Olite, su pueblo. Se llamaba Zugar. Félix Azcona nació el 1 de agosto de 1957. 18 años después, en Lecumberri, la carretera le arrebató a sus padres en un accidente. A él y a sus tres hermanos pequeños. El menor tenía nueve años y Félix tuvo que empezar a ejercer de hermano mayor. Decidieron que lo mejor era cerrar la fábrica y Félix Azcona se montó en el camión, que tenía la conservera, y empezó a trabajar. De aquí para allá a las obras, llevando y trayendo grava, moviendo tierras… El hermano menor en cuanto pudo se incorporó con él a trabajar, mientras los dos medianos buscaron sus salidas de manera independiente.

Después de ese primer camión, llegó otro. Y otro. Luego, la compra de maquinaria vieja; después, menos vieja… Así, poco a poco, hasta hoy, cuando el grupo Erri Berri cuenta con 60 máquinas y 350 contenedores repartidos por todo el país. En estos momentos la empresa tiene 130 trabajadores y factura más de 30 millones de euros. Dice Félix Azcona, al mirar hacia atrás, que no se ha dado cuenta de cómo ha ido creciendo la empresa. ¿Un lumbreras visionario? “No, no. Las cosas han ido saliendo por su propio pie”, añade restando importancia a lo conseguido.

La empresa Erri Berri, dedicada, en un comienzo a las excavaciones y ahora fundamentalmente a los derribos, es familiar, lo que se dice familiar. En ella trabajan la mujer de Félix Azcona, María Ángeles Blasco Valencia, responsable de la parte económica. El matrimonio tiene dos hijas: Yolanda, de 28 años, directora general, y Beatriz, de 22 años, que está terminando el último curso de veterinaria. También trabajan en la empresa varios cuñados y los hermanos medianos de Félix Azcona que, con el tiempo, se incorporaron a la empresa, mientras que el pequeño se independizó. Félix Azcona, el presidente, aunque afirma que nunca dejará de trabajar, sí está ya ‘pasando los trastos’ a su hija, Yolanda Azcona, directora gerente. El grupo está formado por varias empresas. Una de ellas tiene un nombre especial. Se llama Zugar, en recuerdo de aquella conservera que tenía el matrimonio formado por Félix Azcona y Yolanda Lacarra.

 

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