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Acción Social Empresarial

El arte de conciliar fe y empresa

Acción Social Empresarial se presentó el pasado lunes en Pamplona como plataforma para aunar a los directivos, empresarios y profesionales de la empresa que profesan el catolicismo

El arte de conciliar fe y empresa

Luis Hernando de Larramendi durante la presentación de ASE en la CEN.

Sofía Úriz
08/05/2019 a las 06:00
  • C.L.
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Un empresario cristiano tiene que generar riqueza y repartirla muy bien pagando un justo salario, ofreciendo un producto o un servicio que sea necesario con una calidad digna y a un precio razonable, pagando a los proveedores puntualmente, contribuyendo a las cargas del Estado y, lógicamente, obteniendo una rentabilidad”. Con estas palabras describió el secretario de Acción Social Empresarial (ASE), Javier Otero de Navascués, la difícil misión de aquellos directivos y empresarios que son consecuentes con su creencias católicas. La asociación ASE, erigida por la Conferencia Episcopal Española en 1951, se presentó anteayer en la sede en Pamplona de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) con el objetivo de involucrar en sus actividades a todos aquellos empresarios, directivos y profesionales en la Comunidad foral que son creyentes.

Una difícil tarea con la que, tal como destacó el presidente de ASE, Luis Hernando de Larramendi, el empresario sigue siendo un agente capaz de crear valor y actividad económica, pero que lo hace “con principios”. “No hacen falta principios para generar actividad económica, pero sí son necesarios para que esa actividad sea sostenible y genere riqueza social”, expuso ante los asistentes. Hernando de Larramendi, que fue presentado por el presidente de CEN, José Antonio Sarría, recordó que la actividad económica es la que ha permitido que la esperanza de vida actual en el mundo se encuentre en torno a los 70 años o que el número de mujeres que acaba la enseñanza primaria sea mucho más elevado de lo que la mayoría piensa, aunque también reconoció que otras cosas que “están peor que antes”, como el medioambiente.

El presidente de ASE señaló que la vocación empresarial siempre ha sido compatible con la fe cristiana, una afirmación que respaldó con las enseñanzas que Martín de Azpilicueta, jurista, teólogo y economista navarro del siglo XVI, dejó sobre la importancia de los intereses para “cubrir la distancia entre el valor presente de la cosas, mayor, que las futuras” y que incluso adelantó conceptos como la inflación o el efecto sobre los precios de la oferta y la demanda.

Hernando de Larramendi elogió el impulso que muchas empresas están dando a la responsabilidad social corporativa, pero reclamó que estas iniciativas no solo fueran “pronunciadas”, sino “sentidas”. “Todo el mundo recordará el trucaje que los motores diésel de la afamada casa Volkswagen que tenía una memoria de responsabilidad social corporativa con cientos de hojas. No solo hace falta la literatura, sino la sustancia”, advirtió. Según explicó el presidente de ASE, un empresario o directivo cristiano tiene que hacerse “un examen de conciencia muy exigente y profundo de lo que tiene, puede y debe hacer”, un complicado equilibrio en la desafiante época de “las nuevas tecnologías, la robotización, el blockchain o la globalización”.


DECISIONES INESPERADAS

Por su parte, Otero de Navascués aportó su testimonio en la aplicación de los principios que promueve ASE, entre los que incluye el concepto de “subsidiariedad”. Este concepto ahonda en la “función esencial que debe cumplir la autoridad” que se concreta en la creación de un marco de obligaciones y deberes, delimitados con claridad, para cada miembro de la empresa.

“Las personas tienen que estar bien cualificadas para que puedan cumplir con sus obligaciones y deberes, para lo que también es necesario formarlas permanentemente. Finalmente, hay que dar libertad a los miembros de la organización a que actúen con iniciativa y tomen sus decisiones, aunque esto signifique que no vayan en la dirección que esperamos. Es la parte más difícil, pero a cambio logramos unos trabajadores que se sienten empresa y se logran unas mejoras sustanciales en el compromiso de los empleados”, aseguró.

 

Benjamín Echeverría, provincial de los Capuchinos en España y consiliario de ASE

“Espíritu de servicio frente al ejercicio autoritario del poder”

Benjamín Echeverría, consiliario de Acción Social Empresarial (ASE) y provincial de los Capuchinos en España, definió la vocación empresarial como “un genuino llamamiento humano y cristiano”. Durante su intervención en la presentación de la asociación ante los asistentes en la sede de la Confederación de Empresarios de Navarra, Echeverría recordó que todas las personas tienen el deber de colaborar “con Dios en la obra de la Creación”, una obligación que deberían observar “en especial” los líderes empresariales cristianos, cuya actividad debería guiarse por “criterios ético-sociales”.

El consiliario de ASE expuso que el cristiano “no lo es tanto por lo que dice sino por lo que hace”, algo que “muchas veces no resulta fácil armonizar en la vida práctica”. En ese sentido aconsejó a los presentes adoptar la misma actitud “al servicio de los demás” que practicó Jesús cuando lavó los pies de los discípulos. “El liderazgo con espíritu de servicio es diferente al ejercicio autoritario del poder, presente con demasiada frecuencia en las empresas. Este tipo de liderazgo distingue a los ejecutivos cristianos y al ambiente de trabajo que buscan fomentar”, aleccionó.

Echeverría también alertó de los “peligros” que se ciernen sobre la vida del empresario, entre los que incluyó “la vida dividida” en referencia al “divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos”. También mencionó “la idolatría”, que surge cuando “el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio, cuando se persigue la tecnología por sí misma, cuando la riqueza personal o la influencia política dejan de servir al bien común”.
Peligros a los que habría que sumar, según el consiliario, “las presiones que tienen que soportar los empresarios y directivos, que pueden llevar a olvidar la palabra del evangelio en sus actividades profesionales”. Situaciones que pueden llevar a creer “falsamente” que la vida profesional es incompatible con la vida espiritual y les lleva a poner “excesiva confianza” en los recursos materiales o en el éxito mundano. “Cuando esto sucede, los líderes corren el riesgo de anhelar el estatus o la fama por encima de los logros perdurables y se exponen a perder el buen juicio. Los líderes pueden verse tentados por el orgullo, la avaricia, la ansiedad para reducir la finalidad de la empresa exclusivamente a maximizar beneficios, aumentar la cuota de mercado o por algún otro bien exclusivamente económico”, aconsejó Echeverría.

 

 

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