Suplemento Industria
Siderometalurgia: La incertidumbre ralentiza su marcha
Pese a la mejora del consumo y a la recuperación del ladrillo, la incertidumbre en la automoción y el miedo a una nueva crisis, han ralentizando la marcha de un sector acostumbrado a los vaivenes. En el diésel, en las nuevas tendencias de movilidad, en la transición energética y en la industria 4.0 están sus grandes desafíos


Actualizado el 20/04/2019 a las 06:00
Hace 60 años un equipo de industriales capitaneado por José Luis Várez Fisa (Barcelona, 1928- Madrid, 2014) tuvo que convencer a todo un pueblo, Lesaka, de los beneficios que podía aportar la industria pesada a una comarca eminentemente rural. Várez Fisa, que llevaba varios años en el negocio del acero y tenía una visión clara de su transformación, vislumbraba la futura Laminaciones de Lesaca, S. A. como una fábrica de unos 200 trabajadores y una producción de 70.000 toneladas. Pero para su sorpresa, a mediados de los 70 ya empleaba a 2.000 personas y su producción superaba las 800.000 toneladas con centros en Legasa, Arratzubi y Luberronso, además de una extensa red comercial que prácticamente cubría toda la península. Pese al extraordinario crecimiento de esos primeros años de andadura, pocos imaginaron que tras superar un sinfín de huelgas, movilizaciones y cambios de propiedad, Laminados de Lesaca, que pasó primero a depender de los Altos Hornos de Vizcaya, iba a terminar formando parte del mayor grupo siderúrgico del mundo: ArcelorMittal, desde donde lidera el mercado de productos de acero prelacados, lo más vendido de la siderurgia navarra, y con plantas, además de en Lesaka, en Legasa y Berrioplano a las que están adscritos 286 trabajadores.
En 2017, últimos datos disponibles, salieron desde la Comunidad foral 183 millones de laminados de acero, casi un 10% más que en el ejercicio anterior. Bajo esta denominación se esconden las bobinas de chapa pintada y electrocincada que el gigante siderúrgico fabrica en los dos centros navarros, capaces de procesar 550.000 toneladas al año en sus tres líneas. La de Lesaka, de la que dependen 180 trabajadores, es la de mayor tamaño. El pasado verano celebró su 60 cumpleaños y es el auténtico sostén de la ocupación de la localidad de apenas 2.700 habitantes y donde asegura la nómina, de forma directa e indirecta, de más de 600 trabajadores. Su ejemplo sirve para ilustrar el devenir de un pujante subsector económico, el siderometalúrgico, y el estratégico papel que a lo largo de estos años ha jugado en la economía foral. En 2017 (últimos datos disponibles) facturó 2.554 millones, un 19% más que en el ejercicio precedente y casi el 13% de las ventas totales de la industria navarra. Los constantes vaivenes a los que se ven sometidas muchas de sus empresas, sobre todo las multinacionales, tienen su origen a muchos kilómetros de distancia. Se deben en buena medida a decisiones marcadas por la geopolítica, como las medidas proteccionistas aprobadas por la administración de Donald Trump, que ha impuesto aranceles al acero y al aluminio y han terminado desembocando en una avalancha de importaciones de productos planos de los países afectados por las tasas arancelarias que está afectando a la situación del mercado y por ende a sus empresas.
LA CONSTRUCCIÓN TIRA DE LAS VENTAS
La siderometalurgia navarra aporta casi el 18% del VAB (Valor Agregado Bruto) de toda la industria: 757,5 millones. El crecimiento de su cifra de negocio -con la crisis llegó a perder el 23%- ha ido a la par del propio crecimiento de la economía y, en fechas más recientes, de la recuperación del sector de la construcción, su principal consumidor junto a la automoción que, por el contrario, vive momentos de gran convulsión con retos de calado a los que dar respuesta: desde la crisis del diésel, a las nuevas tendencias de movilidad o la llamada industria 4.0.
La actual situación de incertidumbre, tanto política como económica, parece haber empezado a trasladarse ya al sector y algunas de sus empresas, sobre todo las de menor tamaño, han empezado a percibir un parón tanto en inversiones como en contrataciones.
A este subsector se circunscriben 664 empresas, compañías de las que dependen, según los últimos datos disponibles, 10.900 trabajadores. La mayoría, pymes -el tamaño medio de sus empresas es de 16,4 trabajadores- que fabrican desde tubos a perfiles, estructuras metálicas, carpintería, productos de alambre y cubren las diferentes fases de la cadena productiva. Pero hay también fundiciones de gran tamaño como Fagor Ederlan (antigua Victorio Luzuriaga), con 700 trabajadores en Tafalla y motor de empleo y actividad en la ciudad del Cidacos y en el resto de la Zona Media con muchos vecinos de otros municipios empleados en esa factoría. Fagor convierte el hierro fundido en sus hornos en bloques de motor para coches y vehículos industriales y de ahí que sus directivos traten de adelantarse al impacto que la descarbonización del transporte tendrá sobre su actividad. En 2018 su facturación creció un 13% y logró captar nuevos proyectos que le han ayudado a consolidar y diversificar su cartera de pedidos.
Además de ArcelorMittal, Navarra cuenta otras multinacionales de primer nivel como Gestamp, fabricante de componentes de automoción que ha celebrado este año su 30 cumpleaños en Navarra con récord de facturación, Gonverri Steel Service, a la que pertenece Gonvauto Navarra, que suministra desde Noáin acero plano y aluminio a los principales fabricantes del sector de la automoción, o Sapa Profiles (desde 2017 integrada en el grupo noruego Hydro Extrusion Spain, uno de los líderes mundiales en el sector integrado de aluminio). Hydro Extruded Solutions Navarra cuenta en Irurtzun con uno de los siete centros productivos que tiene en España dotado con dos prensas, centros de mecanizado, laboratorio y una fundición propia, que le permite generar aleaciones a medida de las necesidades del cliente.
Empresas todas ellas para las que los temas energéticos y los ligados al cambio climático tienen una importancia capital. Se trata de compañías muy intensivas en capital que adoptan sus decisiones de inversión a muy largo plazo por lo que necesitan un marco regulatorio (en materia fiscal y laboral, fundamentalmente) estable. Como razona el director general de la patronal siderúrgica Unesid, Andrés Barceló, las medidas de salvaguarda comercial que la UE impulsó el año pasado para impedir la entrada en su mercado de acero rebotado de EEUU no han evitado la “avalancha” de importaciones de países como Turquía que hasta ahora tenían a Estados Unidos como destino preferente de sus exportaciones. Las importaciones de acero de Turquía a España crecieron el año pasado un 52% hasta superar el millón de toneladas. Se trata del segundo volumen más elevado de la serie histórica y supone, aproximadamente, el 10% de las compras al extranjero del país. “Europa es una puerta abierta. Nuestro arancel siderúrgico es cero”, explica. Barceló reconoce que el producto plano ha notado cierta desaceleración y que las empresas han tenido que ajustar producción y demanda. Sin embargo, la menor demanda del sector de la automoción se ha podido compensar con el crecimiento que está experimentado la construcción, sobre todo la residencial, donde sigue habiendo, sostiene el directivo, margen de mejora. Como apunta el secretario de la Federación de Industria, Construcción y Agro (FICA) de UGT; Lorenzo Ríos, la construcción ya genera uno de cada dos empleos que se crean lo que está repercutiendo en el consumo interno y en la demanda pero habrá que estar, advierte, muy pendientes a su evolución futura para no cometer los errores del pasado.
EL RETO ENÉRGICO
Entre los desafíos a los que la siderometalurgia todavía debe dar respuesta está el tema energético, con un diferencial de entre 14-15 euros megavatio con Alemania en el precio de la producción eléctrica. “De todos los insumos de la siderurgia española sólo dos son puramente locales: el precio de la energía y la mano de obra”, apunta el director general de Unesid. Otro de los desafíos a los que se enfrentan es el de la robotización y automatización que impone la denominada cuarta revolución industrial.
A multinacionales como ArcelorMittal el hecho de que para este año se prevea otro aumento moderado de la demanda de acero les está permitiendo continuar con su actividad sin grandes sobresaltos pese a los riesgos macroeconómicos y a la persistencia de la problemática sobre la sobrecapacidad. Como explica su director de comunicación para España, Alberto Carrero, el segmento de la construcción es el que presenta las perspectivas más favorables debido al alto crecimiento en 2018 -que se prevé se mantenga también este año y en 2020- del segmento de construcción, especialmente el de las grandes naves dedicadas a la distribución digital (Amazon, Lidl, Ikea…). La multinacional, que tiene en Berrioplano la sede de su negocio de Construcción España, ha lanzado un producto que ofrece soluciones a las edificaciones para la distribución del comercio digital: Ondatherm deck. “Es un producto totalmente industrializado para cubiertas con pendientes inferiores al 10% denominadas cubiertas deck. El nuevo sistema sustituye a las soluciones tradicionales que unían manualmente los componentes en la propia obra. Ahora todos los elementos llegan fabricados y garantizados desde la fábrica”, explica Carrero. La planta de Berrioplano, en la que trabajan 36 personas, cuenta con cinco líneas de fabricación: paneles sándwich para cubiertas, fachadas, módulos y cámaras frigoríficas, perfiles y chapa lisa y rematería.
El sector industrial, al que se circunscriben las plantas de Lesaka y Legasa, se comportó de forma similar al propio crecimiento económico. Aunque 2019 arrancó, en palabras del directivo, de forma “titubeante” para las plantas navarras y la baja demanda forzó la aplicación de un ERTE, la cartera de pedidos está aumentando en el segundo trimestre del año.