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Farmadosis, una expendedora de pastillas que controla la medicación

El ingeniero navarro Asier Zubillaga está detrás del revolucionario sistema robotizado

Asier Zubillaga Cerdán posa junto a una de las máquinas que ya ha conseguido llevar a 25 países.

Asier Zubillaga Cerdán posa junto a una de las máquinas que ya ha conseguido llevar a 25 países.

Actualizada 18/04/2019 a las 16:46
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Tan fácil como comprar una lata de Coca-Cola en una máquina expendedora, pero con receta médica. Así de sencillo pueden obtenerse las dosis exactas de medicación pautadas por un médico con el revolucionario sistema que ha ideado el ingeniero navarro Asier Zubillaga Cerdan.

Una solución integral totalmente automatizada y robotizada que no sólo facilita el trabajo del farmacéutico sino que permite controlar todo el circuito de la medicación de forma segura y optimizar los procesos y la trazabilidad de los fármacos. La parte más visible del proyecto que está detrás de su empresa, Farmadosis, con oficinas centrales en Palma de Mallorca y un centro logístico en Terrassa (Barcelona), es una máquina expendedora tipo vending que es capaz de preparar bolsitas personalizadas de medicación con toda la información necesaria: la caducidad, las instrucciones, el número de serie que se corresponde con el paciente…

El sistema que ofrece Farmadosis comienza mucho antes, justo cuando el facultativo receta la medicación y garantiza a través de una aplicación una completa interacción entre médicos, enfermeras, farmacéuticos y el propio paciente o sus familias posibilitando que la información vuelva al médico. Cada embalaje que sale de la máquina integra un pequeño circuito eléctrico que permite saber si la pastilla en cuestión se ha tomado o no de forma correcta. “Nos faltaría meter un chip en cada comprimido para saberlo con total certeza. Pero crear algo prácticamente invulnerable es muy difícil y atentaría contra la privacidad de las personas”, asume.

Farmadosis nació en 2012 y desde entonces no ha dejado de crecer. Está duplicando facturaciones y la previsión es alcanzar los 7 millones de facturación el próximo año.

Todo, asegura su CEO, con recursos propios. Un crecimiento que le ha llevado a plantearse abrir la empresa a capital externo. Sus servicios han llegado ya a 25 países, desde Australia a Colombia, a través de una completa red de partners: Pikpakplus (Irlanda), Objetiv PDA (Francia), Blister Automaten (Alemania), Medmanagement (Reino Unido) Packing Solution (Holanda), Metesa (Dinamarca) y Grupo Afín (Sudamérica).

La compañía, cuenta Zubillaga, actual CEO de la compañía, surgió de una necesidad. Su mujer, farmacéutica, había empezado a servir medicamentos a residencias de ancianos. “Al principio era sencillo, pero los encargos fueron creciendo y eso complicó mucho la preparación de los kits personalizados de medicamentos por el volumen de personal que requería y los problemas de seguridad”. Asier había estudiado arquitectura técnica en Pamplona y después completó su formación cursando ingeniería cuando se trasladó a Mallorca, junto a su actual mujer. Terminó abriendo un despacho especializado en construcción en la isla en el año 2006 con otro ingeniero barcelonés. La crisis inmobiliaria a punto estuvo de arruinarles. Pero aquello duró poco. Cuando se puso a sondear el mercado en busca de “una máquina que le facilitara el trabajo a Elena (su mujer)” se dio cuenta de que no existía ninguna y decidió crearla.

Al principio, de la mano del laboratorio canadiense Apotex que había empezado a hacer en Cataluña un proyecto piloto de SPD (Sistema Personalizado de Dosificación). Junto a su socio catalán se dedicó primero a ofrecer ingeniería de software a las farmacias, pero ya en 2014 comenzaron a desarrollar su propio hardware y a diseñar las máquinas. Primero encargaron su producción a China y a Corea, “era más sencillo hacerlo allí”, pero, ahora, “estamos tratando de traer el know how a la industria española”. De momento, han empezado a fabricar máquinas en Bilbao y Alicante.

La clave de Farmadosis, asegura, está en la informática. El sistema que han desarrollado es capaz de abrir los blíster, colocar la medicación en bolsitas individuales con un número de serie único que corresponde a cada paciente y supervisarlo con un sistema de visión artificial para garantizar que no haya errores. “En la manipulación humanas los errores pueden llegar hasta el 20%, pero con nuestras máquinas -fabrican más de 20 modelos diferentes- prácticamente no existen”. La empresa tiene 40 empleados en plantilla y de ellos 20 se encuadran en el departamento de I+D donde invertirán dos millones de euros en un plazo de tres años.

20 MODELOS DIFERENTES

Farmadosis vende sus máquinas a farmacias, pero también a hospitales y a centros sociosanitarios. Adapta sus productos -fabrican más de 20 modelos diferentes- en función del país al que exporten y de las necesidades de cada cliente. Las máquinas más grandes, implantadas en hospitales de China y Tailandia, permiten atender hasta 20.000 pacientes al día, y rozan el millón de euros, pero, asegura, a partir de los 100.000 euros la calidad que ofrecen las máquinas es ya notable. Su producto, asegura su CEO, no es solo una dispensadora de pastillas, sino que tienen un sistema con todas las pautas médicas necesarias para el personal sanitario, de forma que el paciente pueda ser atendido tanto en centros públicos como privados.

Como explica Zubillaga, “nuestros programas de software analizan incompatibilidades de los medicamentos, dosis máximas o mínimas o una duplicidad de las tomas”. Esta distribución de las medicinas pasa por el jefe de farmacia, quien verifica las dosis una vez se analizan esos datos y se pasa al sistema de producción de recetas y reparto de las tomas.

Los ámbitos a los que ahora quieren extender sus productos son tanto la farmacia hospitalaria como los centros sociosanitarios y residencias, que no tienen por qué ser necesariamente de ancianos, sino también residencias de día y discapacitados. Zubillaga asegura que están teniendo una gran repercusión en pisos tutelados. Entre las virtudes del software y hardware de su empresa está la de poder recopilar el historial médico íntegro del paciente de cualquier centro en el que haya sido atendido.

Farmadosis ha instalado más de 600 robots SPD en todo el mundo. Son capaces de dispensar hasta tres bolsas con seis u ocho pastillas por segundo y de verificar que no incluyan medicamentos que generen incompatibilidades o que haya una sobre dosis, entre otros errores. Están teniendo un gran éxito en países como Inglaterra e Irlanda. Allí trabajan en un proyecto con el sistema nacional de salud que empezó siguiendo la medicación a 200.000 personas en Belfast y llegará hasta los dos millones. En España sus clientes se reparten por Cataluña, Barcelona y Madrid. Hay más de 200 farmacias con sistemas totalmente automatizados y otras 500 que ya aplican soluciones semiautomáticas. De momento, las máquinas de Farmadosis no han llegado a la Comunidad foral aunque Zubillaga ha iniciado conversaciones con algunos centros, entre ellos, la residencia de ancianos Casa de Misericordia, Hermanas Hospitalarias, con 65 hospitales repartidos por toda España, y el propio Hospital de Navarra. “Navarra ha sido pionero en muchos temas sanitarios. De hecho, ha sido la primera provincia en sacar una normativa SPD para farmacias. Nos gustaría estar aquí”.

La Organización Mundial de la Salud calcula que el 50% de los tratamientos no se toman de forma adecuada y, razona el ingeniero navarro, si a eso le sumamos el cambio social que estamos viviendo, el reto al que nos enfrentamos para que el sistema de salud siga siendo viable es de gran magnitud. “En diez años toda la medicación se servirá de forma personalizada. Los gobiernos van a tener que evolucionar. Inglaterra ya paga por servicios al farmacéutico”, concluye.

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