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El nuevo Javier llega a los 50

  • La cada vez mayor afluencia de peregrinos obligó en 1964 a liberar el entorno del castillo de Javier

De izquierda a derecha posan los vecinos Celia Pérez Martínez, José Mª Guindano Ciprés y Corpus Jaria Orduna.

De izquierda a derecha posan los vecinos Celia Pérez Martínez, José Mª Guindano Ciprés y Corpus Jaria Orduna.

ASER VIDONDO
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14/06/2014 a las 06:00
  • ASER VIDONDO. Javier
La salida fue, en muchos casos, precipitada. "No nos habíamos ido todavía y ya empezaban a desmontar el tejado de nuestra casa. Tuvimos que sacar todos los enseres corriendo". Celia Pérez Martínez tiene hoy 85 años. En 1964, y como al resto de vecinos de Javier, le cambió por completo la vida. Por iniciativa del padre jesuita José María Recondo se determinó conveniente liberar de edificaciones el entorno del castillo ante la cada vez mayor afluencia de peregrinos al santuario, cuna de San Francisco Javier y destino de las Javieradas desde los años 40.

Justo allí, en lo que hoy es la explanada del castillo, estaban unas casas, propiedad de la duquesa de Villahermosa, en las que vivían arrendadas 18 familias que trabajaban en el campo como renteras. Fueron derribadas una vez construido un nuevo pueblo a 500 metros al que se trasladaron los vecinos. Y, de todo aquello, ahora se cumple medio siglo.

"Hubo muchas reticencias de la gente a moverse, y también mucha división de opiniones sobre dónde poner el nuevo pueblo. Luego, los comienzos aquí fueron difíciles, pero hoy estamos encantados", destacaba el pasado miércoles otra de las vecinas, Corpus Jaria Orduna, de 82 años. Su caso, además, fue especial. "Fuimos la primera familia en llegar. Era el 6 de julio de 1964 y, ese día, estrené pueblo, casa y casi marido, pues me había casado hacía sólo dos meses con Ángel Abadía Zorroza", recordaba.

Originalmente, la Diputación foral y el Patronato Artístico Nacional construyeron la explanada, la zona turística y el nuevo pueblo de 18 casas "amplias y sólidas de tres tamaños". Disponían todas de un patio con cuadras, gallinero y almacén o garaje. "Las familias tenían caballerizas para trabajar el campo, vacas, cabras... Y todo eso parece que molestaba cerca del castillo", reflexionaba por su parte otro vecino, José Mª Guindano Ciprés, que hoy suma 73 años. Recuerda del antiguo pueblo "las colas en la plaza para coger agua de la fuente o la expectación ante el paso de los autobuses de La Roncalesa 4 veces al día".

UN NUEVO PUEBLO

Poco a poco, y a lo largo de aquel verano, las 18 familias se fueron trasladando al nuevo pueblo. "Al principio era muy triste. Estábamos solos y agradecíamos la visita de cualquiera", destacaba Corpus Jaria. Contaban con algunos adelantos como agua corriente, electricidad o teléfono en todas las casas que, "sin duda, eran de mejor calidad que las del pueblo viejo".

Estas nuevas viviendas, que se repartieron por sorteo, entonces eran todavía propiedad de la duquesa de Villahermosa, hasta que en los años 80 se vendieron ya a sus habitantes. También se construyó una casa consistorial y se trasladó a la zona el convento de las Misioneras de Cristo Jesús, mientras se mantuvieron en su lugar la parroquia y el cementerio. Quienes disponían en el pueblo viejo de espacios de atención al turista como tiendas u hostales, recibieron otros en la zona turística que se habilitó.

Con el paso de los años, los vecinos han ido reformando sus viviendas, poniendo calefacción o reconvirtiendo los espacios antes pensados para animales en garajes, bajeras, patios o txokos. Además, se acometieron obras de redes de abastecimiento y saneamiento, y se construyeron otras 5 casas y unas piscinas que "son el punto principal de encuentro del pueblo en verano", dicen. El espacio que ocupaba la escuela, en la casa consistorial, pasó a ser el consultorio médico.

Javier tiene hoy 115 vecinos censados, población que se multiplica en vacaciones y verano gracias a la llegada de hijos y nietos de los vecinos que viven fuera. "Estamos aquí muy bien, en un pueblo muy bonito y muy tranquilo. ¿Qué más podríamos pedir? Bueno, quizá algo más de juventud o que nos rejuvenezcan a los que estamos, que somos ya muy mayores", ironizaba Corpus Jaria.
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