Iglesia

El misterio de la campana enterrada 

Una mole de 300 kilos fue descubierta en los años 80 junto a un arroyo de Etxarri Aranatz. Pudo ser robada y trasladada por los arrieros para ser fundida. Donada a la parroquia, viajará a Austria para eliminar sus fisuras y el daño de un impacto de bala

Un grupo de vecinos rodea la campana que será enviada a Austria para eliminar sus fisuras y los daños de un impacto de bala.
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Un grupo de vecinos rodea la campana que será enviada a Austria para eliminar sus fisuras y los daños de un impacto de balaMIKEL AUZMENDI
Un grupo de vecinos rodea la campana que será enviada a Austria para eliminar sus fisuras y los daños de un impacto de bala.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 04/10/2026 a las 05:00

¿Qué hacía una campana enterrada en una de las márgenes del arroyo Elkorri? La respuesta pervive como un misterio en Etxarri Aranatz. La creencia sostenida desde que fue descubierta en 1984 apunta a un tipo de argucia que se practicaba en la ruta comercial entre la meseta y la costa guipuzcoana. 

El alto de Lizarrusti era paso obligado de los arrieros. Al parecer, por la tradición oral conservada, el transporte incluía mercancías legales y otras que tenían sus orígenes en actividades fraudulentas y delictivas. Por ese legado transmitido de padres a hijos, que incluye tradiciones, costumbres e historias, se cree que campanas sustraídas en pueblos del interior viajaban ocultas en barriles de vino. 

Lo cierto es que, –como apunta Mikel Auzmendi, a la sazón campanero de Etxarri Aranatz–, “eran frecuentes los controles de la Guardia Civil” y de sus antecesores en cuestión de vigilancia en los límites con Gipuzkoa para comprobar la veracidad de las cargas. No es extraño que, en tal menester, inspeccionasen el género con golpes laterales en toneles y otros soportes de transporte. 

Las campanas robadas tenían un destino: la localidad guipuzcoana de Lazkao donde el bronce fundido servía de materia prima en la fabricación de balas. He de aquí que en uno de esos viajes azarosos de contrabando, los portadores optasen por desprenderse de una unidad metálica y de colocarla en lugar secreto por si la suerte les acompañase otro día de vigilancia liviana. El caso es que tal día nunca llegó porque la campana quedó oculta junto al arroyo de Elkorri. La secuencia da un salto en el tiempo hasta detenerse en el año 1984.

Vídeo: vista circular aérea del campanario de Etxarri Aranatz en el que se observan las seis campanas

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Vídeo: vista circular aérea del campanario de Etxarri Aranatz en el que se observan las seis campanasMikel auzmendi

 Por un informe, elaborado por el sacerdote Miguel Ángel Sagaseta Ariztegi, gran estudioso del folclore, tradiciones e historia apegada a los pueblos, se sabe que cierto día “Saturnino Zabala –natural de Etxarri, casado con Pilar Lakuntza y residente en Lizarragabengoa– se encontraba buscando setas en la zona comprendida entre Elkorrin, Arginburueta y los antiguos terrenos de Quifosa”. 

El relato, adscrito en su conjunto a la documentación enviada por la parroquia para solicitar ayuda en el arreglo de la campana, prosigue con su hallazgo más que sorprendente. Atento a cualquier rastro micológico, la mirada del recolector se posó sobre un objeto, al parecer de metal, que distorsionaba el conjunto natural. Mostró al principio su cautela para luego aproximarse y comprobar que era una campana enterrada. Intentó con su Land Rover extraerla pero recurrió a la ayuda de un familiar para, con ayuda de un tractor, finalmente liberarla de su lugar de reposo por tiempo desconocido. El descubrimiento fue todo un acontecimiento para Etxarri Aranatz. “Era un sábado de julio de 1984” cuando la curiosidad asomó en el vecindario, por los detalles precisos recogidos en el informe de Miguel Ángel Sagaseta.

 REPARACIÓN EN AUSTRIA

La familia de Saturnino Zabala como también el sacerdote “dieron voces por el valle durante 10 años” para tratar de identificar la pertenencia y origen del bronce, según recuerda Mikel Auzmendi. No hubo respuesta. Y he de aquí que la familia del descubridor, fallecido en 1990, optó por donarla a la parroquia de Etxarri Aranatz por ser lugar de culto de referencia. 

Ahora bien, según la documentación histórica, fue preciso abrir hueco en el campanario para cobijarla. “El 28 de septiembre de 1995” fue izada a las alturas, y “bendecida por Fermín Gorraiz el 15 de octubre” en un ritual que contó con un ilustre testigo: el Ángel de Aralar. 

De 300 kilos y una altura de 90 centímetros, con una boca de las mismas dimensiones de diámetro, el desgaste del curso del tiempo obligó semanas atrás a descenderla del campanario. Tendrá como destino un taller de Austria especializado en la aplicación de una técnica específica que sirva para eliminar las fisuras que presenta y los daños sufridos por un impacto de bala, de origen incierto y misterioso. 

Vídeo grabado con un dron del trabajo de desmonte de la campana de Etxarri-Aranatz que se ha llevado a restaurar

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Vídeo grabado con un dron del trabajo de desmonte de la campana de Etxarri-Aranatz que se ha llevado a restaurarmikel auzmendi

El viaje al país centroeuropeo añadirá un nuevo capítulo al periplo desconcertante de una campana que presenta en su parte superior la inscripción ‘Sancta Barbara ora pro nobis. Año 1780’. A la base se puede leer el acrónimo ‘JHS (Jesus Hominun Salvator)’. Incorpora además la leyenda ‘Agustin Dàlbar me fecit M.E.’, grabada a modo de sello. El conjunto de lemas tallados en la piel de bronce es el único rastro de una campana, envuelta en el misterio de su procedencia. Cuando regrese de Austria, su sonido quedará ensamblado al que emitan las otras cinco que componen el campanario de un pueblo con buen oído musical.

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