En primera persona
Así fue el histórico reencuentro de los pelotaris Abel Barriola, Mikel Goñi, Titín III y Miguel Merino durante el homenaje a Gorka Goñi en Elizondo
Crónica de la hora y media en la que compartieron vestuario y cancha durante una jornada solidaria que reunió a cerca de un millar de personas para arropar a Gorka Goñi Mendiburu, de 17 años, que sufrió una sepsis meningocócica, y a su familia

Publicado el 30/09/2026 a las 05:00
El frontón Juanjo Atxa Mindegia de Elizondo reunió el sábado pasado a cerca de un millar de personas por Gorka Goñi Mendiburu. El joven de Elbete de 17 años sufrió una sepsis meningocócica fulminante en enero de este año que le obligó a afrontar varias operaciones. Como consecuencia de la enfermedad, perdió tres extremidades: ambas piernas y el brazo izquierdo.
Nueve meses después, el pueblo de Elbete y la familia de Gorka, con la colaboración del Ayuntamiento de Baztan y Txaruta, organizaron 'Zurekin Bat'. La jornada nació para rendir homenaje al joven y a su familia y agradecer el apoyo de todas las personas que los han acompañado y ayudado durante estos meses. El programa comenzó a las 16.30 horas en el frontón Juanjo Atxa Mindegia. El homenaje permitió reunir sobre la cancha a cuatro nombres que formaron parte de la historia de este deporte: Abel Barriola, Mikel Goñi, Titín III y Miguel Merino.
La tarde empieza el sábado mucho antes de que los cuatro pelotaris salgan al frontón. Esta es la crónica de lo que no se vio, en el interior del vestuario, y lo que sucedió gráficamente en la cancha.


DENTRO DEL VESTUARIO
Abel Barriola es el primero. Se coloca a la izquierda, bajo la ventana. Falta todavía una hora y media para que comience el partido. El antiguo campeón ya está sentado. Mira fijamente sus manos, ocupado en un ritual que conoce de memoria. El mismo que dejó atrás cuando se retiró hace nueve años y que lleva todo este tiempo sin repetir.
Una tira de esparadrapo. Otra. Los tacos y las protecciones adhesivas y amortiguadoras, colocados estratégicamente sobre las palmas y los dedos para soportar el impacto de la pelota.
Han pasado nueve años desde su retirada. Desde entonces no ha vuelto a disputar un partido de estas características. Después entra Mikel Goñi y se sienta frente a él.


Y comienzan las risas.
—¿Y tu camiseta? —pregunta Goñi.
—No tengo. He comprado ahora para el partido. Y lo más barato —responde Barriola.
Mikel Goñi, que continúa jugando partidos, busca rápidamente una solución. Saca un par de camisetas azules suyas y se las ofrece.
—Lo que pasa es que lleva mi nombre detrás (ríe). Le ponemos luego cinta por encima. Esta está húmeda de ayer, recién lavada porque tuve partido ayer. Ponte esa otra.
La conversación continúa mientras preparan las manos. Hablan de los tacos, de las protecciones, de las sensaciones, de tiempos pasados y presentes. Las pequeñas tiras adhesivas se acumulan sobre la pared antes de acabar ajustadas a dedos y palmas.


En el vestuario se escucha el sonido seco del esparadrapo al romperse. Primero apoyan las tiras sobre el pantalón o el muslo. Después, en la pared. Finalmente, las llevan hasta las manos.
El siguiente en entrar es el riojano Miguel Merino. Se sienta a la derecha de Barriola.
Merino abraza a Goñi y, mirando a Barriola, bromea:
—Este lleva dos horas aquí.
—Desde ayer —responde Goñi.
Barriola suelta una carcajada.
Viejos compañeros y rivales vuelven a compartir vestuario por una causa solidaria. Goñi se levanta para ajustarse la faja y mira a Barriola.
—Después de ponerte hoy los tacos deberías volver a los frontones.
—No, no, no —responde entre risas el de Leitza y vecino de Berriosuso.
Goñi insiste. Tiene partido también al día siguiente y quiere quitar de la cabeza de todos cualquier idea de despedida.
—Sacaos de la cabeza que es el último partido de Mikel Goñi, que yo todavía...
En la intimidad del vestuario cuenta también que está preparando una miniserie sobre su vida. Y vuelve a la carga con Barriola. Trata de convencerlo para formar pareja unos cuantos años más.
—Cuatro o cinco más.


Más risas. Y aparece Titín III.
A una hora del comienzo llega el último de los cuatro protagonistas.
Nada menos que Titín III.
Entra repartiendo abrazos.
—Estoy jodido, pero contento.
Durante unos instantes, la conversación cambia de tono. Ha fallecido Fernando Vidarte, una figura clave en la historia reciente de la pelota, y su nombre aparece inevitablemente en el vestuario.
Titín III se hace un hueco en el banco junto a Merino. Los tres quedan frente a Goñi.
Entonces vuelve a abrirse la puerta.


Otra sorpresa.
—¡Mira, Otxando! —exclama Titín.
Es Iñaki Otxandorena.
Llegan los abrazos fuertes, las palmadas en la espalda y nuevas carcajadas.
Goñi examina a Otxandorena de arriba abajo.
—Pero mira qué cuerpo. Estás para salir a jugar.
—Al mus, igual —contesta Otxandorena.


Algunos aficionados llaman para conseguir firmas en pelotas y camisetas. Entre broma y broma, los pelotaris también hablan de la expectación que ha despertado el homenaje. Días antes ya se habían vendido más de 500 entradas. Las manos cuentan la historia
Antes de salir a la cancha comienzan a probar pelotas en el propio vestuario. Meñiques deformados. Falanges que recuerdan partidos y lesiones. Se fijan especialmente en uno de los dedos de Goñi.
—Tu dedo es espectacular —suelta Barriola.
—¡El dedo del pecado! —responde Goñi entre risas.
Detrás de aquella deformidad hay un partido que recuerdan como si fuera ayer.
—Metí el dedo en la chapa jugando con Titín III. Yo estaba con Lasa y tú estabas de pareja con Berna. Y os íbamos ganando fácil.
Otra vez las risas.


Las pelotas golpean ya contra la pared del vestuario mientras, desde fuera, comienza a colarse la música de la charanga.
El partido está cada vez más cerca.
Mikel, hermano de Abel Barriola, da las últimas indicaciones antes de que los pelotaris abandonen el vestuario.


UN FRONTÓN LLENO POR GORKA
Los joaldunak de Aurtitz entran entre aplausos. También participan las pelotaris de Ados Pilota. Mujeres y hombres posan juntos antes del comienzo de los encuentros. Y allí está Gorka Goñi Mendiburu. Avanza en su silla de ruedas hacia los pelotaris. Nueve meses después de aquella noche de enero, cientos de personas llenan el frontón para estar a su lado.


El primer partido termina con victoria por 22-15 de Ruiz de Larramendi y Mujika ante Iturriaga y Orbegozo. Después llega el momento que buena parte del público espera.
Barriola, Mikel Goñi, Titín III y Merino vuelven a reencontrarse en una cancha.
Alguien en la grada habla de "viejas glorias". Con cerca de un millar de personas coreando a los navarros, el partido se desarrolla con intensidad. Hay carreras y momentos en los que toca doblar el espinazo para alcanzar la pelota. Se ve algo de exhibición y mucha competición.


Al final, los riojanos terminan imponiéndose por 22-18. Al acabar, los más pequeños de la grada se lanzan literalmente en brazos de los pelotaris, y esos reparten gestos de agradecimiento, sonrisas; acto seguido, Abel Barriola, Mikel Goñi, Titín y Miguel Merino, se funden en un abrazo con Gorka a los pies de la grada.








Y, después de ser el primero en llegar al vestuario, Abel Barriola es también el último en abandonar el frontón. Su madre está en la grada, quien no solía acudir a los partidos de su hijo porque se ponía muy nerviosa. También su mujer y sus tres hijos.
—Aita, quiero que sigas jugando a pelota —le dice su hija Irati.
Barriola sonríe.












