Tradiciones y etnografía 

El transporte por cable de la hierba de las Malloas

Gaintza reproduce este sábado un modelo de transporte, basado en líneas tendidas, que aseguraba la hierba cortada a 1.200 y 1.400 metros de altura a caseríos del valle de Araitz 

Imagen de archivo del sistema de cable utilizado en el valle de Araitz para el transporte de hierba de las Malloas.
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Imagen de archivo del sistema de cable utilizado en el valle de Araitz para el transporte de hierba de las Malloas
Imagen de archivo del sistema de cable utilizado en el valle de Araitz para el transporte de hierba de las Malloas.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 20/09/2025 a las 05:00

Sin la hierba de las Malloas, el sustento del caserío estaba cuestionado en el valle de Araitz. Las familias sabían del nutriente que que crecía en las alturas para asegurar el alimento del ganado, primordial en la economía doméstica en décadas de valor del primer sector. Era necesidad abastecer el sabai o desván para los meses de estabulación de los animales.  El problema era transportar la hierba cortada a 1.200 o 1.400 metros de altura, a unos 3,5 kilómetros de distancia de los núcleos urbanos. 

Aquel desafío quedó superado con un entramado de 49 líneas tendidas. El sistema de cable funcionó entre los años 20 y 60 del siglo pasado. 

La historia, conservada en el valle de Araitz que dará lugar este sábado a una demostración en Gaintza, rescata un capítulo de buenas prácticas utilizadas hacia 1920 

en latitudes relativamente cercanas como la localidad guipuzcoana de Ataun o la pirenaica de Irati. Tal y como recoge Juan Mari Ansa Munduate en Belar Kableak (Los cables de la hierba) de su libro Las Malloas de Aralar, hubo en Ataun una mente “vivaz y despierta” que ingenió un tendido para acercar el campo hasta “la puerta de su caserío”. Su nombre, Bixente Eskisabel. Su propuesta llegó a oídos de los directivos de la empresa Irati S.A. Le propusieron adaptar su mecanismo para el transporte de la madera del Pirineo. 

El inventor aprendió una solución de leñadores italianos, apoyada en un entramado de tirolinas. “Es creencia popular, y así parece confirmarse, -señala Juan Mari Ansa en su libro- que la idea del transporte aéreo de la madera llegó al Pirineo gracias a la aportación de leñadores italianos, cuyo invento pronto caló entre la población autóctona. La proximidad de los bosques de Irati, en los que se registró una gran actividad maderera, parece ser la responsable de que alguno de aquellos aventajados alumnos, probablemente Bixente Eskisabel, se atreviera a montar el primer cable para descender la madera de las Malloas ”.

El sistema halló una réplica para el transporte de hierba. El primer tendido se extendido  “desde Alixate en dirección al paraje de Maiko Muñoa, pendiendo un desnivel de 250 metros. Su colocación -señala en su libro Juan Mari Ansa- corrió a cargo de Juan Miguel Iriarte del caserío Perunea, quien de esta manera se convirtió no sólo en el primer cablista autóctono de Intza, sino de todo el valle”.

A aquella experiencia pionera siguieron otras. Se completaron 49 líneas en Intza, Errazkin, Gaintza y Uztegi, además de Betelu.

CABLE DE ALTOS HORNOS DE VIZCAYA

La idea de la instalación fraguó en la inquietud de visionarios del valle. José Estanga, de Gaintza, con un vecino suyo esperó en Betelu con una yunta de bueyes un pedido de cable de Altos Hornos de Vizcaya. Fue todo un ejercicio físico el realizado para trasladar rollos de "de “25 y 50 kilos de peso” por las pendientes laderas. 

El invento alivió el pesar de jornadas sudorosas. A través del modelo de cables, los fardos de hierba de  50 y 70 kilogramos llegaban con celeridad a su destino, en el caserío. Su funcionamiento será recordado este sábado en el Araikzo Kablearen Eguna (Día del cable de Araiz). 

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