Día de homenaje en Bakaiku

Los mayores, como cada año, son homenajeados con una misa, como parte de una tradición que establece lazos. Después, hubo juegos para los más pequeños

Fiestas de Bakaiku 2025.
Fiestas de Bakaiku 2025./Irati Aizpurua

Gael Laspalas

Publicado el 26/07/2025 a las 19:05

En el bar Koxko de Bakaiku, Ángel, el dueño, limpiaba la barra con la mano izquierda mientras con la otra servía la leche del café. A tan solo unos pasos, la iglesia de San Juan Bautista comenzaba a llenarse este sábado: a las 12 en punto daba comienzo la misa en homenaje a los mayores del pueblo.

Entre los primeros en llegar estaban Margarita y Regina Urrestarazu, conocidas en todo Bakaiku como “las gemelas”. Caminaban con paso ligero, seguidas de cerca por su hermana mayor, Ana María. “Nos gustaba colocarnos en primera fila”, decían con una sonrisa. “Porque somos muy puntuales. Y también muy famosas”, añadía una de ellas entre risas.

El párroco Javier Aldabe Arbea, con su indumentaria verde —el color del Tiempo Ordinario en el calendario litúrgico— recordaba a los asistentes: “Nos salva pertenecer a Jesús, no nos salva pertenecer a una tradición”. Las paredes de piedra de la iglesia se llenaban con los cánticos de los mayores, que entonaban cada tema con orgullo.

Después de la ceremonia, los mayores, entre ellos las gemelas y Ana María, se dirigían con paso lento pero seguro hacia la plaza del pueblo. Allí, a las 12.30, comenzaba la segunda parte de la fiesta: los juegos para los más pequeños. Mientras los niños se preparaban para correr, saltar y reír, los mayores los observaban desde los bancos de piedra.

El primer juego consistía en comer una manzana atada a una cuerda sin usar las manos. Luego venía la carrera de sacos, donde más de un niño terminaba en el suelo de cemento por las ganas de ganar. En el tercer reto, los participantes debían llevar una cuchara en la boca con un huevo encima, tratando de llegar lo más rápido posible sin que se cayera.

Las gemelas, de 81 años recién cumplidos —aunque aseguraban entre risas que aparentaban “cuarenta y menos”— no dejaban pasar la ocasión para compartir anécdotas. “Somos como dos huevos de dos yemas”, decían, mientras su hermana Ana María intervenía en la conversación: “El parecido está en la sonrisa”.

De niñas las llamaban “las chicas de Ramón Chiqui”, en referencia a su padre. “Peor sería que le llamaran Ramón Grandi”, bromeaban. “Lo que pasa es que somos muy bromistas, muy abiertas. Como debe ser”.

La jornada culminaba con una comida. El lugar del encuentro, “la sociedad de los jóvenes”, como lo habían bautizado orgullosamente Margarita y Regina.

En Bakaiku, el homenaje a los mayores se vivía. Porque, como bien decían las gemelas Urrestarazu, “es un día muy importante y emotivo para nosotros los mayores y, sobre todo, para nuestro pueblo, Bakaiku”.

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