Iglesia
Multitudinario recibimiento a las nuevas puertas en San Miguel de Aralar
Este domingo se ha cubierto la séptima y última etapa entre Uharte Arakil y el santuario, donde se han colocado y bendecido las puertas, tras la eucaristía presidida por Mikel Garciandia, obispo de Palencia

Actualizado el 15/06/2025 a las 20:11
El santuario de Aralar ya tiene nueva puerta. La peregrinación que la ha llevado desde Pasaia en un carro de bueyes ha concluido este domingo con un recibimiento multitudinario, por encima de cualquier previsión, en un mar de aplausos que resonaban en medio de la niebla. San Miguel de Aralar ha escrito así este 15 de junio una página más en su historia centenaria, con cientos de personas arropando el momento, como si fueran notarias de un encuentro que comenzó hace ocho meses, cuando Xabier Agote, presidente de la fundación Albaola llamó a Alfonso Garciandia, capellán del santuario, para decirle que ellos harían una réplica de las puertas que desconocidos quemaron entonces, en octubre de 2024. En todo este tiempo el sacerdote ha incidido en que es una manera de responder al mal con bien y la misma idea sostiene Agote: "Es sencillo destruir, cada uno decide qué actitud adopta. Nosotros somos constructores", apuntaba el responsable de la factoría marítima Albaola Itsas Faktoria. En Pasaia, junto al mar, construyen un ballenero réplica de la Nao San Juan (s.XVI), con madera de roble de Sakana, la misma con la que han hecho la puerta, utilizando piezas de la antigua.


El encuentro derivó en el proyecto 'Mundu berri baterako ateak', puertas para un mundo nuevo, con la peregrinación desde Albaola hasta Aralar, con el carro tirado por una pareja de bueyes que ha llevado las puertas, a lo largo de siete etapas, con cerca de 89 kilómetros y más de mil metros de desnivel. Ha sido toda una aventura, guiada por Aitor Matxain, se podría decir que el chófer de la singular comitiva, siempre con su padre Jesús Matxain, del caserío Aparola de Errenteria, propietarios de los bueyes. Han pasado calor y también "tensión" reconocía el padre. "Ha habido mucha gente en todos los pueblos y estábamos pendientes de que no sucediera nada", explicaba contento, ya en la cima. Junto a él Leire Saitua Iribar, vizcaína de Ibarrangelu y una de las personas que ha seguido la peregrinación durante los siete días. Pertenece a la cofradía de San Miguel de Aralar y considera que la institución debía estar presente. Recordaba a Jose Mari Ustarroz, recientemente fallecido. "Él hubiera estado en todas las etapas y la labor de la cofradía a lo largo de mil años ha sido como una casa de seguros para San Miguel, auspiciada por muchísimas familias", apuntaba.
Y quien también ha cubierto todas las etapas ha sido el propio capellán, Alfonso Garciandía, también como músico, con el txistu y el tamboril o el silbote. Lo mismo que este domingo.
La comitiva con las puertas llegó veinte minutos antes de las 12 desde la pista de Uharte Arakil a la carretera, donde la Policía Foral trataba de poner orden entre cientos de vehículos que intentaban acceder al santuario. Reaccionaron rápido los agentes ante el riesgo de colapso y habilitaron una zona añadida de aparcamiento cerca de la subida al monte Artxueta.


Cámaras, aplausos y retratos como si se tratara del desembarco de una estrella de rock. La fuerza del mensaje y el simbolismo de San Miguel dotaron de músculo suficiente a un encuentro para la historia.
En el cercado de piedra que forma la plazoleta de acceso al santuario bajaron las puertas del carro y desde allí las subieron a mano entre varias personas, como Aitor Edroso, uno de los carpinteros de Albaola que ha supervisado el proceso. Delante, la hermana Guadalupe Escudero, del monasterio de Zamartze, portando una imagen tallada en madera de San Miguel. Emoción y el abrazo sostenido entre Agote y Garciandía. Destacó el primero que "ha sido una semana maravillosa" y que, al final, sienten que ellos han recibido un regalo y no al revés, con el paso por cada pueblo, con el recibimiento. Reparó en que ha sido una satisfacción conocer a Garciandía, a la familia del santuario y que ha supuesto también "un camino para al reflexión": "Buscar la luz, con un espíritu constructor, con el trabajo conjunto, desde el respeto que el pueblo merece y si han destrozado la puerta, la hemos hecho, es algo simbólico". En la misma línea se pronunció Garciandía. Porque subrayó que el bien está en el corazón de todos. "Todas las personas tenemos una pedacito, lo que debemos hacer es dar tiempo y forma para que salga y este proyecto ha hecho emerger ese bien; lo importante es lo que dice San Miguel, que las puertas están abiertas". Expuso que en Tolosa les regalaron una llave antigua que en sus muescas dibujan hitza (palabra). "Y las palabras son una manera abrir, las de amor y cariño, con ello se abren las puertas, y hay palabras duras, las que se deben apartar", indicó poco antes de entrar a la basílica donde su hermano Mikel, obispo de Palencia, y anterior capellán del santuario, presidió la misa. Se quedó muy pequeño el templo. La idea inicial era celebrar la misa en el exterior y bendecir a continuación la puerta y la restaurada ermita de la Trinidad. Pero la meteorología sugirió, una vez más, cambiar los planes.


La Capilla de Música de la catedral de Pamplona, con Aurelio Sagaseta al órgano, cantó la eucaristía. Recordaba quien ejerció de chantre, la estrecha vinculación que desde la Edad Media ha tenido la Capilla con el santuario. Lamentó que el tiempo no permitiera la misa junto a la ermita para cantar allí 'Jaungoiko gure Jauna' con las vistas de las tres Trinidades: Ituren (Mendaur), Iturgoyen e Irurtzun.
Tras la eucaristía Mikel y Alfonso Garciandía bendijeron la puerta. Junto a ellos, otros dos hermanos, Aurelio y Miguel Ángel Sagaseta y al otro lado de la puerta, un grupo reducido de la Capilla, interpretando 'Allelluia' del maestro Leoninus de Notre Dame de París, de la misma época que la parte más antigua del templo.
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