Carnaval
Momotxorros, piel roja
Alsasua sucumbe al asedio del personaje intimidatorio de su carnaval rural. La restricción de acceso a los no disfrazados despejó el ritual de sangre en el recinto del colegio Zelandi
Publicado el 04/03/2025 a las 21:50
Veinte minutos antes de que sonara el cuerno y de que el cohete, lanzado por Félix Mazkiaran rasgase el cielo, Jon Bidarte y Asier Flores aguardaban turno para embadurnarse de sangre. A sus 15 años, no hicieron sino seguir los pasos de sus mayores en la recreación de un carnaval recuperado en 1982 en Alsasua con el poder del sentimiento y el valor del compromiso. Hubo orden en el rito de conversión de figurantes en Momotxorros, el personaje de aspecto intimidatorio, testuz de cuerno bovino y piernas humanas. La restricción de paso a los no disfrazados al recinto del colegio público Zelandi, punto de encuentro, liberó el recinto de cubas de sangre de la aglomeración de años pasados. Hubo satisfacción entre quienes tratan de inmortalizar el instante por lograr imágenes de mayor nitidez. A decir suyo, las fotografías salieron más limpias.
Cuando el día declinó, poco antes de las siete y media de la tarde, el carnaval rural comenzó a rodar con la salida en tromba de los Momotxorros. La estampida no hizo sino reflejar el aumento gradual de participación con la figura destacada de la simbiosis humana y bovina como elemento de distinción de una manifestación atávica y colorista que este año trató de dar protagonismo al personaje de Maskarita. Como bien señaló Peio Gómez Revira, en calidad de colaborador de la Comisión Pro-carnaval, “Maskarita es más de aquí”. Es más pausada y discreta en sus movimientos frente a la fogosidad del Momotxorro, todo pasión. “Más activo y fustigador”, apreció. Según recordó, el carnaval recibió un gran impulso desde la visita de una delegación búlgara , devuelta por una representación de Alsasua con un viaje que marcó un nuevo rumbo en la proyección de su mascarada.
Peio fue en su día componente de la golda, el arado, dentro de la manifestación cultural que recorre la villa en Martes de Carnaval. Llegó a hacer de buey en la comitiva infantil, convertida en cantera de generaciones en un intento de perpetuar una fiesta de orgullo local. Hoy -dice- hay jóvenes que se ocupan de representar la golda, arrastrando el arado por un campo de asfalto.
Desde San Sebastián, disfrazadas con sombreros de paja adornados con cintas, acudieron Olatz Abedia y María Arévalo. “Los carnavales aquí (por Alsasua) son diferentes, que los de Donosti”, según pudieron comprobar. La noche descubrió su fondo oscuro. La luz de la hoguera dibujó sobre las fachadas de la plaza de los Fueros, destino final del carnaval rodante, las sombras de los Momotxorros. De miedo.


