Cabalgata

Los Magos se fían del Rey de la Cencerrada en Alsasua

El azar en el reparto de bollos descubrió a Urko Borrega Velilla en su nueva faceta de guía del cortejo real por el entramado urbano

Segundo por la izquierda, Urko Borrega Velilla, investido como nuevo Rey de la Cencerrada.
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Segundo por la izquierda, Urko Borrega Velilla, investido como nuevo Rey de la Cencerrada.
Segundo por la izquierda, Urko Borrega Velilla, investido como nuevo Rey de la Cencerrada.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 05/01/2025 a las 19:41

Los rasgos de Aitor Beramendi, operario de 51 años de edad en una carpintería, se confundieron con la apariencia de Melchor. El parecido de Gaspar con José Antonio Parrizas, empleado de 50 años en Uharte Arakil, hizo vacilar a no pocos viandantes al paso del séquito. Baltasar se apoyó en Gheh, trabajador de 41 años en Acerer, para recorrer las calles de la villa.

Los mayores de la residencia Aita Barandiaran y de la Clínica Josefina Arregui regresaron a su infancia con la visita que les dispensaron sus Majestades de Oriente. En la Cabalgata se dispuso de 80 kilos de caramelos y 1.000 piruletas para endulzar la tarde-noche mágica del año. Antes, durante la elección del Rey de la Cencerrada se repartieron 300 bollos.

Sonaron los cencerros y su eco metálico, prorrumpido por una retahíla de menores entusiastas, señaló el camino de llegada de los Magos de Oriente al corazón de Alsasua. Debió esperar su séquito, con una carroza para cada ilustre huésped amén de la estrella del heraldo, a que se revelase la identidad del Rey de la Cencerrada en una ceremonia trufada del sentido de la tradición y adornada con elementos propios de una investidura simbólica.

En el azar del reparto de 300 bollos, Urko Borrega Velilla mordió duro y descubrió el pequeño detalle contenido en su interior que le confió su encomienda ficticia. Cuando asumió su encargo subió las escalinatas del trono para lucir las prendas y complementos que le distinguieron en su nuevo rol. Txapela, por corona, narru o vellón como capa y doce pequeños cencerros asidos a su espalda -uno por cada mes del nuevo año- pasaron a formar parte de su indumentaria.

Como realce ceremonioso, en la plaza de los Fueros sonó el himno de Navarra. Makila en mano pasó a guiar a su séquito menudo por las calles de alrededor de la plaza de los Fueros antes de dirigirse al encuentro de los recién llegados en sus carrozas.

En su nueva función y, con cargo a los cánones de la tradición, el nuevo Rey de la Cencerrada pasó a ocupar asiento en una de las carrozas de cabeza de la Cabalgata para sumarse a los saludos brindados a la alta concurrencia que flanqueó su paso.

Los primeros, los mayores

El itinerario desde el centro de FP Sakana fue la segunda aparición pública del trío esperado por mayores y pequeños. Despertaron recuerdos en quienes les profesaron fidelidad y depositaron toda su confianza antes de subir los peldaños que conducen a la adultez. La residencia Aita Barandiaran como también la Clínica Josefina Arregui enmarcaron el reencuentro mágico con la chispa que hace brillar los ojos y enciende la memoria de instantes inolvidables de la niñez.

Las generaciones más jóvenes pudieron revivir su misma experiencia cuando los Magos de Oriente confiaron su suerte en Alsasua a los pasos de Urko Borrega desde su nueva condición de Rey de la Cencerrada.

Regresaron por el camino del monte con la promesa de volver tras la estela de la estrella y las tradiciones bien cuidadas.

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