Tradiciones

La niebla no impide que los más pequeños se encomienden a San Miguel en Aralar

Este domingo se ha hecho entrega de un pergamino a cada una de las familias inscritas para nombrar a los niños amigos de San Miguel

Foto de la encomienda de los niños a San Miguel de Aralar./
Foto de la encomienda de los niños a San Miguel de Aralar./JESÚS CASO

Fátima Villalobos Quelopana

Actualizado el 30/06/2024 a las 19:58

Alfonso Garciandía, capellán del Santuario de San Miguel de Aralar, ha oficiado este domingo la misa de presentación de los niños al santo pasadas las 12 del mediodía. La niebla no impidió que 25 pequeños llegaran con sus familias al templo para encomendarse a San Miguel.

A esta tradición, que tiene más de 20 años, la han acompañado los cánticos en euskera, que han sonado antes y durante la ceremonia.

“¡Tenemos un niño de 70 años!”, exclamaba Joxe Mari Ustarroz, presidente de la Cofradía de San Miguel de Aralar, en la sacristía del santuario minutos antes de comenzar la misa en donde 25 niños fueron presentados para volverse amigos del santo el domingo previo a los Sanfermines.

La encomendación a San Miguel quedó escrita en los pergaminos nominativos entregados a las familias que subieron la mañana de ayer a lo más alto del monte de Aralar atravesando el paraíso de niebla que envolvía el camino pasadas las doce del mediodía.

Pese a que la ceremonia tuvo lugar en una fecha distinta a la habitual, que suele caer el domingo siguiente al de San Fermín, este año el guardián del santuario se hizo con amistades de tres semanas de vida y llegó a tener también un amigo de 70 años. Ibai, por ejemplo, hijo de Amaia Berastegui Zabalza, ha quedado protegido por el santo a su año y medio de vida. Así, San Miguel fue quien motivó que la familia de Amaia se reuniera casi completa. “Somos del valle y el santuario siempre ha sido algo muy característico del lugar”. En total llevaron a los 6 más pequeños de la familia al mar de nubes que rodeaba al monte Aralar. Celebraron, además, los 10 años de casados de Javier y Edurne, hermana y cuñado de Amaia. “Aprovechamos para traer a nuestros hijos y hacerlos amigos del santuario”.

La misa protagonizada por los niños presentes la inició Alfonso Garciandía, capellán del templo, con cánticos en euskera que los asistentes siguieron desde las bancas y que dieron vida a la ceremonia de inicio a fin. Para concluir la liturgia, el sacerdote se dispuso frente al altar con la imagen de San Miguel en la mano a la espera de los niños. Aquellos que podían se acercaron por cuenta propia a besar la cruz, mientras que los más pequeños se aproximaron en brazos de sus padres.

Terminado el acto, los niños se encomendaron a aquel que, en palabras de Garciandía, siempre ha sido un santo protector. Ibai y los otros 24 niños, 20 inscritos con antelación y los 5 restantes pocos minutos antes de comenzar la misa, quedaron unidos a San Miguel para toda la vida. “Todos necesitamos la protección de los ángeles y los niños especialmente”.

Esta iniciativa, que busca estrechar los lazos con el santuario de Aralar desde la infancia, lleva haciéndose desde hace más de veinte años, sin embargo, su popularidad ha ido disminuyendo. En su primera década acumulaba a más de 70 niños inscritos por año, una gran diferencia con las cifras que alcanza la cofradía hoy en día.

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