Tradiciones

Alsasua, agua y vino por San Pedro

La lluvia dividió la celebración popular entre los entusiastas que aguantaron protegidos en el robledal y los que siguieron la fiesta en el centro urbano

Los paraguas se dejaron ver en la tradicional fiesta de San Pedro en Alsasua
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Los paraguas se dejaron ver en la tradicional fiesta de San Pedro en Alsasua
Los paraguas se dejaron ver en la tradicional fiesta de San Pedro en Alsasua

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 29/06/2024 a las 19:30

A lo dijo el párroco de Alsasua, Patxi Izco, en la despedida de la eucaristía. “A mal tiempo, buena cara. Busquemos el calor del corazón. Seguro que el vino ayudará”, concluyó con una licencia de humor, que arrancó una tímida sonrisa entre los fieles. La lluvia incordiante trasladó la celebración al interior del templo histórico, compartido con Urdiain. El aguacero formó charcos en la puerta central de Alsasua, y en la lateral, reservada por tradición a Urdiain.

Imposible reunir a la feligresía en el exterior, como suele ser habitual, por las inclemencias meteorológicas que convirtieron en una superficie encharcada la superficie que separa el templo de un roble, cincelado por un rayo hace cuatro años. De haber lucido el sol, como hubiese sido de esperar en uno de los días más brillantes del calendario de fiestas de guardar en Alsasua, la parcela hubiese acogido el zortziko.

Se escuchó su melodía en la introducción de la liturgia de la eucaristía como detalle del acordeonista que acompañó al coro de la parroquia. Su titular, Patxi Izco, apeló a la tradición conservada en la ermita para animar a los presentes a dar testimonio de sus creencias. “Estas piedras de San Pedro -dijo- hablan del paso de los años, pero hay cosas que no pasan”. Concluido el encuentro bajo las huellas de la historia, los asistentes abrieron sus paraguas. Parte de ellos siguieron la estela de la corporación municipal, encabezada por el alcalde, Javier Ollo, y el grupo de txistularis, compuesto por Cruz Mari Martínez, José María Bastida, conocido como Txapi, Josetxo Lumbreras y Verónica Ferreira. El destino del conjunto fue el mostrador, protegido con toldos, como no cabía ser de otra manera por las condiciones desapacibles. El personal adscrito a la Brigada de Servicios y Obras del Ayuntamiento ofreció vino en tazas de plata. Los litros disponibles para el conjunto de la jornada alcanzaban el medio millar. La provisión de puros fue de 450. En décadas pasadas, como recordaba Cruz Mari Martínez, “se enviaban a alsasuarras que igual vivían en Argentina”.

EN EL PUEBLO

Entre el personal de atención del mostrador con vino se encontró Eguzkiñe Arranz Crespo, quien evocó a una edición más deslucida que la de ayer en “la que fue imposible repartir el vino aquí” (en el robledal de San Pedro). En sus 55 años de txistulari, Cruz Mari Martínez no había visto “caer tal cantidad de agua”, señaló delante de Alfredo Zelaia, uno de los diez voluntarios desplazados por la DYA.

En las circunstancias poco propicias para una celebración al aire libre, primó el entusiasmo en quienes desafiaron las inclemencias con tiendas de campaña y toldos para comer en el robledal. La prudencia se impuso en los que trasladaron la fiesta al centro urbano. La corporación optó por la segunda vía. Comió en el Gure Etxea. 

Vídeo con la festividad de San Pedro en Alsasua

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