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Carnavales Navarra

En carnavales de Leitza, todo vale

Las calles de Leitza se llenaron este domingo de los disfraces más variopintos como parte de la fiesta de los carnavales, que durarán hasta mañana

Ampliar Un grupo de amigos decidió irse de safari por las calles de Leitza
Un grupo de amigos decidió irse de safari por las calles de LeitzaEduardo Buxens
  • Carlota Soriano
Actualizado el 24/01/2023 a las 12:34
Los balcones, decorados con telas de todos los colores y globos de todos los tamaños, lo iban anunciando: el carnaval de Leitza ya ha dado su pistoletazo de salida. Este domingo fue el tradicional desfile de carrozas y, cuánto más adentro entrabas al pueblo, más disfraces podías encontrar. Y es que el verdadero protagonista hasta el próximo día 24 es la calle Elbarren, epicentro de la celebración.
Desde sevillanas hasta mexicanos, vikingos y africanos, los distintos disfraces tuvieron el poder de viajar por todo el mundo sin salir de las calles de Leitza. Porque, como cantaban Los titiriteros de Binéfar, en carnavales todo vale. Lo que parecía unirlos a todos ellos fue el hecho de haber buscado una idea compatible con el frío de enero. “Nosotros pensábamos haber salido de náufragos, pero hace un poco de frío”, ironizó Mila Urrutia, de la cuadrilla Betikoak, que al final se decantaron por un traje tradicional veneciano. Sin duda, este grupo de amigos, que llevan 33 años participando en los desfiles, viven las fiestas desde el día uno: “Una vez termina un carnaval ya empezamos a tener la idea para el siguiente. Deshacemos las carrozas y las volvemos a montar”, comentó Urrutia.
No fue el caso de Aloña Mendizabal, del grupo de los africanos, que aseguró haberlo decidido todo a última hora. Este año, confesó, “tras el parón por pandemia, ha dado más pereza ponerse”. A pesar del poco margen, al grupo le ha dado tiempo hasta de ponerse de acuerdo en una pequeña coreografía para animar su paso calle abajo.
Una familia vestida de chaparrón, un grupo que se iba de safari, un niño esquimal montado en su trineo junto a sus padres disfrazados de perros, la familia Picapiedra con dinosaurio incluido... los disfraces han sido muchos, y muy variopintos. Pero el que mejor parecía pasárselo fue, sin duda, el grupo de amigos disfrazados de la versión vasca de Julio Iglesias. Al ritmo de ‘Soy un truhán, soy un señor’, cantaban una canción acerca de quedarse sin papel higiénico en el baño, lo que llamó la atención a todos los vecinos montando, incluso, su propia fiesta. “Ya ves que no necesitamos a nadie más para pasarlo bien”, se reía una de las mujeres de peluca rubia que le hacía los coros al ‘cantante’.
PARA TODOS LOS PÚBLICOS
Iñaki Zabalo mostró que la fiesta de carnaval también podía incluir a los más pequeños. En su caso, la apuesta fue por un traje que les permitiera ir abrigados y que pudiera incluir el carrito del bebé como parte del disfraz. El resultado, una pareja de vikingos y una niña montada en un barco al puro estilo nórdico.
Y como esta familia, muchas. Las elecciones de los grupos con niños solían decantarse por disfraces que recrearan las películas favoritas de los pequeños, como los Minions, Avatar, o los héroes de Marvel. Entre las más destacadas se encontró la Familia Addams que, inspirada en la nueva serie de Netflix, contó con hasta cuatro Miércoles.
“Las cuadrillas de amigos han ido creciendo y la mitad ya tenemos hijos. Ahora toca pensar una forma de poder participar todos”, concluyó Mendizabar.

Sentimiento de mucha gente pero pocas carrozas

A pesar de la sensación de bajón en el número de las carrozas por la pereza de volver tras dos años de parón, el ambiente vivido en Leitza siguió siendo el mismo: aceras llenas de gente que, el que menos, llevaba una peluca para no desentonar entre los colores y la música, balcones con vecinos asomados a los que la curiosidad de ver qué se cocía en la calle le ganaba al frío... Quizá este tiempo haya hecho perder práctica a los más fieles del carnaval, pero lo que es seguro es que la pandemia no ha terminado con sus ganas de fiesta.
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