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Fiestas Navarra

Día de guardar en el corazón festivo de Alsasua

Uno de los gigantes protagonizó el susto de la jornada al tropezar en un baile y estar a punto de caer sobre un niño

Ampliar Las blusas de las peñas colorearon los minutos posteriores al anuncio esperado de las fiestas
Las blusas de las peñas colorearon los minutos posteriores al anuncio esperado de las fiestasIRATI AIZPURUA
Actualizado el 15/09/2022 a las 12:42
En el campanario de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción sonó el último repique prolongado. Su propagación cerró el ciclo acústico que enlaza los mediodías desde el 3 de mayo. De la Cruz de Mayo a la Cruz de Septiembre. Después de 21 minutos, descendieron de las alturas Joan Kepa Everts, Asier Beramendi, Jesús Bengoetxea, Belén Rubio y Félix Martínez Mazkiaran. Faltó por motivos laborales Iñaki Bengoetxea, partícipe como ellos en conservar la tradición.
El día de guardar de  este miércoles 14 de septiembre tuvo, sin embargo, un episodio que quedó en un susto tan grande como el gigante que lo protagonizó. La imagen altiva y estilizada del Momotxorro, que curiosamente fue presentada en público el domingo junto a la nueva Sorgina, perdió el equilibrio en el último paso de un baile en la plaza Zumalakarregi. Su caída estuvo a punto de arrollar a uno de los pequeños que seguía sus movimientos. El percance no pasó a más para alivio del menor y felicidad de un pueblo enfrascado horas antes en la vorágine de las fiestas patronales.
La pareja de gigantes se movió al compás de la gaita, como el kinto y kinta que conforman el cuarteto de la comparsa. Su aparición inicial de ayer se produjo en el tramo de la calle García Ximénez, que discurre paralelo a la Casa Consistorial. El desplazamiento del cuarteto de mayor tamaño siguió la estela de los más atrevidos en colorear con el tono vistoso de sus blusas los rincones del centro urbano. El estallido de los primeros cohetes ejerció sobre ellos de acicate para sumergirse en un reguero de alegría.
La adaptación del programa a las condiciones señaladas en una consulta popular sobre las fechas de los cinco días de fiestas propició una situación poco ortodoxa en el cumplimiento de las tradiciones. Hora antes del ritual del mediodía desde uno de los balcones del Ayuntamiento, la ermita del Santo Cristo de Otadia recibió a la feligresía que gusta de acogerse a su protección en un día señalado en la agenda local de Alsasua.
Hubo durante la eucaristía un alegato a hacer de la convivencia pilar de buena vecindad. La hora del cohete obligó a la comitiva, encabezada por una parte de la corporación, a imprimir ritmo vivo en el camino de vuelta.
La celeridad de sus pasos compensó a los concejales para llegar a tiempo al protocolo esperado durante tres años.
Cuando se apagaron los ecos de los cohetes y la plaza de los Fueros, epicentro de la vida social, acaparó la atención, sonó la melodía del zortziko. Desde el quiosco, los txistularis llamaron a la participación en el baile en círculo. Parejas de adultos acogieron la invitación para rescatar una seña de identidad en la conservación de actos apegados a la piel y el sentimiento de la villa.
Jotas en la plazaJOTAS EN LA PLAZA
La mañana del primer día ofreció también un repertorio de jotas navarras a cargo de Corrientes navarras. Antes de que hiciera su aparición en el quiosco, los más precavidos se aseguraron un sitio en una de las sillas desplegadas a la sombra. El tiempo, cómplice y benévolo con el deseo de disfrute del vecindario, despejó la incógnita de los temerosos de un inoportuno chaparrón. Lo único que cayó ayer fue un gigante.

¡Va por ti, Comín!

El 13 de septiembre de 2009, el primer cohete marcó la estela a otros 144, lanzados desde la cubierta del Centro Cultural Iortia. Supuso una nota sonora, que amplificó el eco del acto inicial festivo. El repique de campanas ensanchó la propagación acústica. En el encendido de aquellos 144 cohetes participó Luis Comín Bielsa, su hijo David y su sobrino Rául Expósito Higuero.
Alonso Vera Marín, Loli Vera Fernández, Rosa Mª y Juan Pedro Higuero Rodríguez y Pilar Jiménez Batalla
Alonso Vera Marín, Loli Vera Fernández, Rosa Mª y Juan Pedro Higuero Rodríguez y Pilar Jiménez BatallaIRATI AIZPURUA
Los tres fueron el alma del toro de fuego durante años. El último de ellos mantiene aún vivo su aliento en un compromiso compartido con Cristian Alonso Pastora. Luis Comín falta desde hace un año. Su pérdida fue sentida y recordada ayer por la mañana con su imagen impresa en distintas fotografías que ilustraban una camiseta. Una leyenda Va por ti refrendaba su dedicatoria.
Cristian Alonso, como también Nerea Palomo Rodríguez, se enfudaron la prenda en su memoria, al igual que su viuda, Rosa María Higuero Rodríguez; su cuñado, Juan Pedro; y sus amigos Alonso Vera Marín, Loli Vera Fernández y Pilar Batalla, entre otros.
A las nueve y media de la noche, el toro de fuego demoró su salida. El retraso se debió al tributo dispensado al que fuera miembro de la Policía Local y alma mater del morlaco inanimado que enciende la noche. En un silencio envolvente y respetuoso se honró su implicación y persona. “¡Va por ti, Comín!”.

Un pasacalles por los difuntos 

Los txistularis acompañaron al Ayuntamiento en su recorrido desde el edificio municipal hasta la ermita del santo que da razón de las fiestas. Cuando hubieron completado su itinerario de ida, se desviaron un momento hacia el cementerio. En el silencio sepulcral, entonaron una kalejira, como explicó el coordinador del grupo, Cruz Mari Martínez. Entre panteones y bloques de nichos llegaron hasta el final para regresar por el camino hasta la entrada del campo santo.
En el cementerio, Paula Bailón Calvo y Nagore González Iglesi
En el cementerio, Paula Bailón Calvo y Nagore González IglesiIRATI AIZPURUA
“Estén donde estén, seguro que oirán algo”, apuntó Martínez queriendo remarcar el sentido del pasacalles como vínculo musical de los finados con sus raíces.
Fue un gesto emotivo, ofrecido por Cruz Mari Martínez, Jesús Irisarri, Josetxo Lumbreras, Nagore González y Paula Bailón. Aunque este año el día 13 quedó al margen de las fiestas por ajuste del calendario, los txistularis mantuvieron la costumbre de orientar a la corporación municipal en su camino hacia la ermita en lo que se conoce como celebración de vísperas.
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