Festividad

Alsasua luce quinta por Santa Águeda

Con un año más de lo dispuesto por exigencias del guión de la pandemia, que retrasó la edad de celebrar Santa Águeda, los jóvenes que alcanzarán los 19 recaudaron este sábado fondos para su fiesta exclusiva apegada al sentimiento de pertenencia local

Junto al pollino de las alforjas, un grupo de quintos y quintas en una de las escalas del recorrido de ayer por Alsasua
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Junto al pollino de las alforjas, un grupo de quintos y quintas en una de las escalas del recorrido de este sábado por Alsasua
Junto al pollino de las alforjas, un grupo de quintos y quintas en una de las escalas del recorrido de ayer por Alsasua

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 06/02/2022 a las 06:00

Hubo respuesta generosa en la calle cuando quintos y quintas sondearon en Alsasua la complicidad de viandantes y automovilistas en busca de cuartos con los que costearse los cinco días de celebración exclusiva. La lluvia, inoportuna a primeras horas de la mañana en una fecha rotulada en rojo en la villa, trató de empañar la salida del más de medio centenar de jóvenes que este año alcanzarán los 19 de edad y a los que corresponderá festejar Santa Águeda con sentimiento y orgullo de pertenencia local. Su puesta de largo, con la preceptiva indumentaria que viste a ellos de blanco e identifica a ellas con el traje tradicional, fue celebrada doblemente por el vecindario. El mal que mantiene en jaque al mundo entero desde hace dos años privó de la fiesta en 2021. El Ayuntamiento concluyó con la propuesta de retrasar a los 19 años la edad de los convidados a una conmemoración de arraigo popular.

“Con lluvia, la gente siente lástima de nosotros y da más dinero”, observaba Iñigo Cidoncha Iglesias en una escala del recorrido por el entramado urbano. Mientras atusaba, junto a Iraitz Morán Fernández, la pelambrera del pollino con las alforjas del dineral recaudado, un palo con las tortas de pan envueltas con celofán reposaba sobre la fuente de la plaza Iortia. El punto de abastecimiento, con el escudo de Alsasua grabado a piedra, se convirtió en metáfora de bendición en el fin recaudatorio que empujó a la nueva quinta a realizar su aparición pública. Para la una de la tarde, el sol había conseguido relegar la amenaza de las nubes para sumarse a la fiesta como aliado de lujo en la convocatoria copiosa de vecinos en la calle.

El número de tortas, completadas con dulces y envueltas de celofán, había menguado por arte y gracia de la generosidad de particulares y también de establecimientos comerciales. Aunque fuese día de descanso en la actividad industrial, las unidades redondas de pan procuraron beneficio. A Iñigo Cidoncha le llegaron a pagar 100 euros, como reconoció en la escala.

La parada fue aprovechada para la recuperación de fuerzas en un establecimiento hostelero, en el que Urko Lanza Larrea almorzó con gusto como botero designado. Con 13 años de edad, estudiante de primer curso de la ESO en la ikastola Iñigo Aritza, le fue confiada la labor de proveer la bota de vino y de tener a buen recaudo el surtido de cohetes que rasgaron el cielo de Alsasua a cada trecho del camino andado. Lanza se mostró satisfecho con las encomiendas recibidas después de que fuese propuesto de forma sencilla a asumir el rol de auxiliar a los quintos. “Estaba jugando en Dantzaleku cuando me dijeron si quería ser botero. Yo dije que sí”. Tal cual.

EL PRIMER  ‘ZORTZIKO’

Del grupo de referencia para depositar los donativos recibidos en las alforjas del pollino formaron parte Unai Calvo Fuentes, Oier Cuerdo Larraza, Ixone Rodríguez Sánchez y Ainara Díaz Pérez, investidos el 6 de enero por el azar del reparto de los naipes como Reyes de los Quintos y Quintas. Su elección concitó expectación entre la concurrencia que acudió ese día a la ceremonia al aire libre.

La primera de las jornadas de las fiestas de los quintos comportó -según reza la costumbre- su estreno en la interpretación vespertina del zortziko en la plaza de los Fueros. De la enseñanza de sus pasos, al igual que en el resto de las dantzas interpretadas ayer por la mañana, se ocuparon en los días previos Txetxo Claver, Aitziber Etxaiz y Maixabel López de Uralde. Regresó la fiesta de Santa Águeda y con ella el ambiente de calle a una Alsasua que presumió de lucir quinta. Signo de juventud, augurio de porvenir.

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