Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Pastores

Tomás Ibarra Indakoetxea, pastor: “Me encontraba del pueblo más cercano a dos horas a caballo”

Ampliar Tomás Ibarra Indakoetxea, Jose Mari Altzu Almandoz y Lucio Irisarri Arrijuria
Tomás Ibarra Indakoetxea, Jose Mari Altzu Almandoz y Lucio Irisarri Arrijuriajosé carlos cordovilla
Publicado el 30/12/2021 a las 06:00
Cuando contaba con 20 años de edad, Tomás Ibarra Indakoetxea sintió “un trauma” porque no le dejaron emular a amigos de la infancia de Zubieta en el pastoreo en Estados Unidos. Con la frustración de no “poder hacer las cosas que hacían mis compañeros de toda la vida”, incluida la imposibilidad de talar árboles desde que su familia se trasladó a Guipúzcoa, debió hacer de la paciencia virtud durante ocho años hasta ver colmadas sus expectativas. Desde “principios de 1973 hasta finales de 1976” anduvo acarreando rebaños en Colorado y Utah. En invierno, 2.000 ovejas estaban a su cuidado en el primer estado. Con el verano, bajo el sofoco del desierto, acarreaba con 1.300 y 1.500 corderos. Calmaba los zarpazos de la soledad con el idilio de imágenes de postal que se descubrían ante sus ojos en Colorado. El paisaje -recuerda- guardaba cierta similitud con Belagua, pero era “más grande”.
El rostro humano más cercano con el que poder relacionarse se encontraba a “dos horas a caballo” en una población.
De aquella etapa de su vida, el que hoy también pastor en la comitiva que acompaña a los joaldunak de Zubieta de 76 años de edad, conserva buenos recuerdos y un compromiso personal por evitar que caiga en el olvido su experiencia y la de tantos que como él buscaron un porvenir en tierras lejanas. Junto con la alcaldesa de Sunbilla, Amets Inda, suya ha sido la iniciativa en la recopilación de la colección fotográfica que se exhibe en el museo inaugurado ayer en Elgorriaga.
Hace 47 años que Lucio Irisarri Arrijuria vive en Elgorriaga sin olvidar los 9 que pasó en California al cuidado de rebaños y como cocinero del rancho de los empleados en un rancho. A sus 74, quien nació en Arizkun repasa las dos etapas de su destino desde que recaló en Norteamérica en la Navidad de 1956. Los primeros cuatro meses los vivió en soledad. “No me pareció duro el trabajo. Entonces éramos jóvenes”, ofrece como explicación a la sensación de relatividad del esfuerzo realizado. Mirado con el prisma del tiempo, la sensantez se impone en una segunda opinión: “En realidad, aquello era muy duro. Estar días in ver a nadie era duro. Y pensar que podía pasar cualquier cosa sin que nadie estuviese al lado”.
Seis años de pastor en California forjaron la capacidad de resistencia ante la adversidad en José Mari Altzu Almandoz, acogido a sus 81 de edad en la residencia Francisco Joaquín Iriarte, de Elizondo. En 1963 emprendió la aventura desde su Ituren natal a ejemplo y semejanza de sus hermanos, Federico y Benjamín. Cuando logró el permiso de residencia estadounidense se hizo emprendedor como responsable y empleado de un negocio de jardinería, que -según recuerda- le proporcionó mayor libertad para decidir su horario y la dedicación laboral en virtud de la demanda de sus clientes. Se casó dos veces y otras tantas se divorció sin dejar descendencia, rememora.
Allí, donde dejó sus huellas, se quedó su hermano Federico, que formó familia. En Elizondo comparte sus vivencias con su otro hermano. Como recordaba sentado frente a una caravana reconvertida en hogar en las llanuras americanas, “se sufre mucho con las ovejas”.
volver arriba

Activar Notificaciones