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Cultura

El último repique de Alsasua

El ciclo sonoro del mediodía finalizó este martes con solo cuatro días de silencio del campanario desde que se inició el 3 de mayo. La emisión de clausura duró dieciocho minutos

El último repique despertó expectación entre un racimo de vecinosNATXO GUTIÉRREZ
Actualizado el 15/09/2021 a las 08:55
No hubo fiestas pero sí sentimiento. El calendario, dictado a partir del criterio de atar el Día Grande al fin de semana más próximo en las cinco jornadas de celebración, convirtió la Exaltación de la Santa Cruz en la clausura en la agenda imaginaria de las No festas. Despejado el centro urbano del ambiente de animación, tan anhelado como prohibido por un principio de cautela, la emoción embargó el corazón de los alsasuarras. El repique del mediodía desde dos fechas rotuladas en rojo en el cultivo de las costumbres locales -La Cruz del 3 de Mayo y la Exaltación de la Santa Cruz del 14 de septiembre- se propagó como un eco de recuerdos en mayores y un hilo de asombro entre los que tienen toda la vida por delante para alimentar su legado de tradiciones.
El anuncio acústico del campanario de Nuestra Señora de la Asunción “llega a las personas, sobre todo, a los mayores y más si viven en este barrio”, refería ayer Jesús Bengoetxea. Fue uno de los miembros del cuarteto que se aventuró a subir las escaleras de madera para mirar la villa en calma desde las alturas. A su lado, Félix Mazquiarán, Asier Beramendi y Belén Rubio Urízar congeniaron en la secuencia de 18 minutos que encendió el ánimo del vecindario. En intervalos encadenados de cinco minutos de media, la combinación de toques de campanas grandes y pequeñas polarizó la atención de próximos y alejados del templo religioso. El bochorno, decían los entendidos, es buen aliado propagador frente a otras variables que en ocasiones apagan el sonido en rincones cercanos.
"DE TODA LA VIDA"
Los que pudieron se citaron en los aledaños para seguir las evoluciones del ritual apegado a las capas más profundas de sus emociones. María Antonia Urízar Rubio, hermana de Belén y madre de Mikel Santamaría que dedicó unos años de campanero, se unió al grupo de espectadores de primera fila. “El repique es de toda la vida”, subrayaba en un día señalado. La presencia de rostros menudos, acompañados de mayores, significó, de algún modo, la voluntad de transmisión entre generaciones que asume la ciudadanía en la custodia de prácticas enraizadas.
En tal tarea, los campaneros se preocupan por mantener el hilo conductor de los mediodías con excepciones contadas de días imposibles de atender su compromiso con la historia. “Este año solo ha habido cuatro días, dos de ellos la semana pasada, y otros dos en junio, que no se ha podido tocar”, explicaba Belén Rubio con el orgullo velado de haber asegurado la difusión sonora que une el presente con el pasado.
La propia intérprete, de 67 años, introduce la novedad desde “hace cinco años” del rostro femenino en el grupo de voluntarios que se alternan en el campanario. A base de “insistencia”, como también de ánimos de uno de los hermanos Bengoetxea- Iñaki y Jesús-, que son de la partida de campaneros, es cómo ha reforzado su aprendizaje para acabar atreviéndose con campanas mayores y pequeñas.
Asier Beramendi y Félix Mazkiaran, de 44 y 41 años, respectivamente, ejemplarizan la dedicación interiorizada desde niños. Con diez años probaron por primera vez para aferrarse a los mediodías del campanario. El de ayer concluyó con la réplica de un aplauso en la calle, el saludo de uno de ellos y un último golpe de campana que vino a sellar el final del serial de este año. “¡Ya falta menos!” se le escuchó decir a un hombre en la confianza de que el 2022 sea el año de la recuperación de las fiestas. “¡Ya veremos!” fue la respuesta de una mujer arrastrada por el desánimo del escepticismo ante la suspensión de dos años. Como detalle, el calendario de 2022 reserva el 14 de septiembre en miércoles. Si se respeta la franja de los cinco días festivos y quiere incorporarse un fin de semana, quien sabe si el cohete se lanzará cuando suene el último repique.
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