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Lakuntza

Redobles de emoción en Lakuntza

Lakuntza honra la memoria de un ‘tamborrero’ fallecido el año pasado en accidente laboral con la entrega del gorro de honor en la medianoche. Como el Ayuntamiento en la víspera, la tamborrada recordó también al ex edil José Ramón Lopetegi

Detalle de los prolegómenos de la tamborrada infantil de ayer en Lakuntza.
Detalle de los prolegómenos de la tamborrada infantil de ayer en Lakuntza.
N.G.
Actualizada 20/01/2019 a las 06:00

Había este sábado una mezcla de sentimientos que alegraban el espíritu por la honra al patrón San Saastin y un lamento compartido por la despedida a un vecino querido y conocido. El adiós a José Ramón Lopetegi, quien fuera concejal, apenó a Lakuntza en unas fechas entrañables en las que la ciudadanía siente con más fuerza el apego de sus cercanos y da continuidad a la tradición recibida de generaciones pasadas.

La tamborrada de la medianoche pretendía honrar la memoria del ex edil con un minuto de silencio en los prolegómenos a su actuación. El alma mater del espectáculo, Ricardo Areta, pretendía proponer su respeto como la mejor manera de recordar a quien puso de su parte cuanto pudo por el bienestar del vecindario. Además, la Sociedad Lakuntzako Pertza -promotora de la tamborrada, que ayer alcanzó su 29 edición-, se proponía exhibir en su estandarte un lazo negro en señal de duelo.

El tributo había sido concebido como prolongación al gesto que tuvo el Ayuntamiento que el viernes por la tarde, con la suspensión del lanzamiento del cohete. De manera simbólica, Garikoitz Flores, a quien le había sido encomendado el anuncio del fin de semana festivo, renunció a prender la mecha. A cambio, el piloto galardonado este año con un entorchado nacional retiró el cohete del soporte de lanzamiento. El detalle no pasó desapercibido para la concurrencia, que reaccionó con una salva de aplausos. El concejal de Cultura, Aitor Gartzia, explicó que la hija del exedil, Ainara, había participado de forma activa en la preparación de las fiestas como miembro de la comisión.

La emoción que provocó el doble acto de recuerdo a José Ramón Lopetegi pretendía hallar reflejo en la entrega del gorro de honor a la familia de Yeray Lanz, fallecido a los 30 años de edad en un accidente laboral el año pasado en Sakana Cooperativa. Como tamborrero que fue, sus compañeros querían evocar su figura con el distintivo que la tamborrada de la medianoche de San Sebastián -San Saastin en Lakuntza-, concede a aquella persona o colectivo que a lo largo del año anterior haya destacado en alguna faceta.

Así como el reconocimiento suele brindarse con la colocación del gorro, en este caso, al ser a título póstumo estaba previsto que fuese entregado a la madre y la hermana del joven fallecido.

TAMBORRADA INFANTIL

Fue otro aporte a un fin de semana especialmente emotivo, que exhibió ayer por la tarde el rostro alegre de la inocencia y la ilusión con el medio centenar de pequeños intérpretes de la tamborrada infantil. En un acto consolidado en el programa festivo de San San Saastin, los menores se alinearon en la carpa levantada en la plaza para emular a sus mayores con los redobles.

Tocados como ellos con la indumentaria de cocineros, pusieron todo su entusiasmo en seguir con las baquetas el ritmo Diana, Tatiago, Iriarena y Marcha. Arriba, sobre el escenario, los músicos -con el apoyo de intérprtes de la banda Haize Berriak, de Sakana- se coordinaban en la interpretación del típico repertorio.

Hubo un cuarto de hora de demora sobre la cita de las siete de la tarde, por los imponderables de la prueba de sonido del conjunto musical que debía amenizar la verbena. La espera estuvo aderezada con los nervios de última hora entre una menuda concurrencia, envuelta en un enjambre de espectadores. Desde el escenario, los gorros de cocinero apenas podían divisarse entre un mar de adultos que rodeaba a la joven formación.

La fiesta reservará para hoy otro de los hitos importantes en las fiestas locales, como es el traslado del vecindario a la ermita de San Saastin, en las estribaciones de la sierra de Aralar.

El núcleo urbano quedará vacío, después de una noche prolongada por los golpes de baqueta, para seguir con la tradición en la ermita. A la conclusión de la misa, la Sociedad Lakuntzako Pertza servirá el aperitivo. No faltará el piperropil, un dulce, similar en su forma a una torta y elaborado a base de huevos, anís en grano tostado, anís líquido, azúcar y harina. Será así como la localidad quedará engarzada por la custodia de las tradiciones y la memoria de quienes ayer tuvieron un hueco en su corazón.


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