TUDELA

Casa Briñas, adiós a 60 años de historia

  • El establecimiento de productos delicatessen Casa Briñas, abierto en 1955 en la calle Rúa de Tudela, ha bajado la persiana de forma definitiva
  • La jubilación de su propietaria, Charo Peña, ha sido el motivo del adiós a este emblemático comercio

m.t. TUDELA

Publicado el 24/01/2014 a las 12:16

Con varios carteles en el escaparate en los que se puede leer la palabra 'gracias' en varios idiomas. Así ha dicho adiós la emblemática tienda de productos delicatessen Casa Briñas de Tudela a los que han sido sus clientes y amigos en sus casi 60 años de andadura.


Fundado en 1955 en el número 1 de la calle Rúa, en pleno Casco Antiguo, ha sido uno de los establecimientos de gran arraigo y representativo del pequeño comercio de la capital ribera. Lo puso en marcha Pablo Briñas, un comerciante "emprendedor" que tenía como meta ofrecer productos diferentes. En 1976, su hijo y su nuera, José Luis Briñas González -fallecido el pasado septiembre- y Charo Peña Martínez, tomaron el relevo.


El cierre de Casa Briñas ha venido motivado por la jubilación de Peña, que tiene 66 años. "No ha tenido que ver el fallecimiento de mi marido pero, bueno, todo se ha ido desencadenando muy seguido. Me da mucha pena, porque dejas a mucha gente muy querida, pero un día u otro hay que cortar", afirma Peña, al tiempo que indica que ninguno de sus dos hijos -Pablo y Beatriz- iban a hacerse cargo de la tienda al tener ambos trabajo.


Después de, como ella dice, "toda la vida en un mostrador", asegura que, tras cerrar el negocio, "algo haremos, por ejemplo, ayudar en algo altruista pero en lo que no le quite el puesto de trabajo a nadie".


EN LA MEJOR CALLE


Peña recuerda la ilusión con la que su suegro puso esta tienda "con lo último que había entonces". "Era una tienda de productos diferentes, y la venta de aquella época también lo era. Por ejemplo, para hostelería se vendían montones de cajas de bonito de seis o siete kilos; berberechos para los bares; piñas de postre para Navidad, que entonces no se traían en Tudela… Eran todo novedades. Además, como mi suegro era de Burgos, también le hacía ilusión tener morcillas o queso fresco de allí", afirma.


Mientras contempla unas fotos antiguas de la tienda, una de ellas con un gorrín con un lazo rosa para Navidad y otra de su marido, de principios de los 70, rodeado de perdices y liebres, afirma: "Si le dices ahora a una joven que pele una perdiz, no la quiere. Y en cuanto a las liebres, antes había listas de espera para comprarlas. Todo lo que se ha vendido últimamente es pelado y envasado al vacío", explica.


"Ahora hay pocas novedades para ofrecer. No hay nada nuevo en la huerta ni en el mar, y del foie ya nos hemos hartado. Comemos todos los días de todo y ya no nos choca nada. Lo que siempre ha sido 'estrella' ha sido el jamón y, por lo demás, todo lo de nuestra huerta", puntualiza.


Por lo que se refiere a la ubicación de Casa Briñas, afirma que su suegro decidió instalarla en la calle Rúa -entonces se llamaba Mariano Sainz- "porque era la mejor calle de Tudela". "Era la principal hasta el mercado, tenía mucho movimiento y estaba hasta el fondo llena de comercios", recuerda.


Una circunstancia que ha cambiado. "Me da una tristeza tremenda ver cómo se va deteriorando la calle. A algunas clientas les decía que les iba a comprar unas diademas con bombilla porque la calle está superoscura por la noche. Por otro lado, y teniendo en cuenta que por aquí no pasa nadie más allá de las 19.30 h., que venga uno a coger una caja con el coche, salga y se encuentre con 200 euros de multa me parece fatal", explica.


POR EL PEQUEÑO COMERCIO


Y es que Peña afirma, sobre la situación actual del pequeño comercio, que "vender se está convirtiendo en un milagro" ante la implantación, por ejemplo, de las grandes superficies. Se pregunta qué hace un supermercado vendiendo calcetines. "¿No se puede dejar a cada uno en su terreno? En otros sitios dicen que está volviendo el comercio pequeño, pero yo lo veo difícil", refleja, al tiempo que reconoce que hubiera podido seguir con su negocio si no se hubiera jubilado "con mucha paciencia".


"Los clientes de estas tiendas lo que quieren es una atención diferente, el trato directo. He hecho muchas amigas en estos años y he tenido clientes de toda la vida de aquí, de los fijos, pero también muchos turistas con los que he hecho amistad y me llaman para que les envíe productos", afirma.


Es precisamente por esto por lo que cuando el día 11 de enero cerró Casa Briñas, colocó unos carteles en el escaparate dando las gracias a sus amigos y clientes en castellano, gallego, catalán y euskera, "por haber sido la verdadera delicatessen de Casa Briñas".


Fue una jornada muy emotiva en la que sus hijos se encargaron de darle toda una sorpresa. Reunieron a sus familiares y fueron todos a buscar a Charo a la tienda, acompañados de la música de los Gaiteros de Tudela, ya que Beatriz forma parte de este colectivo. Después, toda la familia disfrutó de una comida.

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