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Residencia La Milagrosa

El merecido premio al confinamiento

La residencia La Milagrosa de Tudela abrió este martes sus puertas a las visitas de familiares tras dos meses y medio de cierre en los que la plantilla llevó a cabo un confinamiento voluntario con los usuarios para lograr mantener el centro con cero contagios

José Ignacio Martínez Arrondo, con su tía Mª Carmen Arrondo Maza.
José Ignacio Martínez Arrondo, con su tía Mª Carmen Arrondo Maza.
Actualizada 03/06/2020 a las 06:00

Dicen que las cosas que merecen la pena se hacen esperar, y que nadie ha conseguido nada en la vida sin esfuerzo. En definitiva, un tesón que ha marcado el proceder de los usuarios y trabajadores de la residencia de mayores Nuestra Señora de Gracia (La Milagrosa) de Tudela durante los últimos dos meses y medio. El decreto del estado de alarma el 14 de marzo ante el avance del coronavirus impulsó a la plantilla a iniciar un confinamiento voluntario en el centro para evitar contagios entre los residentes. Este encierro, realizado en tandas, finalizó el 7 de mayo manteniendo la residencia libre de positivos.

Como todo esfuerzo tiene su recompensa, el sacrificio realizado por las trabajadoras de La Milagrosa recibió su premio. Y es que este martes, dos meses y medio después, el centro reabrió sus puertas a las visitas de familiares. Se trató de la primera de las jornadas que el centro tudelano celebrará a diario en esta fase de desescalada hacia la ‘nueva normalidad’.

Eso sí, el protocolo de acceso fue muy distinto al habitual que imperaba antes de que comenzara la crisis sanitaria. Los responsables del centro instalaron varias mesas y sillas en el patio, siempre guardando la distancia de seguridad entre el residente y el familiar que tenía derecho a acceder a la visita. Además, cada uno de los visitantes debía mantener puesta la mascarilla durante la media hora que duró cada turno, no tener fiebre, y llevar a cabo la pertinente desinfección de manos.

 

LAS 'VENTAJAS' DEL OLVIDO

Una de las primeras familiares en volver a acceder al centro fue la tudelana Garbiñe Remón, quien compartió los 30 minutos estipulados por cada visita con su madre Pilar Clemos Ullate, de 90 años de edad.

“Nuestro caso fue especial, porque hace una semana tuvimos que subir a mi madre al hospital por un pequeño problema de salud y fue allí donde la pudimos ver por primera vez. En cualquier caso, la visita de hoy -por ayer- en la residencia ha sido especial, ya que es el primer paso más hacia la normalidad”, afirmó Garbiñe, quien indicó que, debido a las pérdidas de memoria que ya sufre su madre, “para ella ha sido como si me hubiera visto por primera vez”. “Ha sido un momento muy especial”, apuntó.

 

LA FELICIDAD, EN LOS OJOS

“Ha sido un momento mágico”. Así resumió Lola Anguiano Aguado la visita a su madre Pilar Aguado Magaña, de 89 años. “Mi madre es una mujer de pocas palabras, pero en sus ojos he podido ver que estaba realmente feliz”, indicó Lola, quien quiso agradecer la labor de las trabajadoras y de las religiosas de la residencia, centro en el que ella trabajó. “Su atención ha sido constante, manteniendo a las familias informadas en todo momento y conectadas con nuestros seres queridos a través de videoconferencia. Todos, residentes, hermanas y trabajadoras han sido muy valientes”, explicó.

Según apuntó Lola, su madre ha sido “plenamente consciente” de la situación vivida por culpa del coronavirus. “Ha vivido estos meses con mucha incertidumbre y, por eso, se ha mostrado muy emocionada durante la visita”, explicó.

 

DE LA TABLET, AL CARA A CARA

Este agradecimiento a la plantilla de la residencia de La Milagrosa fue compartido por el tudelano José Ignacio Martínez Arrondo, quien este martes, por fin, pudo visitar a su tía Mª Carmen Arrondo Maza, de 92 años.

“Durante estos dos meses y medio la había estado viendo a través de videoconferencias por el móvil o la tablet..., pero tenerla cara a cara tiene un plus que no lo dan las nuevas tecnologías”, afirmó José Ignacio, quien reconoció que parte de los 30 minutos de la visita los tuvo que emplear para explicar a su tía los motivos por los que había tardado tanto tiempo en ir a visitarla. “Por su edad, no comprendía el motivo por el cual no podía abrazarme, pero el simple hecho de verme ha hecho que se animara”, explicó José Ignacio, quien reconoció que, nada más salir de la visita, “he comenzado a contar los días para poder volver a verla”.

 

HACIA LA NORMALIDAD

Otra de las visitantes que pudo acceder a la residencia fue la tudelana Mª Cruz Echeverría Esteban, quien compartió la citada media hora con su madre, Mª Ángeles Esteban Garcés, y el amigo de esta, Ángel Pérez Pascual.

“Gracias a que no había ningún positivo, tuvimos la suerte de poder sacar a mi madre de la residencia durante un mes..., pero ella no quería dejar el centro de ninguna forma porque allí se encuentra muy a gusto y es feliz”, explicó Mª Cruz, quien reconoció haberlo pasado “muy mal”. “Todas las noticias hablaban de que el número de muertos subía y subía, y más en las residencias de mayores..., ¡y mi madre deseando volver!”, afirmó la tudelana.

Ahora, pasado lo peor de la crisis sanitaria, tanto madre como hija están recuperando esa vida que se quedó paralizada hace dos meses y medio.


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