Tarde de triunfo para El Cid y Manuel Escribano en el coso de Tudela
La corrida de Gaudalest permitió a los toreros dar un buen espectáculo en la “Chata de Griseras”


Publicado el 29/07/2018 a las 11:29
El fin de semana llegaba este sábado a Tudela y por lo que cuentan quienes celebran las fiestas, este año el sábado trajo menos personal. En la Plaza de Toros la entrada no pasó del tercio. En los tendidos de sombra se veía más localidades ocupadas que en el día de Santiago, pero en los de sol, la poca capacidad de convocatoria de las peñas fue notoria.
El personal presente pudo presenciar un festejo entretenido. Los cinco primeros toros concitaron la atención de casi toda la plaza. El sexto... pareció una coda impropia de una tarde triunfal.
Los toros pusieron de su parte. El baile de corrales que se había producido la víspera, no trascendió a los tendidos. Y lo que los espectadores vieron salir por chiqueros fue una corrida pareja, bien armada y con un cuajo perfecto para la plaza de Tudela. En lineas generales fueron nobles, destacando las embestidas temperamentales del segundo y la clase rayana con la vacuidad del cuarto. El sexto resultó el de peor condición, rajándose a tablas mediada la faena.
Manuel Jesús “El Cid” es torero de vuelta, al que este año han vuelto a pegar los toros y tiene el depósito del valor muy dado ya de sí. Un puyazo largo dejó más que ahormado a su primer toro, con el que nada hizo en la primera suerte. Tras varias tandas por la mano diestra en las que “El Cid” se tomó sus precauciones, el toro terminó parándose y el de Salteras lo despenó de media estocada. El público pidió la oreja de forma mayoritaria, el palco atendió la petición y el campeador la paseó por el albero, sentándose un listón para calibrar las faenas que ya no tendría vuelta el resto de la tarde.
Bastante mejor se encontró el sevillano con el que hacía cuarto. Al toro le fallaron las fuerzas en banderillas y perdió pies en la primera tanda, pero Manuel Jesús lo templó en tandas cortas para sacar de él unas embestidas de nobleza benedictina que le permitieron dibujar naturales y derechazos de categoría. El saltereño mató de estocada trasera con efectos rápidos y se le concedieron dos orejas. Como la mano izquierda de “El Cid” has sido siempre un lujo, podría resumirse la tarde en tres naturales más que en tres orejas. Que no es poco.
Manuel Escribano se había dejado ver por Tudela desde la víspera, aunque era la segunda vez que hacía el paseíllo en la “Chata de Griseras”. Su primer toro, manzanilla, tuvo el nervio y picante ideal para que el de Gerena pudiera lucirse en el tercio de banderillas. La plaza y lo agradeció y ya toda la faena fue jaleada con por los tendidos que encontraron en Escribano a un matador con ganas de agradar y de triunfar. La estocada y las dos orejas cayeron rápido en su esportón.
Su segundo toro, que hacía quinto, no fue tan claro. El bicho se llamaba marginado y su condición abanta con el capote escondía una mansedumbre bravucona que dejó ver en los siguientes tercios de la lidia. El tercio de banderillas no pudo ser tan brillante como el anterior, pues el toro apretaba siempre hacia afuera. Pero Escribano lo ejecutó como parte imprescindible de su repertorio.
Con la muleta Manuel aguantó y corrigió las primeras embestidas del toro reduciendo el genio del animal. Una tanda por el pitón izquierdo tuvo entidad, para convertirse luego el trasteo en una faena doméstica que tras una estacada sería premiada con una oreja.
Juan del Álamo hizo el paseíllo desmonterado y como debut en Tudela recibió con una larga cambiada de rodillas al tercer toro. Era un bicho incierto al que el mirobrigense supo meter en el canasto a base de una técnica aprendida con muchos años de experiencia. Lo que mayor hondura tuvo, fueron los pases de pecho. Y los circulares invertidos del final de faena prendieron la mecha para que tras una estocada tendida se le concediera un trofeo.
El sexto toro se salió del guión de la tarde. Un toro rajado en la arena y un megáfono bramando a todo volumen en el Tendido de Sol tuvieron la culpa. Del Álamo quería salir en la foto triunfal, pero aquello era un despropósito. El torero se puso plúmbeo, el toro se fue a tablas y de allí no salió nada bueno. Los del megáfono seguían con su rave y en los tendidos las dos horas y media de festejo parecían suficiente.
Al segundo intento consiguió acabar con el bicho. Se llevó un recado del palco. Llegaba entonces la foto de la Puerta Grande. Se rozó el triplete.
Seis toros de Guadalest, de Toril, Cáceres. Muy bien presentados. Fueron ovacionados al arrastre 2º y 4º.
Toreros
“El Cid” oreja y dos orejas. Manuel Escribano dos orejas y oreja. Juan del Álamo oreja y silencio tras aviso.
Presidencia
A cargo de Luis Arrondo Franco, asesorado en el aspecto veterinario por Rosa López y en el artístico por Curro Lamana.Pasaron desapercibidos.
Incidencias
Un tercio de entrada en tarde de temperatura agradable. Manuel Jesús “El Cid“ y Manuel Escribano salieron a hombros por la puerta grande.
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