Puerta grande para el navarro Marín, Rivera Ordóñez y Juan Bautista en Tudela
El debutante Javier Marín consiguió tres orejas, una con su primero y dos con el último de la tarde. Francisco Rivera Ordóñez cortó dos orejas, una con cada toro. Juan Bautista hizo una gran faena con el quinto y se llevó dos orejas


Actualizado el 29/07/2017 a las 22:53
Javier Poyo, con el título de medicina en el bolsillo, anda metido a preparar el examen más difícil de su vida, el del MIR. Mete más de doce horas de estudio cada día y tiene un día libre a la semana para descansar. Ayer eligió disfrutar de ese día en Tudela y disfrutar del doctorado de su amigo Javier Marín en la “Chata de Griseras”. El día del MIR de los toreros. Como Poyo, cientos de navarros se dieron cita en la plaza de toros tudelana para estar presentes en la puesta de largo de un nuevo matador de toros.
Cuatro toros de Valdefresno y dos de Hermanos Fraile Mazas (2º y 5º), correctos de presentación y cómodos de cabeza. Nobles, varios bravos, con fuerza justa. Fueron ovacionados en el arrastre 5º y 6º.
Diestros
Francisco Rivera Ordóñez ‘Paquirri’: oreja y oreja. Juan Bautista: silencio y dos orejas. Javier Marín: oreja y dos orejas. Los tres matadores salieron a hombros.
Presidencia
A cargo de Luis Arrondo Franco, asesorado por Francisco Sagardía en el terreno artístico y Ana Isabel Pereira en el veterinario. Al aire de la tarde, pasaron desapercibidos y estuvieron amables.
Incidencias
Plaza de Toros de Tudela, 2ª de feria, más de media plaza.
El guión de la tarde comenzó con una rápido discurso de Alternativa en el que “Paquirri” le cedió los trastos en la alternativa a Marín para matar al toro buscatodo del Puerto de San Lorenzo. A partir del dato estadístico, el cirbonero pasó un largo rato entre la responsabilidad y los nervios, en una faena de desencuentros finalizada con vibrantes bernadinas. Tras dos pinchazos, Marín cortó un amable trofeo.
Con Francisco Rivera Ordóñez en el ruedo el personal comenzó a ponerse rumbosos. Hay que apuntar que el público que no fue a ver a Marín, se había apuntado al festejo persiguiendo al nieto de Antonio Ordóñez. Y “Paquirri” les dio lo que querían: muchos muletazos, de una u otra manera, muchos pares de banderillas y muchos gestos al público, dignos de un rejoneador. Pero Rivera estuvo bien con el capote y certero en las estocadas. Y sobre todo, pendiente del toricantano toda la tarde, dándole consejos desde el callejón y ejerciendo de director de lidia. Así que no es este el momento de buscarle las vueltas.
Juan Bautista no tuvo rival en su primer toro y las embestidas boyantes del quinto, que llevaba el hierro de Fraile Mazas, le sirvieron para elaborar un particular compendio del toreo al natural. El toreo en redondo del arlesino y la comparativa de lo visto hasta aquel momento, orientaron al público y al palco a sacarlo a hombros.
Con cigarro en el ruedo el suspense era mayor: por el fondo y por las formas, aquello era un torazo. Pablo Simón puso un buen par de banderillas y el toro se arrancaba de largo. Javier Marín agarró la muleta y fue a examinarse ante si mismo.
El de Cintruénigo notó como el de atanasio se le arrancaba de largo y podía desordarlo. Si no era con ese, no iba a ser nunca. Era un toro de sueño o de pesadilla. Comenzó de hinojos y tras dos tandas de tanteo, se puso serio. Superó sus demonios e hizo el toreo. Se quitó los nervios y disfrutó toreando. Con los muletazos largos, Javier se rebozaba de toro. Las imágenes no mienten. Una media lagartijera disipó lo s últimos miedos
Si a los gobiernos se les da cien días de tregua, qué menos que no concedérselo a un torero. Javier Marín es desde ayer un nuevo matador navarro.
