Bardenas
Sendaviva, epicentro de observación
A media tarde, cuando el termómetro alcanzó los 40 grados, una riada de personas subió la empinada cuesta del parque que llevaba al punto más alto para ver el eclipse, situado a 500 metros


Publicado el 13/08/2026 a las 05:00
Con un total de 6.000 asistentes, Sendaviva se convirtió este miércoles en el epicentro de observación del esperado eclipse. Las elevadas temperaturas no disuadieron y muchas familias aprovecharon para pasar el día en el Parque de la Naturaleza de Arguedas. A lo largo de la mañana, 3.000 personas ya habían accedido al recinto.
El punto de observación principal del eclipse se habilitó a 500 metros de altura, en un lugar que también servía como excelente mirador del paisaje de las Bardenas. A partir de las cinco de la tarde, cientos de personas comenzaron a subir al punto de observación, en medio de un calor sofocante. Sombrillas, sillas de playa, neveras... El equipamiento era el mismo que para pasar un día en la playa. Numerosas personas caminaban en bañador, tras haber disfrutado de las atracciones de agua del parque.
A las seis de la tarde, el termómetro alcanzó los 40 grados. Coincidió con el pico de afluencia de personas por la empinada cuesta que llevaba hasta el observatorio. Por el camino, hubo quien aprovechó para darse un manguerazo y refrescar también a los de alrededor. La aglomeración llegó a ser tal que a los carritos que circulan por el parque les costaba abrirse paso entre la multitud. Estos carritos iban subiendo y bajando la cuesta, por si había que recoger a alguna persona que se quedaba a medio camino o que necesitaba que le llevaran al punto de asistencia sanitaria. Una vez superado el tramo más duro de la cuesta, en la explanada se había habilitado un camión cisterna con dos grifos de agua fresca, un “punto de hidratación gratuito” que se convirtió en un oasis en medio del desierto.
Pasadas las cinco y media de la tarde, la cola para abastecerse de agua se iba alargando cada vez más. “Agua fría para sobrevivir al eclipse”, se escuchaba entre los comentarios de quienes esperaban en la fila. “Este último trozo de cuesta se nos ha hecho un poco duro, pero ya nos habíamos refrescado en las atracciones, como en los rápidos y en los chorros”, comentaban las hermanas Naroa e Ixone Pérez Uresandi, de 15 y 13 años, de Aibar, que estaban sentadas a la sombra junto a sus padres. “Este eclipse va a ser un momento único en nuestra vida, tenemos muchas ganas de saber qué se siente”, comentaba Naroa. “Creo que va a ser algo que voy a recordar siempre”, añadía Ixone.
Llegados desde Berriozar, Ray Urbieta y Marta Apesteguía también aprovecharon para pasar el día entero en Sendaviva. Acudieron junto a sus hijos, Asier y Marta, de 16 y 19 años respectivamente, y también subieron al punto de observación. “Hemos venido muchas veces a Sendaviva”, contaba Marta. “Un eclipse es algo que sucede muy pocas veces en mogollón de tiempo. A ver qué pasa hoy”, comentaba Asier sobre sus expectativas con el eclipse. “Llevamos aquí desde las diez y media de la mañana y por la noche nos quedaremos a ver las Perseidas”, señalaba Marta Apesteguía.
“Mereció la pena subir la cuesta”, aseguraba Manuela Klinkert Rondón, vecina de Cadreita, que aprovechó para refrescarse en el camión cisterna. No le importó mojarse el vestido: “Nunca había estado en Sendaviva con tanto calor. A ver si es verdad que con el eclipse se hace de noche. Venimos a disfrutar y a aprender de los eclipses, yo ya he leído sobre el fenómeno”, contaba. Ella y su amigo Aitor Pardo Vicioso llegaron al parque por la tarde. La cuesta les pilló desprevenidos: “Pensábamos que el evento de observación sería abajo. De haber sabido que había que subir, hubiera venido más deportivamente”, se reía Manuela.
Hubo quien llegó a Sendaviva desde Alemania, como el matrimonio formado por Manuel Arcís y la japonesa Yoko Yoneda, natural de Tokushima. “El plan de venir a Senda Viva surgió por los abuelos de nuestros hijos, que son de Japón y estudiaron física”, contó Arcís. “Mi mujer y yo nos conocimos en Alemania. Llevamos 13 años viviendo allí y hemos venido desde Alemania para ver todos juntos el eclipse”. También les acompañaba su suegra, Keiko. “Pensamos que Sendaviva era un buen sitio para los niños, que tienen 7 y 5 años. Hemos venido por la mañana para pasar el día”, comentó Arcís.
A la salida del parque, la familia se mostró muy satisfecha con la experiencia: “Cuando he visto la corona, ha sido como un sueño. Lo más bonito ha sido cuando ya hemos podido verlo sin gafas”, resumió Manuel Arcís.
La visión del eclipse también fue una experiencia “espectacular” para Unai Torres, de 10 años, que pasadas las nueve de la noche salía entusiasmado de Sendaviva junto a sus hermanos Ibai y Alain. “Cuando nos hemos quitado las gafas, ha sido impresionante ver el eclipse total”. Su padre, Óscar Torres, resumía así su sensación: “Lo más impactante ha sido ver la luz que emanaba alrededor”.
Les acompañaba Cristina Arrondo Elía, quien sufrió un golpe de calor durante la subida al punto de observación. “Casi me cuesta la vida, porque estoy recién operada”, expresó. “Creo que tenían que haber puesto algún microbús o lanzadera para personas con dificultades”. En ello coincidía Nerea Barba Ramos, presidenta de la Asociación ASENNA: “La subida al punto de observación ha sido muy dura para ancianos o personas con patologías previas. Durante la subida hemos echado en falta zonas de sombra y bancos para sentarse”. Pese al mal rato pasado por culpa del calor, señalaron que la visión del eclipse les había compensado: “Ha sido increíble, impresionante. Parecía de película”, coincidían Torres, Arrondo y Barba.