Calor
Tudela, en guerra contra los mosquitos: "Esto es una ruina para la hostelería"
La repentina llegada del calor ha provocado que la capital ribera lleve días bajo nubes de mosquitos. A las molestias habituales se suman las consecuencias para la hostelería. Terrazas vacías en hora punta porque es imposible soportar los picotazos


Publicado el 22/05/2026 a las 19:00
Cuando cae la tarde y el calor que ha llegado de golpe estos días afloja, son muchos los que aprovechan para tomar algo en las terrazas de los bares repartidas por distintas zonas de Tudela. Pero estos días es imposible. ¿La razón? Una auténtica invasión de mosquitos que comenzó el martes y que, por ahora, no tiene pinta de aflojar.
A las típicas molestias por los picotazos y con la imagen cada vez más habitual de ciudadanos armados con repelentes contra estos insectos, se suma una más, el efecto que está teniendo, precisamente, en los establecimientos hosteleros de la capital ribera. Ya sea en el paseo de Invierno, en la plaza de los Fueros, en la plaza Alfonso I ‘El Batallador’, o en otras partes de la ciudad, los mosquitos hacen acto de presencia de forma masiva sobre las 20.30 horas para salir ‘de caza’.
Y la consecuencia es que, en apenas unos minutos, se vacían las terrazas en plena hora punta. “En cuanto salen, adiós a la terraza”, lamenta José Luis Navas Carrera, propietario del Winter, en el paseo de Invierno. “Generan muchísima incomodidad y por su culpa la semana está siendo mala”, cuenta mientras trata de ahuyentar los mosquitos que le rodean. “Siempre ha habido, pero en 17 años que llevo trabajando aquí creo que es la primera vez que pasa tan exagerado”, explica Navas, que reconoce que esto supone una “ruina” y aboga por “fumigar o intentar darle una solución”.


La mayoría de la clientela se va o se refugia dentro de los bares.
Pero Paloma Azcona Casado, que también propone fumigar la zona verde, es una de las pocas que aguanta, aunque a duras penas, en la terraza. “Ha venido el calor de golpe, y los mosquitos a la vez, ¡y han venido con hambre!”, explica la tudelana mientras da manotazos al aire para ahuyentar a los insectos.
Unos metros más arriba, en la Cervecería Sabores y Vinos, la situación es la misma. “Se podría fumigar, pero sería cuestión de tiempo que volvieran los mosquitos, así que no serviría de nada”, cuenta su propietario, Haojun Huang. “Al anochecer, que es hora punta, es inaguantable y la gente se va”, lamenta.