Desafíos de Navarra

Castejón y su reto migratorio

Esta villa ribera fue una de las primeras localidades en acoger a aquellos inmigrantes que arribaron a Navarra entre finales del siglo XX y principios del XXI. Ahora, casi un tercio de sus cerca de 5.000 habitantes son de origen extranjero

Un grupo de niños de origen magrebí juega en una de las plazas de Castejón
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Un grupo de niños de origen magrebí juega en una de las plazas de CastejónBlanca Aldanondo
Un grupo de niños de origen magrebí juega en una de las plazas de Castejón

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Diego Carasusán

Publicado el 22/02/2026 a las 05:00

Castejón no se puede entender sin el tren. En 1850, solo contaba con una casa habitada por pastores y una venta. Pero su historia cambió entre 1859 y 1861, años en los que se construyó el empalme ferroviario que unió Pamplona con la línea del Ebro. Así, Castejón pasó de ser una humilde pedanía a orillas del río a una próspera villa en continuo crecimiento.

La localidad comenzó a poblarse de trabajadores llegados de toda España con apellidos tan diversos como sus lugares de procedencia. Una curiosa variedad de apellidos que todavía hoy pervive, y a la que, en las últimas décadas, se han añadido otros muchos pertenecientes a inmigrantes originarios de otros continentes.

Actualmente, Castejón cuenta con 4.751 habitantes, de los que 1.479 son extranjeros (no se tienen en cuenta aquellos que ya han adquirido la nacionalidad), lo que supone casi un tercio (31,13%) del total de  los vecinos del municipio.

La llegada de inmigrantes a Castejón coincidió con el cambio de siglo. Desde entonces hasta ahora, y con la única excepción de los años marcados por la crisis económica de 2008, la población de la villa ribera no ha parado de crecer, pasando de los poco mas de 3.000 habitantes del año 2000 a los 5.000 que roza actualmente.

Castejón fue uno de los primeros destinos navarros en recibir migrantes, sobre todo procedentes de Marruecos y Colombia, nacionalidades que hoy son las mayoritarias del conjunto de la población extranjera con un 78,9 y un 7,2%, respectivamente.

SIN CONFLICTOS "ALARMANTES" 

La razón de la elección de Castejón como destino no está claramente definida, y quizás haya que buscarla en su cercanía a importantes núcleos de producción agroindustrial como Milagro, Villafranca o Cadreita; o con un relevante peso empresarial -con la construcción como pilar- como Corella y Cintruénigo.

Fuera como fuese, lo cierto es que este fenómeno migratorio ha cambiado sustancialmente a una villa en la que ahora conviven personas de nacionalidades pertenecientes a cuatro continentes distintos (Europa, África, América y Asia).

Un simple paseo por las calles de Castejón evidencia esta realidad multicultural, con vecinos de distintas procedencias conviviendo en un equilibrio que, como destaca la alcaldesa Noelia Guerra Lafuente (UPN), “no está exento de pequeños conflictos, como algunos robos o peleas puntuales, pero que en ningún caso suponen algo alarmante y no rompen el clima de convivencia”.

En cualquier caso, esta realidad pone encima de la mesa retos importantes como, por ejemplo, el de la vivienda. De hecho, como se recordará, el pasado mes de octubre el tejado de una casa en la que residían tres familias magrebíes se desplomó sin que ninguno de sus 12 inquilinos resultara herido.

“La gente que viene -indica Guerra- necesita viviendas dignas. No pueden estar en casas sin las mínimas condiciones de habitabilidad, sin calefacción o que apenas tienen el tamaño de un trastero. Y más cuando estas familias tienen a su cargo a niños pequeños”.

Y es que, como indica la primera edil, otro de los grandes retos a los que debe hacer frente Castejón es el alto nivel de pobreza infantil detectado, próximo al 60%.

Ante esta circunstancia, desde el Ayuntamiento ya están trabajando para poder contar con un Técnico de Convivencia Intercultural (TCIR). “El Gobierno de Navarra va a convocar este año una subvención para este tipo de apoyo comunitario y estamos estudiando el modo de optar a ella ya que, actualmente, no contamos con esta figura pese a los datos de inmigración que manejamos”, señala la alcaldesa castejonera. 

EL COLEGIO, ELEMENTO CLAVE

El preocupante dato de pobreza infantil que soporta Castejón impacta directamente en la situación que se vive a diario en el colegio público de Educación Infantil y Primaria Dos de Mayo de Castejón.

El centro cerró el pasado curso 2024-25 con 566 alumnos matriculados, de los que el 67% correspondieron a niños de origen marroquí.

Según explica la directora del colegio, Gemma Martínez Fernández, tal concentración de alumnado inmigrante, junto a las barreras lingüísticas aparejadas al mismo, eleva la dificultad de conseguir la integración entre los niños que persigue el centro.

Al respecto de esta cuestión, Martínez apunta una circunstancia curiosa detectada a lo largo del tiempo por la cual la mezcla de alumnos autóctonos e inmigrantes es muy distinta en el ámbito escolar y fuera de él.

“Dentro del colegio, tanto en las aulas como en el patio, los chavales están plenamente integrados, relacionándose unos con otros con total naturalidad y trabajando y jugando juntos. Pero luego, fuera del colegio, cada uno va con su grupo y esa mezcla se desvanece”, explica Martínez, quien asegura no tener una respuesta clara al motivo de esta diferencia de relación entre alumnos dentro y fuera del colegio.

“Quizás sea por las diferencias culturales o porque las actividades que unos y otros realizan en su ámbito familiar sean distintas, pero lo cierto es que esto pasa y no sabemos muy bien cómo afrontarlo”, destaca Martínez.

LA BARRERA DEL IDIOMA 

A esta labor de integración que realiza el colegio se unió hace casi una década otro elemento fundamental en este camino con la apertura, en el curso 2017-2018, del Instituto de Educación Secundaria Obligatoria (IESO) de Castejón.

La inauguración de este centro coincidió con la presencia en la alcaldía de David Álvarez Yanguas (IU), quien recuerda este logro como un hito en la historia de Castejón. “Con el instituto conseguimos que tanto niños inmigrantes como los que no lo eran pudieran continuar con su trayectoria académica en el pueblo, sin necesidad de tener que salir fuera de él a otros centros”, destaca Álvarez.

Con respecto a las dos legislaturas que estuvo al frente del consistorio (desde 2015 a 2023), el ex alcalde castejonero recuerda el clima de “convivencia normal” que se vivía en la localidad, “y que se mantiene hoy en día”, y el hincapié que hizo su equipo de gobierno por mantener los cursos de alfabetización en castellano que ya venían desarrollándose desde las legislaturas pasadas, con el PSN al frente del consistorio.

“El desconocimiento del idioma es una de las principales barreras para la integración. Por eso, desde el primer momento, trabajamos en romperla con el mantenimiento de estos cursos”, señala David Álvarez.

PESE A LA CRISIS ECONÓMICA

Pese a los cambios de signo político experimentados en el Ayuntamiento en el último cuarto de siglo -del PSN, a IU y al actual de UPN-, todos los equipos de gobierno han puesto el foco en la atención a la inmigración en la localidad.

El socialista Javier Sanz Carramiñana (alcalde entre 1995 y 2011) fue el primero en afrontar esta nueva realidad social, cediendo después el testigo a su compañera de partido Yolanda Manrique Albo, quien ostentó la alcaldía castejonera en la legislatura 2011-2015.

Manrique recuerda que, durante aquellos años, los posteriores a la crisis económica, “el Ayuntamiento se encontraba en quiebra y cualquier gasto excepcional era un problema añadido”. “Pese a ello, creímos conveniente poner en marcha un programa de convivencia en el que participaron distintas entidades y asociaciones locales, así como la comunidad islámica”, explica la ex alcaldesa.

“Mi paso por el Ayuntamiento fue corto, pero los miembros de aquel equipo de gobierno salimos muy satisfechos del trabajo realizado a nivel de integración de la inmigración”, añade Manrique, quien destaca que, durante su mandato, “me tocó dar la licencia de obras para la construcción de la mezquita”.

UNA IGLESIA, DOZ MEZQUITAS 

Aquella mezquita fue el primero de los dos lugares de culto islámico con los que cuenta Castejón (este periódico no consiguió contactar con los responsables de estos templos). Así, la villa acoge ahora dos mezquitas, mientras que tan solo cuenta con una iglesia.

El análisis de la convivencia visto desde el prisma de la religión puede invitar a percibir a ésta como un factor de separación entre colectivos, pero resulta pertinente destacar que, en el caso de Castejón, también ha sido motivo de unión e integración.

Así lo constata Vanessa Ortuño Visanzay, presidenta de la Cofradía de la Virgen del Amparo y la Pasión, quien recuerda cuando, hace ahora una década, se encontraron con falta de miembros para poder sacar los pasos durante la Semana Santa.

“Hicimos un llamamiento y pronto recibimos la respuesta de un grupo de colombianos. Ellos hicieron posible que pudiéramos participar en la procesión de aquel año y en las sucesivas, ya que siguen colaborando con la cofradía”, afirma Ortuño.

Así, la cofradía se ha constituido como un foco de integración, al igual que lo es otro factor que, en ocasiones, también se compara con la religión: el fútbol.

Y es que, como demuestra el CD Castejón, el deporte lleva años siendo punto de encuentro de jóvenes autóctonos y de origen inmigrante.

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