Hostelería

El Bar Tudelano, testigo y parte de la historia del barrio de Lourdes de Tudela

Este negocio familiar, ubicado en la avenida del Barrio, ha sabido adaptarse a los cambios en la sociedad y hostelería durante las últimas seis décadas

A: BLANCA ALDANONDO
F: 02/06/2025
P:  IZASKUN ARNAIZ MARDONES
L: TUDELA
T: BAR EL TUDELANO
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Izaskun Arnaiz Mardones, copropietaria del bar Tudelano, posa en una de las mesas de su local
A: BLANCA ALDANONDO
F: 02/06/2025
P:  IZASKUN ARNAIZ MARDONES
L: TUDELA
T: BAR EL TUDELANO

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JAVIER F. AGUERRI

Publicado el 08/08/2025 a las 05:00

La historia del bar Tudelano se remonta a 1965. Fue inaugurado por los padres de José Ángel Pérez Cuesta, quien lo regenta actualmente junto a su esposa Izaskun Arnaiz Mardones. “Empecé a trabajar aquí con 13 años”, rememora Pérez. “He servido a gente nacida en 1890 y en 2024”, señala.

Esta larga trayectoria en el mundo de la hostelería le ha permitido contemplar desde un primer plano los cambios que han acontecido en la sociedad tudelana. “En aquel entonces había muchos migrantes de pueblos cercanos, como Cervera, Cascante o Ablitas, que vinieron aquí a ganarse la vida”, comenta el propietario. “Abríamos muy temprano, alrededor de las 5.30. A esa hora había mucho movimiento, se juntaban los pescaderos, lecheros, trabajadores del campo y carpinteros a tomar su café o su anís”, explica.

Según Pérez, el bar era “el principal entretenimiento y medio de socialización para la clase trabajadora de la localidad”. “Se venía a hablar, merendar, jugar a las cartas… En definitiva, era el lugar de desconexión tras las duras jornadas laborales”, señala, haciendo especial énfasis en las timbas de aquella época.

Sin embargo, con la llegada de las grandes superficies y los polígonos industriales “se notó mucho el cambio”, recuerda el hostelero. “La mayoría de los pequeños negocios comenzaron a cerrar poco a poco, y los puestos donde muchos trabajadores vendían sus propios productos fueron prohibidos”, añade. Por ende, la rutina de los conciudadanos se transformó repentinamente.

DE BAR A CAFETERÍA

En un ambiente y contexto distintos, los propietarios se vieron obligados a tomar una decisión. Arnaiz, quien ya regentaba el local junto a su marido, relata que “hubo que elegir entre cerrar o reformar. La gente que solía venir ya había envejecido y Tudela no era la misma”. Debido a ello, en 1992, se decantaron por convertir el bar en cafetería.

“Entonces aún no habían llegado las franquicias, tan solo existían un par de cafeterías locales”, subraya Pérez. Además, esta modernización no aplicó solo al estilo o modelo de negocio, sino también a lo social, en tanto que “fue de los primeros en permitir la entrada a mujeres”, recalca Arnaiz.

LA TRADICIÓN FRENTE A LO MODERNO

No obstante, el matrimonio señala orgulloso que se sigue manteniendo la misma esencia que les caracterizaba durante los años 60. “Somos de toda la vida”, expresa ella, Junto a su marido, se muestra “reacia” a algunas de las tendencias actuales del gremio. “Aquí no tenemos nada de bolsa, no nos llenaría servir una croqueta precocinada”, afirman ambos.

Y es que esa es precisamente la filosofía que les diferencia. “Nosotros pertenecemos a la cocina de antes. Cada plato es casero, con cariño y con buenos ingredientes autóctonos”, enfatiza la dueña. Dicha forma de ver el negocio solo se puede entender a través de la experiencia y respeto que Pérez y Arnaiz han desarrollado hacia la hostelería con el paso de los años, a pesar de que su hija les insista en que “eso ya no se lleva”, bromean.

LA DUREZA Y EL DEVENIR DEL NEGOCIO

Podría decirse que no hay nadie mejor que los regentes de este bar para explicar lo demandante que es el sector al que se dedican. “Necesitas que te encante, tienes que tener energía y entender de cocina, de barra e incluso de administración”, expone Arnaiz. “Al igual que un capitán de barco ha de ser capaz de manejar la proa o guiarse con las estrellas: debes poder hacer frente a cualquier cosa”, reitera Pérez con una precisa analogía.

Ella, principal encargada del local a día de hoy, prefiere “optar por un horario más relajado, al estar cerca de la jubilación”. Concretamente, entre semana abre hasta las 4 de la tarde y, a partir de los viernes, también a la hora de cenar. Es por ese motivo que el bar Tudelano está “cerca de cerrar sus puertas”, confiesa, e incluso que “ya se encuentra a la venta”.

La hostelera insiste en que traspasar el negocio a sus dos hijos “no es una opción”. Tiene muy claro que prefiere “que sigan sus propias metas” y que “no quiere esa vida para ellos”. No obstante, hasta entonces, cualquier vecino que quiera probar un plato de comida casera, como la tortilla de patatas, especialidad de Arnaiz, solo tiene que acercarse al barrio de Lourdes y entrar a esta cafetería en la que se conserva la esencia de aquella Tudela tradicional.

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