Tudela
Segundo encierro de fiestas de Santa Ana en Tudela 2025: una manada compacta deja solo un herido leve
Los toros de Garzón Valdenebro realizaron una carrera rápida y limpia en el día grande de las fiestas tudelanas


Actualizado el 26/07/2025 a las 17:37
Soy de los que opinan que, desde que Pamplona comenzó a aplicar el ya famoso líquido antideslizante en la curva de Estafeta, su encierro es otra cosa.
Permítanme que me reserve mi opinión al respecto, pero es evidente que ese pringue ha variado la idiosincrasia de un acto que, si por algo se distingue, es por la impredecibilidad de soltar a seis toros bravos por la calle entre cientos de personas.
En Tudela no hace falta echar antideslizante. A diferencia que en Pamplona, donde la carrera discurre sobre adoquines, en Tudela todo el recorrido es de asfalto. Eso añade un plus de adherencia a las zapatillas deportivas de última generación cada vez más extendidas entre los mozos y, sobre todo, a las peñuzas de los astados.
Ya sea por el antideslizante pamplonés o por el asfalto tudelano, lo cierto es que cada vez es más complicado ver un encierro con la manada partida; con los toros divididos dejando hueco a los corredores para colocarse ante sus astas; y sin que los mansos sean los protagonistas del acto.
Así las cosas, los encierros se van pareciendo más a lo que se pudo ver este sábado durante la segunda carrera de las fiestas de Santa Ana: una manada compacta como un solo bloque de carne y cuernos. Algo así como la ‘Formación Tortuga’ de las legiones romanas que salen en los cómics de Astérix y Obélix. Pétreas. Sin fisuras. Sin sorpresas.
ESCONDIDOS ENTRE LOS MANSOS
Los integrantes de semejante colección de morlacos fueron los astados de la ganadería Garzón Valdenebro. De Jaén, para más señas.
Al igual que sus paisanos del día anterior (los novillos sevillanos de Tornay), los bravos jienenses hicieron acto de presencia saliendo de los corrales de Frauca juntos como hermanos. Pero, a diferencia de en la carrera inaugural, ninguno de los toros de ayer se salió del guion ni un ápice.
Quizás, de camino hacia Tudela, habían escuchado que estos días sopla Cierzo en el Ebro y, por ello, se arroparon bien entre los cabestros para no coger un resfriado que les impidiera lucirse por la tarde en la Chata de Griseras. Y así, bien parapetados tras los mansos, los astados andaluces completaron gran parte del recorrido sin apenas dar opción a los mozos a lucirse ante ellos.
UN SUSTO, Y POCO MÁS
Fue en el tramo final de la carrera, en la avenida de Zaragoza, donde la manada se estiró algo más ganando en velocidad y, por consiguiente, en emoción.
Y, de hecho, fue ahí, justo antes de llegar a la curva del callejón, cuando se produjo el único momento de tensión de la carrera.
Dos de los mozos que conducían a la manada tropezaron entre sí y cayeron al suelo. El VAR confirmó que hubo contacto, pero el árbitro del encierro pidió a la manada que siguiera adelante sin llegar a amonestar a nadie.
De hecho, la carrera concluyó con un parte de incidencias inmaculado en los registros de Cruz Roja y Protección Civil aunque, posteriormente, uno de los mozos acudió por sus propios medios al Hospital de Tudela para ser atendido de un traumatismo leve. Se trató de A.A.O., vecino de Huarte de 33 años, quien presentó una contusión en un dedo de la mano derecha.
Por ahora, dos encierros, y solo dos heridos leves. Y eso que Tudela no se gasta ni un duro en antideslizante. Que siga así.
