Hostelería

El Bar Aragón dice adiós a un siglo de historia

Ubicado en la céntrica plaza de los Fueros de Tudela y regentado por Boris Aceña, ha bajado su persiana a la espera de que alguien tome el testigo

Boris Aceña Schames posa ante la entrada del histórico Bar Aragón de Tudela
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Boris Aceña Schames posa ante la entrada del histórico Bar Aragón de Tudela
Boris Aceña Schames posa ante la entrada del histórico Bar Aragón de Tudela

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Diego Carasusán

Publicado el 08/02/2025 a las 19:00

En 1876 abrió sus puertas en Tudela un despacho de pan, vino y ultramarinos llamado La Española ubicado en una de las esquinas de la actual plaza de los Fueros. Ese local, propiedad de la Fundación Miguel Eza de la ciudad, siguió funcionando como bar regentado por distintos arrendatarios y con diferentes nombres, hasta que el 30 de diciembre de 2024 bajó su persiana por última vez. Así, y si nadie toma el testigo, el Bar Aragón escribió la última página de esta historia.

El último inquilino del local ha sido Boris Aceña Schames quien, a sus 69 años, recuerda cuando su padre Vicente consiguió hacerse con el alquiler a través de subasta allá por el año 1971.

“El edificio iba a ser declarado en ruina, ya que las zapatas de los pilares principales se encontraban muy deterioradas por el efecto de las crecidas del río Queiles que discurre por debajo”, recuerda Aceña, quien apunta que los trabajos de consolidación del inmueble se prolongaron durante más de tres años. Las obras sirvieron para sujetar las fachadas, vaciar el interior del edificio, y rehacerlo casi por completo creando, incluso, una planta-sótano.

TRES NEGOCIOS EN UNO

Así, una vez reformado el edificio, abrió sus puertas el llamado Le Vert Galant, un centro hostelero dividido en tres locales: el Bar Aragón, en la planta baja; el restaurante, en la primera planta; y la discoteca -posteriormente bautizada con el nombre de La Bodeguilla-, en la planta-sótano.

“Cuando nos hicimos con ese local, el Bar Aragón era el más famoso de toda la Ribera. Nuestro objetivo ha sido mantener ese legado, y así lo hemos procurado hacer durante el medio siglo en el que hemos estado al frente del negocio”, apunta Aceña, casado con Puri Fernández y con un hijo, Bruno.

Y es que el Aragón ha sido punto de encuentro de infinidad de personalidades ilustres que han visitado Tudela. “Todos los toreros que han pasado por la plaza de toros han venido al bar o a La Bodeguilla, además de cantantes, actores, políticos...”, afirma Aceña, quien quiere agradecer “a todos esos clientes fieles del día a día que han pasado por el bar y que se han prolongado durante tres generaciones con abuelos, hijos y nietos”.

En ese agradecimiento, Aceña también destaca a dos empleados, Ángel Calvo y César Fernández, “que han estado conmigo durante 45 años hasta su jubilación” en un bar que llegó a tener 22 trabajadores y que cerró sus puertas con una plantilla de 12 empleados.

Aceña reconoce que, al bajar la persiana de su bar por última vez, “sentí mucha pena”. “Supongo que la propiedad del local lo volverá a alquilar y puede que haya algún otro valiente que se anime a abrir de nuevo las puertas del bar, del restaurante y de la discoteca. Si es así, solo le pido que mantenga el nombre de Aragón, porque este bar es mucho más que eso. Es una institución”, concluye Aceña.

De los granizados con nieve del Moncayo a los batidos naturales

Si algo ha distinguido siempre a los distintos gestores que han trabajado en el local donde se ha ubicado el Bar Aragón ha sido su carácter emprendedor e innovador, ofreciendo a quienes pasaron por él una experiencia distinta a lo conocido hasta entonces.

Así lo demostraron aquellos que en 1876 abrieron en él el despacho de ultramarinos La Española, donde los clientes podían degustar un chato de vino acompañado de una tapa, bautizada con el ya popular nombre de ‘Banderilla’, elaborada a base de aceituna, cebolleta y un trozo de pepinillo.

El primer bar como tal que se abrió en este local data de principios del siglo XX, bajo el nombre de Durban. Este establecimiento se hizo famoso por ofrecer a sus clientes granizados de limón que sus propietarios elaboraban gracias a la nieve que traían desde la cumbre del Moncayo.

EN LA GUERRA CIVIL

En 1931, un zaragozano de apellido Chueca se hizo con las riendas del establecimiento. En honor a su origen, el nuevo propietario rebautizó al bar con el nombre de Aragón, una denominación que ha perdurado hasta ahora.

Durante la Guerra Civil, el primer piso del local era frecuentado en su tiempo libre por miembros del bando nacional y soldados italianos en la que se conoció como ‘Habitación Roja’ por el color que lucía en sus paredes.

De hecho, y cómo recuerda Boris Aceña Schames, el último gestor del local, “cuando en 1971 mi padre Vicente se hizo con el alquiler del edificio y lo reformó, en ese piso aparecieron restos de pintura roja de esa famosa habitación”.

GURRUTXAGA, WYOMING, VERDÚ...

Vicente primero y su hijo Boris después mantuvieron el nombre de Aragón en un bar que elevó su nivel gastronómico ofreciendo pinchos premiados en distintos concursos como su Cuajada de Cardo, el Pañuelico de Borraja, o el Milhojas de Calabacín.

Pero si por algo se distinguió al Aragón durante esta etapa fue por su amplia variedad de batidos naturales, una oferta que comenzó a servir a finales de los 70. “Recuerdo que un día vino al bar el cantante Javier Gurrutxaga, y se pidió 9 batidos distintos, uno de cada sabor, porque no quería perderse ni uno”, señala Aceña, quien también recuerda el paso por su establecimiento de otros nombres ilustres como El Gran Wyoming o Maribel Verdú, “entre otros muchos”.

‘El paseíllo del Calero’, un pincho con mucha historia

Si la plaza de los Fueros es conocida como la ‘sala de estar’ de Tudela, la terraza del Bar Aragón fue ese sofá en el que sentarse a disfrutar del paso por la citada plaza de vecinos y visitantes. “La plaza es el corazón de Tudela, donde se celebran actos tan arraigados como la Bajada del Ángel, el Volatín, el cohete de fiestas, la Revoltosa... Por eso instalé en el interior del bar una colección de fotos de estos actos para promocionarlos entre aquellos clientes que no los conocieran”, explica Boris Aceña. Este amor por Tudela, por sus tradiciones y sus personajes populares, impulsó a Aceña a dedicar uno de sus pinchos a Calero, uno de los agentes municipales del pasado siglo, popular por su sentido del humor al dirigir el tráfico imitando los pases de pecho de los toreros. Así nació el conocido como ‘El Paseíllo del Calero’, a base de pimiento del piquillo relleno de pisto gratinado con queso de Idiazábal.

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