Falta de vivienda social
Sin solución para la familia de Tudela que vive en un coche
La Administración no soluciona el problema de la familia con un menor que vive desde hace meses en un coche en Tudela por falta de vivienda social, un escenario que se extiende por la geografía foral ante la falta de recursos de acogida


Publicado el 09/10/2023 a las 05:00
Después de sufrir un desahucio, llevar cinco meses sobreviviendo en un coche con un menor de 16 años y haber enviado instancias a la Administración, Luis (70 años), Adela (43) y Pedro (16), abuelo, hija y nieto, no han recibido ninguna respuesta. Esto significa que siguen durmiendo en el aparcamiento de la trasera del supermercado donde se ubicaron en mayo en Tudela. “Nadie nos va a separar”, dejaron claro a los Servicios Sociales cuando se les ofreció, según asegura el director de Área Ignacio Lizaldre, que el abuelo duerma en un albergue y madre e hijo, víctimas de violencia doméstica, lo hagan en un hostal. Una propuesta temporal que, por el contrario, niegan que se les haya ofrecido. “Solo nos dijeron lo del albergue, cuando en este lugar no aceptan menores”, explican la decisión.


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A pesar de encontrarse en la calle y no llegar a la puntuación para acceder a una vivienda de social, tampoco cumplen los requisitos que exigen alquileres privados. Y eso que ella cobra el Ingreso Mínimo Vital y él una pensión de jubilación. Este periódico informó hace una semana del aislamiento que sufre el colectivo más vulnerable en Navarra por culpa de unos seguros de impago que excluyen en los alquileres directamente a quienes cobran la renta garantizada. Unas trabas que se suman a la dificultad de encontrar habitación para vivir y que en muchos casos no permiten menores.
La entidades sociales llevan tiempo denunciando que el actual negocio inmobiliario, el escaso alquiler social, las 25.000 viviendas vacías en la Comunidad foral, el incremento de apartamentos turísticos, la inflación, la no regulación de los alquileres y los laberintos burocráticos dificultan o imposibilitan el acceso a la vivienda. “Y las consecuencias negativas de esta situación son vulneraciones de derechos continuas como la falta de empadronamiento, el hacinamiento en viviendas, las infraviviendas, y el aumento de las situaciones de sinhogarismo, entre otras”.
El año pasado se registraron en la Comunidad foral 175 desahucios por impagos de alquiler. A estos hay que sumar los desalojamientos silenciados, es decir, personas que abandonan su hogar por no poder hacer frente al pago o por presiones del propietario. En abril, la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza pidió poner la pobreza “en el centro”. Y avisó: “Familias con menores están sufriendo una exclusión residencial grave y no están siendo debidamente atendidas por la administración pública. Y tampoco existe un recurso público temporal para ellas”.
Por ello, ante el incremento del sinhogarismo, el Ejecutivo foral se reunió el martes con representantes municipales de la Comarca de Pamplona para diseñar una respuesta coordinada. “En la actualidad los recursos para la atención a personas en situación de calle están siendo insuficientes ante este incremento de necesidades”, reconoció la consejera de Derechos Sociales, Carmen Maeztu.
“Mamá, ¿por qué no nos hacen caso?”
Ese martes, de madrugada, Pedro dijo algo a su madre que terminó por romperla emocionalmente. “Mamá, ¿por qué no nos hacen caso? Jamás pensé que viviría algo así a mi edad”. Fue un nuevo capítulo de angustia y soledad que se produce días después de que cuatro hombres encapuchados se acercaran al vehículo y trataran de abrirlo. Adela se encontraba sola en el interior, frente al volante. Hacía frío y decidió echarse el edredón. Luis y Pedro, abuelo y nieto, se quedaron en el banco que mira a una rotonda y donde suelen pasar la mayor parte del día. Al ver a los encapuchados, Adela cerró los pestillos, llamó rápidamente por teléfono a su padre y voceó. Los gritos los ahuyentó.
El mismo martes de la reunión entre el Ejecutivo foral y alcaldes, este periódico acompañó en Tudela a Adela al edificio de Servicios Sociales de Base. “Tengo que mantener la entereza para que mi padre y mi hijo no se hundan. Esto es inhumano. Te sientes sola. Yo quiero mucho a mi hijo, he luchado mucho por él y lo he sacado adelante con mucha fuerza y entereza gracias a mi padre”, se desahoga mientras se dirige a la calle Díaz Bravo. “Sientes tanta impotencia. Ni a los animales se les trata así”.
Al entrar al vestíbulo, llama la atención una lona en la que se detalla el programa de acogida el servicio de base. Habla de cumplir una “misión”: “El programa de acogida y orientación social está dirigido a la ciudadanía empadronada en Tudela y personas transeúntes, siendo la puerta de acceso al sistema de Servicios Sociales, cuya función principal es la detección y atención de las necesidades sociales, así como la mejora de la calidad de vida (…)”. No tarda en aparecer el trabajador social. ¿Cuál es la situación hoy de esta familia ?, le pregunta el periodista. A lo que el trabajador responde que le corresponde contestar al director, Ignacio Lizaldre. “Tenemos una situación muy preocupante con la vivienda social”. Son sus únicas palabras. ¿El programa de acogida de los Servicios Sociales está cumpliendo en este caso con los objetivos de la “misión”? La pregunta queda en el aire.