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Afganistán

Un militar de Tudela, protagonista del rescate de afganos en Kabul

El militar tudelano Daniel Pérez Marchite formó parte de la misión de evacuación realizada por el Ejército español en el Aeropuerto de Kabul. Estuvo allí los últimos 9 días, en los que lograron sacar del país a alrededor de 2.200 personas

El militar tudelano Daniel Pérez Marchite posa durante uno de los servicios que realizó en el aeropuerto de Kabul.
El militar tudelano Daniel Pérez Marchite posa durante uno de los servicios que realizó en el aeropuerto de Kabul.CEDIDA
Actualizado el 08/09/2021 a las 07:32
En apenas 24 horas, el militar tudelano Daniel Pérez Marchite pasó de cumplir las rutinas diarias establecidas en su base aérea de Zaragoza a estar destinado en el lugar más peligroso del mundo: el Aeropuerto Internacional de Kabul (Afganistán) en plena misión de evacuación tras la toma de la ciudad por parte de los talibanes.
Este joven, de 24 años de edad, lleva tres como miembro del Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) del Ejército del Aire. Durante este tiempo, Pérez solo había participado en la ‘Operación Balmis’, en la que las Fuerzas Armadas se desplegaron por toda España para combatir la covid-19. “En apenas unas semanas pasé de estar desinfectando residencias..., a viajar a Afganistán”, apunta el soldado tudelano.
SENSACIÓN "AGRIDULCE"
Fueron 40 integrantes de su unidad los que salieron el 18 de agosto de la base de Zaragoza rumbo a Kabul. Su misión era facilitar la evacuación de los colaboradores afganos y sus familiares, quienes aguardaban en las inmediaciones del aeropuerto, junto a miles de personas más, para escapar del nuevo gobierno talibán ya en el poder.
Durante 9 días, hasta que abandonó Kabul en el penúltimo avión del Ejército de España que salió de Afganistán el 27 de agosto, el tudelano colaboró en la evacuación de alrededor de 2.200 personas, “las mitad de ellas niños y niñas”. “Tengo la sensación agridulce de saber que logramos sacar a muchísima gente de allí pero, por otra parte, sé que se quedaron muchos otros atrás”, explica Pérez.
'PESCAR' EN AGUAS FECALES
Los 40 miembros de la unidad de Pérez llegaron al Aeropuerto de Kabul el 19 de agosto. “Unos días antes se habían visto las imágenes de afganos cayendo de los aviones que despegaban de las pistas. Pero cuando nosotros llegamos, la situación era más tranquila”, indica el militar, quien reconoce que todo ese caos que previamente se había vivido en las pistas del aeropuerto se había trasladado a las inmediaciones del recinto, donde miles de personas esperaban para poder ser evacuadas.
La labor de la unidad del tudelano consistía en ir al exterior del aeropuerto a recoger a aquellos colaboradores que contaban con la documentación del Ministerio del Interior o de la Embajada para poder salir de Afganistán. Esta acción era conocida coloquialmente entre los militares como ir a ‘pescar’, ya que debían recoger a esas personas de un canal de aguas fecales que rodeaba el aeropuerto.
“Antes de salir nos poníamos en contacto con ellas vía telefónica y les dábamos algunos códigos para que, cuando fuéramos a recogerlas, pudiéramos distinguirlas entre la multitud. Por ejemplo, les decíamos que hicieran algún gesto determinado o que portaran en su vestimenta algún tipo de prenda concreta”, señala Pérez.
LABOR DE FILTRADO
Muchos de los rescatados de esas aguas fecales lograron subirse a uno de los aviones de evacuación, pero otros muchos no lo lograron. “Había gente que venía sin salvoconductos o que nos presentaba documentación falsa. Era muy duro decirles que no podían pasar, pero no podíamos hacer otra cosa”, indica Pérez, quien apunta que, entre las familias que fueron rescatadas “había de todo tipo y condición social”. “Veíamos a mujeres con distintos tipos de velo, en función de lo arraigada que estuviera la religión en su familia. Pero cuando les mirabas a los ojos, en ellos se veía la misma desesperación. Y es que no hay velo que pueda ocultar algo así”, apunta el militar tudelano.
Así, Pérez entiende el sufrimiento del matrimonio formado por la tudelana Silvia Arrastia y el afgano Aziz, que intentó desde la capital ribera, sin éxito, sacar de Kabul a 14 familiares. “Estando allí no llegué a conocer su caso”, apunta el tudelano, quien desconoce si habrá una nueva misión de rescate. Lo que sí tiene muy claro es que, si por él fuera, “volvería a Afganistán”.

“Allí ni siquiera los talibanes eran los ‘malos de la película’”

Según recuerda el militar tudelano Daniel Pérez, la situación en el aeropuerto “se fue tornando cada vez más peligrosa conforme se acercaba la fecha final para la salida de las tropas extranjeras”. Pese al aviso de posibles atentados, nadie pudo evitar los dos acontecidos el día 26 de agosto, que provocaron 183 muertos. “Solo 24 horas antes había pasado andando por Abbey Gate, el lugar donde se inmoló uno de los terroristas. Es algo impactante, pero no te puedes parar a pensar esas cosas porque sino no haces tu trabajo”, afirma. “Allí, en medio de ese caos, ni siquiera los talibanes eran los ‘malos de la película’. El peligro estaba en los terroristas del Estado Islámico, que fueron los que protagonizaron el atentado. Los talibanes habían establecido un perímetro de seguridad alrededor del aeropuerto, y nosotros estábamos dentro. No llegamos a tener contacto con ellos”, recuerda.

La cara y la cruz de una experiencia imborrable

De esos 9 días que pasó en Kabul, el militar tudelano Daniel Pérez Marchite se queda con dos instantes que reflejan como, en situaciones límite como esa, la condición humana muestra sus dos rostros.
LA CRUZ...
Uno de esos recuerdos se fraguó cuando Pérez estaba repartiendo agua y comida entre algunos de los afganos que esperaban ser evacuados. “Cuando ya habíamos terminado, un hombre se acercó a una mujer que no conocía de nada y le quitó la botella de agua que le habíamos dado”, recuerda el tudelano, quien reaccionó de inmediato. “Me acerqué a la mujer y esta empezó a exculpar al hombre diciéndome que no pasaba nada. Pero no era así. Le quité la botella al hombre y se la devolví a ella porque era suya”, afirma Pérez, quien recuerda que, a la hora de la evacuación, “la mujer logró salir de allí, pero aquel hombre se quedó en tierra”.
... Y LA CARA
La otra imagen que se le ha quedado grabada tuvo lugar en uno de los controles de documentación. “Me tocó hablar con un chaval que tendría mi misma edad. Me sorprendió su modo de expresarse, calmado y muy educado. Pero la documentación que nos presentó era insuficiente y se quedó fuera del grupo que iba a embarcar”, recuerda Pérez. “Justo cuando ya estábamos preparados para marcharnos, recibió otra documentación distinta y se lo comenté a mis compañeros que entraban en ese momento en el nuevo turno. Y ya no le vi más y me dio mucha pena. Incluso, cuando me monté en el avión de vuelta a España, seguía con la espina clavada de no saber si, finalmente, había logrado pasar. Entonces, entre toda la gente que venía con nosotros en el avión, le vi. Lo había logrado”, concluye Pérez.
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