Suplemento Tudela y Ribera
Las dos caras del Ebro


Actualizado el 26/06/2021 a las 06:00
El Ebro es un habitante más de la Ribera y, como el resto, tiene sus virtudes y sus defectos. Los cuatro protagonistas de este reportaje muestran, desde su relación con él, esa cara buena y esa cara mala que forman la identidad del río.
Todos los veranos, durante unas pocas noches entre agosto y septiembre, el puente del Ebro de Tudela se convierte en escenario de uno de esos fenómenos únicos que regala la naturaleza. Se trata de la eclosión de las conocidas como efímeras, unas mariposas que pasan meses ocultas como larvas en el agua y eclosionan al mismo tiempo.
Entonces, miles de ejemplares vuelan sobre el puente produciendo casi el mismo efecto visual que una gran nevada. Haciendo honor a su nombre, tras reproducirse y depositar sus huevos en el río, estas mariposas mueren a las pocas horas.
La fotografía que acompaña a este texto muestra la ‘nube’ que forman las efímeras sobre el puente. Esta instantánea es obra del fotoreportero ribero especializado en temas medioambientales José Antonio Martínez Sáenz, de 58 años, colaborador en medios como El País Semanal, National Geographic, Paris Match o Geo.
Pero esta imagen, que acumula un buen número de premios internacionales, esconde tras ella una “auténtica tragedia”. Así lo indica su propio autor, quien señala que la formación de estas espectaculares ‘nubes’ de mariposas se debe a que las efímeras emergen de las aguas del río atraídas por la “contaminación lumínica que generan las farolas del puente”.
De hecho, Ecologistas en Acción ha solicitado en varias ocasiones el apagado de las farolas del puente durante esas fechas de verano ya que, como indica, “las mariposas actúan como si las farolas fueran la luna y la calzada iluminada, la superficie brillante del Ebro”. “Así, confundidas por las luces, realizan la puesta de sus huevos sobre la carretera del puente y no en el río, como debería ocurrir, lo que provoca la puesta fallida de billones de huevos y la muerte de millones de estos insectos sobre el asfalto”, explica Ecologistas.
LO QUE HAY BAJO EL AGUA
La doble cara que tiene esta imagen es la que siempre busca Martínez. Por un lado, mostrar la belleza de la naturaleza pero, por otro, destacar los peligros que la amenazan y, como ocurre con las efímeras, evidenciar su fragilidad.
La colección de Martínez reúne instantáneas tomadas en infinidad de entornos naturales, aunque apunta al Ebro como uno de los parajes principales de sus inicios en el mundo de la fotografía, allá por la década de los 70.
“El Ebro mantiene esa belleza natural que reside en sus sotos, en las zarzas y en la lianas, pero luego tenemos el que subyace bajo sus aguas”, apunta Martínez, quien concreta que “la fauna acuícola actual no tiene nada que ver con la que había antes”. “Recuerdo cuando de niño veías madrillas, barbos, tencas, gobios... Ahora esa diversidad ha desaparecido y parece que lo único que queda son siluros”, explica el fotógrafo ribero.
Y es que, según indica Martínez, “el Ebro está ahora peor que nunca”. “La agroindustria está vertiendo al río todo tipo de fertilizantes, herbicidas y venenos generando una contaminación que no se ve, pero que está ahí, y que hay que denunciar para poder mantener esa belleza que se ve”, afirma.
Él es el último eslabón de una cadena familiar que se remonta varias generaciones atrás y cuyas raíces, nunca mejor dicho en este caso, están firmemente unidas a la tierra de su Ribaforada natal.
Y es que Alejandro Zardoya Aguerri, de 35 años de edad, es ahora quien mantiene una estirpe de agricultores que siempre ha estado ‘pegada’ a la orilla del Ebro.
Al frente de la empresa familiar Agro Zardoya SL, y con una plantilla de 15 empleados, cultiva una superficie de 120 hectáreas con parcelas tanto en Ribaforada como en la vecina localidad de Ablitas.
La mayor parte de su producción está dedicada a la coliflor (50 hectáreas) y al brócoli (35), a lo que se suma la alcachofa (20) y el tomate (15). Además de abastecer al mercado nacional, los productos de Zardoya se exportan a través de la Cooperativa Agrícola San Blas de Ribaforada a otros países como Alemania o Países Bajos.
EN UNA TIERRA FÉRTIL
Según explica Zardoya, el 30% de sus tierras se encuentran ubicadas en el paraje de La Huerta, área situada entre el casco urbano de Ribaforada y el cauce del Ebro. “Se trata de una zona que cuenta con un suelo muy rico en nutrientes para los cultivos. Todas las riadas e inundaciones que ha soportado este territorio a lo largo de la historia han conformado un área de sedimentos y minerales que hacen que su tierra sea excelente para la agricultura”, apunta Zardoya.
Pero esas mismas inundaciones del Ebro, que tanta riqueza han aportado desde antaño a sus vegas, son la principal amenaza para sus cultivos. “Siempre que hay riada importante, el río rompe el dique en Ribaforada y anega La Huerta, inundando las 600 hectáreas que componen esta zona”, explica el agricultor, quien advierte de que cada vez el río se desborda más veces pese a llevar menos caudal. “Esto indica que es necesario realizar un mantenimiento periódico para limpiar el cauce y, así, poder minimizar el riesgo de inundaciones”, pide el ribaforadero.
OPORTUNIDAD DE EMPLEO
Zardoya se licenció en Historia Económica y realizó un master de Gestión de Empresas, además de completar su formación en el extranjero. “Parecía que mi futuro profesional iba a estar lejos de Ribaforada, pero tomé la decisión de seguir los pasos de mi padre, aprender de él el modo de manejar el campo; y continuar con la tradición familiar”, indica “orgulloso”.
Zardoya, quien señala al sector agroalimentario de la Ribera como una oportunidad de empleo para los jóvenes. “Tendemos a idealizar lo que está lejos de nuestra tierra y no nos damos cuenta de la riqueza que tenemos aquí”, afirma el ribaforadero, al que le encantaría que las futuras generaciones de su familia continuaran enraizadas a la tierra.
Sabía que ese era un momento histórico y no dudó en inmortalizarlo. Fue entonces cuando el vecino de Buñuel Enrique Villafranca Uriel sacó su cámara de fotos y retrató a su hija Martina, que por aquel entonces contaba con solo 4 años de edad, sentada ante la puerta de entrada a su casa viendo, con gesto de sorpresa y resignación, cómo las aguas del río Ebro amenazaban con anegar la vivienda.
Aquella instantánea, tomada durante las inundaciones de abril de 2015 y publicada por Diario de Navarra, decora ahora una de las estancias del domicilio de Villafranca como muestra de lo que el Ebro puede provocar cuando, como se suele decir, baja ‘crecido’.
Natural de Cortes, Villafranca, de 40 años, terminó de construir su unifamiliar en 2010 en los terrenos que tenían los padres de su mujer, Mapi Fraile Magallón, en la calle Vicente Oliver de Buñuel. El matrimonio tiene dos hijas, la protagonista de la foto, Martina, que ahora tiene 9 años, y la pequeña Candela, de 4.
Su casa está situada a unos 300 metros del cauce del Ebro, río junto al cual dispone también de un huerto de recreo con caseta, invernadero y una pequeña granja con gallinas, ocas y corderos, entre otros animales.
“Poder vivir junto a un paraje natural como este no tiene precio, pero siempre estamos con un ojo puesto en la casa y en el huerto, y el otro alerta a las posibles crecidas del río”, señala Villafranca. De hecho, recuerda que, cuando estaba construyendo su vivienda, el arquitecto le aconsejó elevar la planta baja casi un metro para minimizar el riesgo de que el agua entrara en ella en caso de inundación.
“Gracias a eso, en 2015 evitamos que se nos anegara esta planta, aunque sufrimos daños por valor de más de 3.000 € en la zona del jardín, en el txoko y en el depósito de gasoil, además de todas las humedades que fueron apareciendo”, recuerda Villafranca.
UNA 'ESPADA DE DAMOCLES'
Pese a esta particular ‘Espada de Damocles’ que pende sobre sus propiedades, Villafranca asegura rotundo que “jamás nos hemos arrepentido de venir a vivir aquí”.
“Los beneficios de estar tan cerca de un río como el Ebro, con la belleza paisajística que aporta a la zona, superan con creces cualquier problema que nos puede generar”, reitera Villafranca.
Aquella de 2015 fue la mayor riada padecida por el matrimonio, que es consciente de que algo así se puede repetir. “Estos episodios de inundaciones eran mucho más comunes antiguamente, cuando no había diques y el agua alcanzaba las casas con mayor facilidad”, explica Villafranca, quien apunta a que, una posible solución para prevenir este tipo de inundaciones “sería llevar a cabo más limpiezas en el cauce del río”.
“El Ebro necesita ser dragado para eliminar todas las gravas y árboles que obstaculizan el paso del agua. Personalmente, a mí me afecta, pero los daños que me puede causar no son comparables a los que sufren las grandes parcelas de cultivo, explotaciones ganaderas y otros núcleos urbanos que hay a lo largo de Ebro”, afirma Villafranca.
Muchos dicen de él, con cariño y gran admiración, que solo le falta que le salgan branquias para que su unión con el Ebro sea total y absoluta. Y es que, a sus 51 años, la relación que el deportista tudelano Alberto Cebollada Kremer mantiene con el río solo es comparable a la pasión con la que habla de él.
Una relación que es casi diaria, ya que el Ebro es uno de los principales parajes en los que desarrolla su labor como profesor del ciclo formativo de Técnicos Deportivos en el CIP ETI Tudela. Además, el río es el lugar donde entrena para preparar las pruebas de triatlón y cuadriatlón en las que ha sido campeón nacional e internacional en varias ocasiones.
LA NUEVA 'VIDA' EN EL RÍO
El primer contacto con el río que Cebollada recuerda le hace viajar a su infancia cuando iba al Bocal de Fontellas. “Mi padre (Jesús -ya fallecido-) inflaba su barca y nos llevaba a las presas. Allí nos bañábamos y jugábamos con total normalidad”, rememora.
Eran esos tiempos en los que el Ebro era el lugar donde los tudelanos aprendían a nadar cuando la ciudad aún no contaba con piscinas.
Pero, poco a poco, Tudela empezó a dar la espalda al río optando por la seguridad y mayor comodidad de las primeras piscinas que se abrieron. “Yo siempre digo que al río no hay que tenerle miedo, sino respeto. Y si se actúa con prudencia, el Ebro es una fuente total de disfrute”, señala Cebollada, quien indica que ahora el río está recuperando su protagonismo. “Se pueden ver a pescadores, triatletas y a gente con tablas de paddle surf..., ¡y hay 6 entidades de piragüismo!”, resalta Cebollada, amante de esta disciplina. “Recorrer el Ebro en piragua genera una unión única con el río. Te sientes libre y, a la vez, conectado con toda la avifauna que te rodea”, apunta.
RIQUEZA TURÍSTICA
Esta relación entre Cebollada y el Ebro alcanzó otra ‘dimensión’ el 12 de mayo de 2013. Ese día repitió la travesía a nado que, 80 años antes, realizaba su padre entre Tudela y El Bocal. Cebollada completó estos 7 kilómetros de ruta, instaurando así una cita que, desde entonces, realiza cada año junto al también atleta Javier Val.
Y es esta sensación de unión con el río la que Cebollada pretende promocionar a través del proyecto de ‘Turismo Náutico’ que está desarrollando Consorcio EDER (más información en la página 14), con la instalación de embarcaderos y la oferta de rutas por todo el trazado del Ebro. “En el CIP ETI vamos a formar a guías y monitores de turismo náutico para que las empresas especializadas puedan contar con personal formado en la zona”, explica.
Y es que, como apunta, el Ebro puede convertirse en un polo de atracción turístico “inigualable”.