TUDELA Y RIBERA
Las máquinas de coser echan humo en la Ribera
Ya han repartido casi 500 de ellas por toda la Ribera en coordinación con el Colegio de Enfermería


Actualizado el 03/04/2020 a las 06:00
Que esta crisis sanitaria está sacando lo mejor de la sociedad actual se está demostrando cada día. Decenas y decenas de personas se han puesto manos a la obra para colaborar en todo lo posible y un buen ejemplo de ello es el grupo que ha surgido en Tudela y se ha extendido a otras localidades de la Ribera con el objetivo de preparar batas y delantales para centros sanitarios y residencias.
Todo surgió hace un par de semanas. Fue el Colegio Oficial de Enfermería de Navarra el que, ante la falta de equipos de protección individual adecuados, lanzó un llamamiento a la sociedad navarra para solicitar voluntarios que confeccionaran batas de aislamiento para los profesionales sanitarios.
Esa llamada llegó a la Ribera de la mano de la enfermera de la UCI del Hospital Reina Sofía Elena Torres Miranda, quien se puso manos a la obra para poner en marcha un grupo en la comarca.
Su mejor aliada fue Mar Pérez Arigita, una comerciante tudelana que no dudó en recoger el guante, aunque se dio cuenta de que para una iniciativa como esta era necesario contar con una estructura bien organizada. Y se puso a ello.
Todo el material está homologado para que el resultado tenga todas las garantías y se han marcado unas normas para las voluntarias, como que se laven las manos y trabajar con guantes y mascarillas. Además, es reutilizable, ya que las batas se pueden lavar.
Dentro de su complejidad, la forma de trabajar está perfectamente estructurada. La tela, de polipropileno y aportada por el Colegio de Enfermería gracias a donaciones de la empresa Productos Kol SL (Mash) de Sangüesa -Smurfit Kappa de Cordovilla facilita las cajas para su transporte, llega a casa de Pérez Arigita.
A partir de ahí, empieza su distribución para cortar los patrones. De ello se encarga Amimet, la asociación que trabaja con personas con discapacidad en la Ribera, y la empresa Sacossemillas de Fustiñana, que, gracias a su maquinaria, pueden prepararlos con mayor rapidez.
A ellas se suman otras dos mujeres, Maite Blanco y Eva Antón, que se encargan de cortar estos patrones a mano. “Venimos cuando llega el material y hoy -por ayer- estaremos todo el día porque tenemos un montón. Es un no parar porque hay gente a la que le das la tela por la mañana y ya tiene la bata hecha por la tarde. Es increíble, la gente tiene muchas ganas de ayudar y se está volcando”, reconoce Blanco.
Mar Pérez Arigita se monta en su coche -tiene una autorización para circular- y los mensajes no dejan de llegar. “Voy a la calle Pontarrón, subiré por Tejerías... Todas las que tengáis las batas preparadas bajarlas”, dice en uno. “Voy a Ximenez de Rada, atenta porque voy ya”, señala en otro... Y, así, las voluntarias le van entregando las batas y ella les repone material para que sigan trabajando.
Pero el trabajo todavía no ha terminado. Queda la última fase, que es la de desinfectar las batas en las instalaciones de Protección Civil de Tudela. De ello se encargan Elena Torres y Mar Pérez, que luego las doblan y las embolsan para tenerlas listas para su distribución.
En ese momento, como también cuando se llevan las telas para cortar, entran en juego las policías Foral y Local de Tudela, la Guardia Civil, Protección Civil, Cruz Roja y Bomberos, que se encargan de llevar las batas a su destino final.
Por ahora, y en solo dos semanas, este grupo de voluntarias ha confeccionado 485 batas que se han repartido en las residencias Real Casa de Misericordia y Torre Monreal de Tudela, también en la unidad asistencial del hospital San Juan de Dios y en el centro de salud Tudela Este.
Además, han llegado a las residencias de Fitero, Cintruénigo, Cascante, Corella y Fustiñana, al Balneario de Fitero, que va a acoger a pacientes positivos de covid-19, y a la residencia de Funes, ya que el Colegio de Enfermería ha pedido al grupo tudelano si puede enviar material a otras zonas.
Ese es el momento más especial, el de la entrega. “Cuando las llevamos están felices, no se puede imaginar. Todo son sonrisas y gracias”, reconoce Pérez Arigita, quien quiso destacar el trabajo que hacen todas las voluntarias y los colaboradores.
“Hay muy buen rollo, todas piden más material para trabajar y es un grupo muy compacto. Se sienten útiles y se ha llegado a un punto muy humano, que me parece muy importante. Al final, esto lo vamos a sacar adelante los españoles de a pie”, concluye Pérez Arigita.
Algo que sería imposible sin la colaboración también de más empresas y particulares que aportan otros materiales y todo lo que se necesita.
