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La odisea de dos riberas para regresar a su casa

La cirbonera Irache Rincón y la villafranquesa Beatriz Arrondo, estudiantes de Erasmus en Chequia, han vivido toda una aventura para volver a España

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La odisea de dos riberas para regresar a su casa
  • Vicky Blanco
Actualizado el 21/03/2020 a las 06:00
La  actual crisis del coronavirus está dejando historias cuyos protagonistas nunca pensaron que podían vivir y que, a buen seguro, nunca podrán olvidar.
Entre ellas se encuentra la sufrida por la cirbonera Irache Rincón y la villafranquesa Beatriz Arrondo, dos estudiantes de Erasmus en Chequia que afrontaron toda una odisea para poder volver a la Ribera.
Y es que todo se precipitó en muy pocos días. El martes 10 de marzo se decretó la suspensión de las clases y su aplazamiento, al menos, hasta el 13 de abril. “Al principio pensamos en quedarnos y aprovechar para hacer turismo, pero al suspenderse las clases ya nos planteamos regresar”, explica Rincón.
Los acontecimientos posteriores precipitaron la toma de la decisión, ya que el jueves, 12 de marzo, el Gobierno de Chequia anunció el estado de emergencia y el cierre de la frontera. Fue entonces cuando las navarras, junto a cuatro amigas más, decidieron salir del país.
UN PERIPLO INOLVIDABLE
Hicieron las maletas rápidamente y cogieron el último autobús que salía ese día desde Chequia a Viena (Austria). “Salimos tan rápido de la residencia que no nos despedimos de nadie. Estábamos muy nerviosas. Para colmo, el autobús llegó con media hora de retraso y pensábamos que no llegaría a tiempo antes del cierre de las fronteras para poder llegar hasta el aeropuerto de Viena”, relata Rincón.
Todo parecía solucionado, pero lo que no sabían es que el vuelo que debía llevarles desde Viena a Madrid se iba a cancelar por la expansión del coronavirus en la capital española.
Las riberas se movieron rápido para solucionar este nuevo contratiempo y consiguieron hacerse con billetes para un vuelo con destino a Barcelona previsto para el día siguiente. “Esa noche no dormí nada. Continuamente miraba el móvil para comprobar que no nos cancelaban el viaje”, recuerda la cirbonera.
Tras facturar las maletas, ambas quedaron pendientes de la llamada de embarque. “Pasaban las horas y el aeropuerto se iba quedando vacío. Fue un calvario vivir esa espera pensando que nos íbamos a quedar en Viena sin tener residencia donde alojarnos. Finalmente, con mucho retraso, abrieron la puerta de embarque y subimos al avión. Hasta que no despegamos no pudimos respirar aliviadas”, afirma Rincón.
Pero la historia no acabó ahí. “En el avión íbamos una veintena de personas que, finalmente, llegamos a Barcelona con la nueva incertidumbre del posible confinamiento de la ciudad. Pero logramos atravesar los límites de Cataluña y llegar a casa”, recuerda, a la vez que apunta “lo extraño que fue volver a ver a la familia después de tantos días y no poder abrazarles por las medidas de prevención del contagio que ya se habían instaurado en España”.
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