Hijo adoptivo

Domingo Llauró, el niño que hizo de Estella su ciudad

El día de San Isidro de 1929 un estellica de padre gerundense y madre soriana nació en Mataró. Diez años después, se instaló definitivamente con su familia en el lugar que acaba de reconocerle ahora décadas de contribución a la vida local

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Domingo Llauró, el niño que hizo de Estella su ciudadMontxo A.G.
Domingo Llauró, el niño que hizo de Estella su ciudad

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Lucas Domaica

Actualizado el 04/12/2020 a las 06:00

Mataró le vio nacer pero Estella le ha visto vivir. Casi un siglo lleno de anécdotas, historias, personas y papel, mucho papel. Este es Domingo Mari Isidro Jorge Llauró Campos, nombrado por unanimidad en el pleno del jueves hijo adoptivo de la ciudad. Domingo por su abuelo. Mari por su madrina. Isidro por su día y Jorge por su relación con Cataluña.

El día de San Isidro de 1929 un estellica de padre gerundense y de madre soriana nació en Mataró. Concretamente en la calle Tetuán número 84. Hijo de Amadeo Llauró y Concepción Campos. Él, camarero e intérprete en Alemania. Ella, criada de los duques de París y de la familia Domecq en Sevilla.

En 1939, Domingo se instala definitivamente junto a su familia en Estella. Pocos años antes ya habían estado. Viene junto a sus padres y su hermano José, ya fallecido y con el que compartió largos años de su vida. La primera vivienda familiar se ubicaba en la plaza Santiago. Los Campos, la familia de su madre, tienen origen en Estella.

Con diez años, una edad algo tardía entonces para hacer la comunión, se comulgó en la Iglesia de San Juan. Templo en el que quince años antes habían contraído matrimonio sus padres. Su libreta dice que inauguraron el altar de la Inmaculada. “En Cataluña con la República no podía hacer la comunión y la hice aquí con dos años más”.

En sus recuerdos, habla de la guerra con tranquilidad. “¿Pobreza? Sí, pero no nos quejábamos”. De dieta: berza, patatas, huevos de las gallinas de casa y pan negro. “Ese que ahora llaman integral”. También de las las sirenas que anunciaban el paso de aviones. “Desde el Puy tocaban y la gente iba a los refugios”.

Domingo vivió la Estella donde jugaban al burro o andaban sobre patines de madera. Esto último le trae grandes recuerdos. Carreras interminables en la tierra de la plaza de los Fueros y en el patio de los Escolapios, actual Lizarra Ikastola. Bueno, todo no era tierra. “Había una parte de cemento Portland donde nos dejábamos las rodillas”. La afición por los patines les llevó a organizar un club. No tuvo mucho tirón. Desapareció.


ENTRE SUS MILES DE FECHAS

Todo esto de cabeza. “Me acuerdo más de lo de antes que de lo de ahora”, ha explicado. En su bolsillo lleva una libreta verde con aspecto envejecido pero bien cuidada. Esa libreta parece un reflejo de él. Entre sus miles de fechas, la del cierre de la vía ferroviaria que unía Estella con Vitoria. Cerró en 1967. Ese tren en el que tantas veces se montó para ir a estudiar a los escolapios de Bilbao con su amigo Carlos de Pamplona. De Vitoria a Bilbao iban en el autobús “La Unión”.

Recopilar información de la ciudad se debe a su participación en los suplementos de fiestas de Estella. Escribe todos los años un artículo en la última. La publicación consiste en un repaso a lo más destacado durante el año. Observa. Investiga. Recopila. Redacta. Domingo Llauró. La primera publicación la firmó en 1955. Este primer escrito estaba relacionado con la Peña Urbasa. Su peña y la de su cuadrilla. Sin embargo, los primeros apuntes no datan de ese año. La primera fecha en la libreta se remonta a 1090. El año en el que nace Estella y la libreta de Domingo.

Sigue en ella un riguroso orden. Tanto clasificar documentos en las oficinas de la Estellesa donde trabajó dio sus frutos. La agenda está ordenada alfabéticamente. El orden que sigue cada letra es el cronológico. Su libreta también guarda un espacio reservado para apuntar todos los alcaldes de la historia de la ciudad. El ayuntamiento ocupa una parte importante en su particular agenda. Se ha perdido muy pocos plenos municipales. Empezó yendo por obligación y lo hizo luego por afición. A finales de los sesenta comenzó a asistir a las sesiones. Pertenecía a la junta de veintena del Círculo Católico. La dirección de la organización que estaba formada por los veinte mayores contribuyentes.

Una de sus funciones se basaba en ir a los plenos. Desde ese momento hasta hoy. El elevado número de asistencias hizo que el alcalde entr 1991 y 1999, José Luis Castejón, le entregara un escudo de oro de Estella como reconocimiento. No olvida a los otros dos que le acompañaban. Pablo Elía y José María García. Humilde, inquieto y siempre abierto a aprender cosas nuevas. Siempre disponible como su libreta. Así de inquieto que a los 91 años sus aficiones se basan en la pintura, la escultura y tocar la bandurria en la rondalla Los Estellicas, promotora de este reconocimiento.

 

DOMINGO LLAURÓ, HIJO ADOPTIVO DE LA CIUDAD


“ME HE DEDICADO A RECOGER LA HISTORIA MENUDA DE ESTELLA" 

 

Desde su domicilio, tras recibir la noticia, habla con humildad del reconocimiento de la ciudad. “Lo que más me gusta de ella es su gente, muy amable y simpática”, dice


Susana Esparza. Estella


Domingo Llauró nació hace 91 años a orillas de mar Mediterráneo. “Noventa y uno y medio”, corrige. Desde que llegó a Estella con su familia en busca de trabajo y unos familiares les acogieron, su figura ha sido clave en la vida cultural de la ciudad. Cronista, fotógrafo, músico. Su aportación va mucho más allá. Ha generado un impresionante archivo fotográfico y documental a lo largo de estas décadas y que ha permitido en más de una ocasión hilar la historia de Estella, a la que ha cedido la mayor parte de este material.

En el bolsillo de su chaqueta sigue llevando su inseparable libreta. En ella anota todo lo acontecido en la ciudad y alrededores que merezca ser apuntado. “La llevo siempre encima porque siempre me para alguien para preguntarme algo de la ciudad y así lo puedo consultar en ese momento”. Ahora, tendrá que dejar constancia de esta fecha, en la que Estella le ha brindado su mayor tributo.

¿Qué supone para usted este reconocimiento?

Ya sabía hace tiempo que estaban trabajando en ello, así que no me ha cogido por sorpresa. Esperar, ya me lo esperaba, lo que no se si me lo merezco o no. No creo que haya hecho ninguna cosa extraordinaria, mas que recopilar la historia menuda de Estella. Lo único que, cuando hago las cosas, las hago siempre para bien y pensando en los demás.

Es uno de los fundadores de la Asociación Amigos del Camino de Santiago, músico con los Estellicas, autor de uno de los mayores archivos gráfico y documentales de Estella. La lista de su contribución es amplia.

Estamos a lo que se llega. Si la gente cree que lo merezco, así será.

De todos los momentos que ha vivido y recogido de Estella, ¿con cuál se queda?

He vivido muchas cosas importantes que sería difícil quedarse con una sola. Me viene a la cabeza el Congreso Eucarístico del año 1947. Tuvo mucha repercusión porque vinieron personalidades muy importantes a la ciudad. También recuerdo muchas riadas en las que el río Ega se desbordaba y dejaba oculto el puente del Azucarero. Eso ya no se ve.

¿Qué es lo que más le gusta de Estella?

La gente. Es muy amable y simpática. Desde que se conoció que me querían nombrar hijo adoptivo de Estella, me paran y me felicitan por la calle. Yo ya les decía que todavía no me habían nombrado, pero estaban muy contentos.

¿Cómo está llevando la pandemia alguien tan activo como usted?

Pues pasando mucho rato en casa. Saliendo lo justo, no vaya estar el virus por ahí danzando y lo coja. Salgo por la mañana a por el pan y el periódico y por la tarde, quieto en casa. Ya me preguntan si no salgo a pasear. No salgo ni a misa. La veo por la televisión. Pero creo que los clérigos me perdonarán al estar en esta situación.

 

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