Cáritas de Estella atiende a 175 hogares, 36 sumados desde marzo

El reparto de alimentos en el economato se ha reorganizado con un retén de voluntarios que mantiene el servicio

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Cáritas de Estella atiende a 175 hogares, 36 sumados desde marzoMontxo A.G.
Cáritas de Estella atiende a 175 hogares, 36 sumados desde marzo

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María Puy Amo

Actualizado el 02/05/2020 a las 06:00

En la calle La Corte, a las puertas de la sede de Cáritas interparroquial de Estella, descargaron la semana pasada 13 furgones procedentes del Banco de Alimentos destinados a abastecer su economato. De los vehículos pasaron a las estanterías los productos que después -en una organización meticulosa cuya logística se ha modificado por la crisis sanitaria sin detenerse en semanas en las que crecen las atenciones- se destinan a hogares de la ciudad a los que prestan su apoyo. Eran 139 familias el 14 de marzo. La cifra se eleva hoy a 175, un total de 36 más en el mes y medio bajo el estado de alarma.

No son los únicos casos, pero sí hay un hilo conductor detrás de las cifras. Mujeres que han llegado en los últimos años a trabajar desde distintos países y lo hacían en su mayor parte en el servicio doméstico cuando el confinamiento que cambió de un día para otro las vidas familiares las dejó también a ellas sin trabajo. Sin ERTE, desempleo ni ayudas, se encuentran -lo explica Kiko Alonso, coordinador de Cáritas de Estella- en una situación muy vulnerable que deja testimonios cada día. Forma junto a otros dos compañeros, Soco Barrena y Raúl de Armas, el retén de voluntarios que permanece al frente del servicio desde el comienzo de la emergencia. La atención y el ropero se han visto suspendidos, pero el economato que proporciona los productos de alimentación e higiene no se detiene aunque ha modificado el sistema de reparto por las medidas preventivas.

Esa cesta de la compra en la que las personas atendidas llenaban sus propios carros de forma gratuita según sus necesidades familiares y con el acompañamiento de los voluntarios sigue a su alcance aunque no acceden ya al interior. No lo hacen tampoco los jueves, como era habitual, sino los lunes y martes por la mañana después de habérseles llamado la víspera con turnos cada cinco minutos. Con ese orden previo, acuden a la sede a la que no entran porque son los tres voluntarios los que preparan a partir de sus fichas los lotes que luego sacan a la puerta. “En cuanto esto comenzó vimos que había que hacerlo de otro modo desde el punto de vista organizativo, pero seguimos realizando la misma labor con alimentos, pobreza energética y medicinas”, subraya. También un apoyo escolar que el confinamiento limita ahora, sin contacto con los alumnos a los que se presta el refuerzo, a hacer en ocasiones de puente entre ellos y el colegio imprimiendo las tareas o resolviendo dudas por teléfono cuando no se cuenta con ordenador en casa.

DE UN DÍA PARA OTRO

Con 44 años de actividad en Cáritas, Kiko Alonso ha vivido también las dificultades de crisis anteriores. Pero en esta -relata- todo se genera de un día para otro. No habla de procedencias, sino de personas a las que se atiende desde la Iglesia de Estella “sin mirar de dónde son, de dónde vienen o hacia dónde van”. Vuelve a ese perfil con el que topan prácticamente a diario en este tiempo de pandemia. “En los últimos años hemos visto llegar a mujeres que venían dejando a sus familias, sin recursos y pagando mucho dinero por el viaje. Una situación ya difícil desde el punto de partida. En estos y otros casos no vamos a dejar de ayudar, que sientan nuestro acompañamiento y que estamos con ellos. Si no tienes papeles, si no tienes derechos, estamos hablando de las personas más vulnerables e invisibles”, apunta.

Cuotas de los socios, el Banco de Alimentos y empresas de la zona que apoyan en especies o en metálico proporcionan el soporte de un despliegue que Cáritas comienza de nuevo con cada inicio de curso en septiembre. Desde ese momento hasta hoy, el total de familias atendidas se ha elevado a 270. Un trabajo o el cobro de la renta garantizada cambia las necesidades y hace que quienes acuden en momentos puntuales dejen de hacerlo cuando las cosas mejoran para ellos.

Desde el retén de Cáritas, con la mayor parte de sus 25 voluntarios confinados y al que se suma el párroco Óscar Azcona, se ha hecho a la vez seguimiento de estas familias. “No hemos dejado de llamar a nadie para ver si necesitaban algo”, señalan. En su operativo de estas semanas, también el reparto que se realiza en ocasiones a los propios domicilios.

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