El Bar Jolma de Mendavia, un negocio familiar que sigue desde 1979
El popular establecimiento que Antonio Ezquerro y Chelo Royo, ya fallecidos, fundaron hace casi medio siglo en el número 1 de la calle Estación continúa hoy en manos de la segunda generación, con Rober al frente del negocio en el que cada domingo se elabora el 'Camuflaje', frito estrella y "secreto de la casa"


Publicado el 01/11/2026 a las 05:00
Como cada domingo, este 1 de noviembre, al aperitivo de Mendavia no va a faltarle uno de sus clásicos. En el Bar Jolma de la calle Estación se reserva para los días de fiesta su pincho estrecha. El secreto de la casa al que llaman por ello el Camuflaje. Ni los ingredientes ni la receta se desvelan hasta que se prueba a la hora del vermut en uno de los populares establecimientos de hostelería de esta localidad. Para saber cómo se prepara, hay que acercarse a este negocio veterano iniciado hace casi medio siglo por un matrimonio ya fallecido que sigue teniendo a un Ezquerro al frente. Un superviviente en un sector exigente y de cada vez más difícil relevo familiar.
A sus 58 años, Rober Ezquerro Royo lleva desde la temprana adolescencia vinculado al local que gestiona ahora con su esposa, Maite Fernández. Es el benjamín de los cinco hijos de Antonio y Chelo, los emprendedores que en 1979 decidieron abrir un bar en la bajera de la casa familiar. Un nuevo negocio tomaba el relevo de la tienda de alimentación que hasta entonces tuvo la familia. Su nombre, Jolma, jugaba con la combinación de las primeras letras de los segundos apellidos del matrimonio. "En sus comienzos, era un establecimiento bastante moderno, muy típico de la época, con moqueta y música en el que se bailaba. Con el tiempo, fue derivando hacia el bar cafetería que es ahora", relata el hostelero que asiste, como el resto de sus compañeros, a un cambio en las costumbres. "Se ha notado sobre todo en los últimos años que se sale menos a la vuelta de la tarde, un momento del día más tranquilo en el bar, y se prefiere el café de la mañana", cuenta.
Hace un cuarto de siglo, al jubilarse sus padres, él y su hermano Carlos se hicieron cargo del Jolma. Con la retirada al acercarse la jubilación del segundo, Rober Ezquerro, su mujer y una trabajadora continúan con la actividad. En el bar de sus padres -recuerda- los hermanos hacían la vida desde pequeños y fue familiarizándose con un negocio que luego se convertiría en su medio de vida. Padre de tres hijos que hoy encaminan sus trayectorias por otros caminos aunque ayudan los fines de semana, Rober y su mujer, Maite, tienen aún años de vida laboral por delante que aseguran en el medio plazo la continuidad del Jolma.
Del bar se conocen también su tortilla de patata, los pinchos variados o los fritos para una clientela muy fiel a la que conocen de toda la vida. A la hostelería, relata este veterano, hay que hacerse, acostumbrarse a "acabar el domingo por la noche e iniciar de nuevo la jornada el lunes por la mañana".