La amescoana que creyó en el poder sanador del caballo

Sara García García de Albizu, vecina de Eulate y profesora de FP, ha hecho un paréntesis en su profesión para poner en marcha una novedosa actividad en su pueblo, junto a la Sierra de Urbasa, en equipo con una pequeña manada de cinco ejemplares

A: Sonia Salsamendi F: 01/10/26 P: Sara García García de Albizu L: Eulate T: Terapia con caballos
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Sara García García de Albizu en las proximidades de Eulate con dos de sus caballossonia salsamendi
A: Sonia Salsamendi F: 01/10/26 P: Sara García García de Albizu L: Eulate T: Terapia con caballos

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María Puy Amo

Publicado el 04/10/2026 a las 05:00

A Sara García García de Albizu, la amescoana detrás de una novedosa actividad nacida este verano en su pueblo, los caballos que había amado desde pequeña le ayudaron a sobrellevar el duelo tras la pérdida de su madre. La  relación de esta vecina de Eulate de 36 años que estudió Ciencias Ambientales y ha trabajado como profesora de FP en la rama agraria en Peralta con estos animales comenzó de niña. De familia ganadera, creció cerca de ellos, junto a la sierra de Urbasa donde viven en libertad. La misma de la que goza hoy su pequeña manada de cinco ejemplares con los que ha puesto en marcha Aztarnak Dejando huellas.  

Sanación energética con caballos es su proyecto. Explicar en qué consiste no le resulta sencillo. Lo hace en la sala donde ha empezado a recibir a sus clientes, un espacio habilitado en la casa reformada de sus bisabuelos en esta localidad del valle de Améscoa. Allí les da la bienvenida  y tiene lugar el primer contacto antes de dirigirse en su todoterreno hacia el camino de la salida del pueblo que lleva a la ermita de San Eloy. El entorno por donde se desplazan a su aire los animales.  "Los caballos tienen una gran sensibilidad y detectan nuestros bloqueos tanto energéticos como emocionales", comienza. 

EN EL DUELO POR SU MADRE

Es el punto de partida. Cuenta que sus abuelos y tíos poseen estos animales de la raza Burguete en la sierra. "Nosotros los veíamos más con la mirada del ganadero. Yo desde pequeña empecé a ahorrar las pagas porque quería tener uno propio y hace siete años puede comprarme los dos primeros. Dos yeguas de montar mestizas españolas que traje aquí como un hobby". 

Tras morir su madre hace cinco años fue "viendo, sintiendo y comprobando" la influencia que tenían sobre su estado anímico. Cómo se acercaban a ella, la acompañaban y percibían su estado emocional. "Tienes que tener mucha conexión con ellos. Pero yo iba donde estaban en días de mucha tristeza y su presencia, su aliento, cómo apoyaban su cabeza en mí. Ya de pequeña sentía que me tranquilizaban pero nunca hasta entonces había notado algo hasta ese punto". 

Sara García comenzó a ahondar e investigar en esa fuerza del caballo. Su capacidad, como ella había sentido, de llegar a lo profundo del ser humano. Cuenta que se formó en la Academia Caballo Cósmico en Argentina e Italia e hizo después sus prácticas en Madrid y Barcelona. "Descubrí su gran potencial para ayudarnos y, sobre todo, para equilibrarnos, para hacernos entrar en coherencia. Cuando empecé a estudiarlo, vi que un animal que lleva 55 millones de años en la tierra ha tenido que evolucionar mucho e hiperdesarrollar todos sus sentidos. Detectan cualquier mínimo cambio energético y en el ambiente. En manada, se comunican a través del campo electromagnético que emite su corazón y ese campo en un caballo en libertad, que se encuentre bien, en grupo,  nos envuelve a nosotros, puede hacer bajar nuestra frecuencia cardiaca", subraya.

En presencia de estos animales, cuenta, nos regulamos, entramos en esa "conexión y coherencia cardiaca" De la influencia sobre su estado anímico, el lugar donde se sintió bien y encontró refugio en momentos difíciles hace también otra lectura. "Los caballos te anclan al presente. Con ellos, muchas veces pierdo la noción del tiempo, se te olvida todo mientras estás ahí", prosigue.

A partir de esa experiencia personal, fue abriéndose paso Aztarnak, la terapia con caballos.  Un equipo entre sus animales y ella que, primero, dio a conocer a sus amigas del pueblo antes de lanzarlo como proyecto, una actividad en el entorno de la sierra que va poco a poco desde sus inicios este verano. Así lo comparte en sus redes al referirse a "un espacio lleno de amor, humidad y respeto en el que poder conectar con uno mismo y con los maestros equinos que lo guían". 

 A sus cinco caballos no se les monta en las sesiones. Van hacia los campos donde se encuentran, la persona se tumba en una camilla y  se van aproximando a su ritmo. "Al igual que el Reiki, consiste en canalizar la energía universal y transmitirla a través de las manos acompañada de la manada. Son animales de gran sensibilidad que pueden detectar nuestros bloqueos, las emociones estancadas". 

A ayudar, sostiene, a lograr esos momentos de paz en plena naturaleza. Borba, el veterano macho castrado de 27 años, comparte la manada con cuatro yeguas. Zalamera, Negritona, Calera y la potrilla Esperanza. Ninguno está herrado y trotan en contacto directo con la tierra disfrutando de un otoño que sigue pareciendo verano en la sierra. Dice Sara que su actividad se verá condicionada por el tiempo y adaptándose a cada estación.  Como cualquiera al aire libre del valle al que siguen llegando visitantes, las raíces de Sara y el lugar donde ha elegido vivir.

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